“Borgen” regresa con una trama llena de intrigas internacionales y mucha actualidad

La serie sobre la trastienda del poder político en Dinamarca retrata, en su esperada cuarta temporada, problemas geopolíticos y económicos entre Rusia, la OTAN y China. De inquietante correspondencia con la realidad mundial de 2022

Tráiler de la cuarta temporada de "Borgen"
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Has recorrido un largo camino, muchacha. Y por “largo” se entiende a los nueve años que separan a la tercera y última temporada de Borgen de la cuarta y actual edición de la serie danesa, que debe su nombre al modo popular con que se conoce al palacio sede de los tres poderes del Estado en Dinamarca donde se ponen a debatir posturas políticas diferentes, se traman intrigas, se realizan jugadas oscuras en nombre de los principios. Como en la Rosada, bah… A través de la serie el público fue testigo, desde 2010, del derrotero de Birgitte Nyborg (Sidse Babett Knudsen) que comenzaba bien arriba al convertirse en la primera primera ministra de la nación nórdica para intentar llevar adelante una política “moderada” (así se llamaba su primer partido político: ¡los Moderados!, lo cual demostraría una cierta sinceridad en la política danesa a la hora, por lo menos, de proclamar intenciones).

Idas y vueltas que lograron cautivar a los espectadores de Dinamarca (que además veían referenciado su propio panorama político en la producción; por ejemplo, Birgitte fue primera ministro dos años antes de que asumiera la primera primera ministra danesa en la vida real) y que se extendió hasta la Argentina, que también presenció la fundación del nuevo partido de Birgitte, los Nuevos Demócratas, que equivaldría a un hipotético Partido de los Progres con Los Pies en la Tierra de la Realpolitik, que formaría parte de la nueva coalición de gobierno en la que Birgitte no sería ya la cabeza del Gobierno, sino la ministra de Relaciones Exteriores. Allí comienza la cuarta temporada, esta vez producida por Netflix y con una trama de intrigas internacionales de lo más actual.

Serie "Borgen" cuarta temporada

Una aclaración: la cuarta temporada de Borgen aparece en Netflix como la primera de una serie llamada Borgen: reino, poder y gloria, al mismo tiempo que la plataforma aloja las tres temporadas anteriores bajo su nombre original. La asociación con el gigante mundial del streaming produce esta redenominación que, se verá, produce ciertos destellos en la magnitud de la producción a la vez que induce a algunas desconsideraciones narrativas que alcanzan, al finalizar los capítulos, magnitudes épicas. Se hace necesario aclarar que si un espectador se lanza de lleno a comenzar la serie en esta cuarta temporada, muy probablemente se encuentre desorientado, angustiado y triste, ya que la trama apela, necesariamente, a hechos y personajes del pasado que no son explicados a los principiantes. No es un problema: hay tres temporadas anteriores, tampoco es tanto.

Sin embargo, los viejos amigos de Borgen asistirán a este “casi una década después” sin muchas explicaciones de lo que pasó en estos años, de cómo volvió Birgitte a la política, asistirán a un salto muchas veces sin solución de continuidad a la vez que, por ejemplo, los hijos de la ex primera ministra habrán crecido una década física y espiritualmente y muchos lazos que no se habían anudado al final de la tercera temporada deberán darse por resueltos y seguir. Tampoco es tan grave, cuando uno se encuentra con un amigo en la calle pasado mucho tiempo no le anda pidiendo detalles sobre los años de la ausencia ni le pregunta qué sucedió que ahora está calvo y con demasiado sobrepeso. El espectador deberá actuar del mismo modo con Borgen, aceptando el nuevo look y haciendo lugar en la agenda para los ocho capítulos de la serie.

El conflicto de la cuarta temporada se desata cuando Groenlandia (ustedes saben, esa islota gigantesca en la zona del Polo Norte que es colonia del Reino de Dinamarca, cuya mayor parte de la superficie está cubierta de hielo y en la que viven cincuenta y seis mil habitantes, en su mayoría pertenecientes a los pueblos esquimales que, pese a la privilegiada situación geográfica en la política internacional –situada en el Atlántico Norte entre América y Europa–, se ha convertido en hogar de una población atravesada por problemas como el desempleo, el alcoholismo y la tasa más alta de suicidios a nivel mundial) encuentra petróleo bajo su superficie. El dichoso petróleo, fuente de energía, contaminación, dinero y controversias. Como los asuntos de política financiera y exterior de Groenlandia le pertenecen al Gobierno colonial danés, allí envía Birgitte a sus emisarios para ver de qué va la cosa. Y entonces: rusos en la sociedad de la compañía petrolera (oh, en la serie plantean que hay un conflicto por la relación entre Rusia y Ucrania y, visto esto hoy en día, pues hay que darle la razón a los guionistas); luego chinos en la compañía petrolera, pero, recordemos, Dinamarca es miembro de la OTAN y socio estrechísimo de los Estados Unidos (esto quiere decir, y se puede apreciar en la serie, nación en relación de obediencia con la primera potencia del mundo) que ve con desconfianza la presencia china en la región.

Serie "Borgen" cuarta temporada

Todo el paquete le cae encima a la pobre Birgitte, que vieja ya en las lides de la política, se convierte en una Maquiavelo nórdica y que anda en bicicleta, a la vez que debe explicar a su partido “progre” cómo es eso que de repente la explotación petrolífera está bien. Algo que vemos en la Argentina misma, cuando de pronto quienes apoyaban a las luchas ambientalistas unos años atrás hoy atacan a esos grupúsculos en nombre del pragmatismo. Se ve que es un síndrome internacional.

A este conflicto político hay que agregar el otro escenario de Borgen, que es el canal de noticias en el que la antigua jefa de prensa de Birgitte, Katrine (Birgitte Hjort Sørensen), vuelve al ruedo como jefa periodística de la emisora. Que tiene sus propias intrigas palaciegas y formas de entender al periodismo desde la redacción o desde el ámbito empresarial.

La serie funciona bien en su cometido, aunque la resolución… Bueno. Hay quienes estarán conformes y quienes la odiarán. ¿Habrá nuevas aventuras de Birgitte Nyborg? Quién sabe. De cualquier manera, regresar a los pasillos y oficinas del poder danés no pierde su encanto. Y volver a ver por la calle a la vieja amiga Birgitte, la siempre espléndida Sidse Babett Knudsen, resulta mejor que un casual encuentro callejero, ya que, Netflix mediante, se la puede invitar a casa, preparar una picadita y ver cómo cuenta en qué anduvo la política de Dinamarca en estos últimos tiempos.

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