La intimidad del vestuario de la Selección, al desnudo: quién es el “más jodón”, el rol de Messi y el pedido más insólito

El utilero y el masajista del elenco nacional destaparon las personalidades ocultas del plantel que irá por el bicampeonato en el Mundial 2026

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El utilero y el masajista del elenco nacional revelaron secretos del plantel

Mario Di Stéfano y Marcelo “Daddy” D’Andrea llevan décadas en las entrañas de la selección argentina y, desde ese lugar que pocos ocupan, destaparon las personalidades ocultas del plantel campeón del mundo: quién desespera a sus compañeros, quién no suelta el colchón y quién mantiene el vestuario en orden.

Marito Di Stéfano es utilero de la Albiceleste desde hace más de dos décadas; mientras que D’Andrea llegó al combinado nacional en 2001 y acumula casi 25 años de servicio como masajista. Los dos brindaron el clásico “ping pong” en diálogo con TNT Sports y respondieron, con humor y sin demasiados rodeos, sobre los hábitos y rarezas de los futbolistas que vistieron la camiseta celeste y blanca.

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La pregunta sobre el jugador más bromista dividió aguas. Rodrigo De Paul fue el elegido por Di Stéfano; Emiliano “Dibu” Martínez, por D’Andrea. Pero cuando la consulta giró hacia quién resulta más molesto, los dos convergieron en el mediocampista del Inter Miami. “Es el jodón, el gritón”, describió Di Stéfano. D’Andrea fue más escueto y contundente: “Insoportable”, repitió tres veces seguidas.

Dos hombres, Marito Di Stéfano a la izquierda y Marcelo Daddy D' Andrea a la derecha, con chaquetas deportivas azul oscuro de la AFA con detalles celestes, al aire libre
Marcelo Daddy D'Andrea y Marito Di Stéfano, pilares de las entrañas de la Selección

El polo opuesto lo ocupa Lionel Messi, señalado por el utilero como el más callado del grupo. D’Andrea eligió a Nicolás Otamendi para ese mismo rótulo. El defensor, sin embargo, acumula también los registros menos heroicos del plantel: es el que más masajes pide, el que controla la música del vestuario y el más difícil de arrancar de la cama por las mañanas. “Dame cinco minutos más, dame cinco minutos”, imitó el masajista, y aclaró que esos cinco minutos nunca son cinco.

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En el rubro del orden, Lautaro Martínez se llevó los elogios de ambos sin discusión. “Jugátela, Marito. Es Lautaro, no nos metamos más”, cerró D’Andrea cuando Di Stéfano intentó matizar. Sobre quiénes ocupan el extremo opuesto, la respuesta fue evasiva pero elocuente. “Si nombramos, vamos en cana, pero son unos cuantos”, admitió el masajista.

Entre las anécdotas que los dos rescatan con más gracia figura el olvido de un pasaporte en el aeropuerto, protagonizado por un jugador cuyo nombre prefirieron no revelar. “Dicen que por saber te dan dos años”, bromeó D’Andrea, y describió la corrida desesperada mientras el grupo ya subía al avión.

Di Stéfano, por su parte, recordó el pedido más insólito que le tocó atender antes de un partido: Ever Banega, listo para salir a la cancha, le reclamó una vincha para el pelo. “¿De dónde sacás una vinchita? ‘Inventá algo, enano’, me decía”, contó el utilero.

Sobre los vestuarios más duros de su carrera, las respuestas trazaron la historia reciente de la Selección. D’Andrea se remontó a 2002, cuando el elenco nacional quedó eliminado en primera ronda del Mundial de Corea-Japón. Di Stéfano eligió 2016, la Copa Centenario, tras la tercera final consecutiva perdida.

“Mirá que la de Brasil dolió... La de Estados Unidos fue un mazazo porque perdiste la final de Brasil, perdiste la final de la Copa América 2015 de Chile, eran dos seguidas finales... y la tercera fue un mazazo", recordó.

El próximo desafío para Marito y Daddy será el Mundial 2026. La fase de grupos del campeón defensor comenzará el martes 16 de junio contra Argelia en el Kansas City Stadium a las 22:00 de Argentina. El segundo encuentro será el lunes 22 ante Austria en el Dallas Stadium a las 14:00, y el tercero, frente a Jordania, el sábado 27 en el mismo estadio desde las 23:00, en lo que será la última jornada del Grupo J.

Si hay un elemento que no podrá faltar en ese vestuario, Di Stéfano tiene la respuesta sin pensarlo: los caramelos. D’Andrea prefirió quedarse con algo intangible: la alegría.

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