
Los refranes populares, se sabe, no tienen fronteras y se aplican aquí, allá, en Nueva Sonora (México), en Antioquía (Colombia) y en, ¿por qué no?, Hollywood, California, Estados Unidos. Qué mejor ejemplo que el dicho: “A la oportunidad la pintan calva”. Recordará el origen mitológico de tal muestra de sabiduría. En sí, el refrán significa que una chance maravillosa no hay que dejarla pasar porque muy probablemente si se va, se vaya para siempre.
El planteo surge de la diosa grecorromana Ocasión, que es una deidad que arrastra consigo la buenaventura para quien la atrape (está siempre a las corridas, la pobre Ocasión) pero que tiene una particularidad: la diosa es calva, salvo por un mechón de pelo que lleva en la parte frontal de la cabeza (la generación trapera aprobaría el peinado) de modo tal que, una vez escabullida, ni por la parte trasero del pelo se la podría detener. Así es la oportunidad. ¿Qué tiene que ver con Hollywood?
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En este caso, Hollywood es el genérico para el universo de las series, esa forma industrial de la narración en nuestra era. El caso es que algunos, varios, un grupo –digamos– de actores y actrices logran subirse al carro del éxito de una gran serie que, característica de los tiempos, puede extenderse siete, ocho, diez años sin perder vigor. Lograron una vez alcanzar a la diosa Ocasión. ¿Y luego qué?

Después del éxito pocas veces Ocasión se presenta, así de calva, ante sus anteriores beneficiarios. Pongamos: pasó con las estrellas de los elencos de Lost, The Wire, Los Soprano, Modern Family, Criminal Minds, Supernatural no tuvieron, en general, otros grandes éxitos. Existen casos muy especiales como lo que les pasó a los actores y actrices de Breaking Bad, Seinfeld, The Office, Friends o The Big Bang Theory, que es el caso que nos ocupa a través de su protagonista Kaley Cuoco y su regreso (¿triunfal?) con The Flight Attendant, que emitió HBO y se puede ver en la plataforma HBO Max, caso sobre el que volveremos.
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Nadie puede negar que Seinfeld haya sido un ícono que superó no solamente el éxito en cuanto al rating televisivo, sino que además y sobre todo se transformó en un hito cultural de la New York de los años noventa creando, por si fuera poco, el género de la sitcom acerca de “nada”. Cualquiera lo puede comprobar hoy mismo en Netflix: Seinfeld es una genialidad. Ahora, ¿qué le pasó a sus protagonistas? Michael Richards hacía tours de stand up hasta que, desde el escenario de un bar, le gritó la palabra más ofensiva que se le puede decir a una persona negra en los Estados Unidos. Estuvo cerca del fin de su carrera, si no la terminó. Jason Alexander hizo algunos papeles secundarios en films de Hollywood y su mayor papel lo logró cuando Larry David, el genio detrás de Seinfeld, lo invitó a hacer de sí mismo, fracasado y condenado a ser por siempre George Constanza. El mismo Jerry Seinfeld se guardó, le puso voz a una abeja en Bee y volvió triunfalmente hace unos años con Comedians in cars getting coffee en la que entrevistaba a otros comediantes y la hizo muy, pero muy bien. También es cierto que dejó pasar un tiempo prudencial. La emperatriz de la comedia Julia Louis-Dreyfuss no tuvo problemas: su show Veep es de lo mejor de la televisión, con siete temporadas. Ella supo aferrarse a la diosa Ocasión dos veces.

La misma disparidad ocurrió con los protagonistas de Friends, entre quienes la única que parece haberse sostenido en pie sin problemas es Jennifer Anniston a base de talento y elecciones bien cuidadas. El resto fue comido por sus papeles –el caso paradigmático es el de Joey, interpretado por Matt Le Blanc, que quiso seguir con el personaje una vez concluida la serie. Mala elección. Los demás, con altibajos, lograron (eso sí) que les pagaran una millonada por reunirse en un show triste y olvidable al cumplirse un aniversario del fin del show.
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De Breaking Bad sobrevivió como actor en otros papeles relevantes el gran Bryan Cranston pero, como en la ficción, Aaron Paul todavía no pudo emerger del poderoso papel que sostuve frente a un público adicto. En The Office, Steve Carrell se bajó inteligentemente en la séptima temporada. El resto quedó enmarcado en Dunder Mifflin hasta quién sabe cuándo.

Ahora, ¿qué pasó con The Big Bang Theory? Luego del hiper éxito podía ser difícil salir del personaje tatuado por doce años de interpretación. Jim Parsons (Sheldon) actuó en algunas películas con un centro narrativo LGBT y no le fue mal, tampoco bien, una medianía. Kunal Nayar (Koothrappali), Simon Helberg (Howard Wolowitz), John Galecki (Leonard Hofstadter) todavía no han salido otra vez al ruedo. Kaley Cuoco sí. Y parece que tomó a Ocasión de la mano y amigablemente.
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La segunda temporada de The Flight Attendant demostraría esa resurrección. Cuoco interpreta a Cassandra, pero todos le dicen Cassie, Bowden, una azafata que despierta, en la primera temporada, junto a un cadáver, y es allí donde todo se convierte en una intriga internacional, repleta de bebidas espirituosas, misterios, agentes del espionaje mundial y todo en manos de Cassie, quien recurre a una introspección psicológica que la confronta con sus otros yo –un muy buen recurso para introducir a Freud en medio de balas y vasos de vodka–.
La primera temporada, que está alojada junto a la segunda en HBOmax, pasó la prueba endemoniadamente bien. La segunda muestra a Cassie mudada de New York a Los Angeles siempre bien acompañada por sus amigos Annie (Zozia Mamet) y Max (Deniz Akdeniz) e intentado enfrentar el alcoholismo. Pero los lazos sin cerrar de los misterios de la primera temporada vuelven en forma de peligro mortal y relaciones con la CIA que superan, se podría decir, a la poco ordenada Cassie. La relación con el pasado familiar, el fracaso amoroso y la férrea intervención de agentes norcoreanos le dan un brillo glamoroso a la serie, que se encuentra envuelta en una pátina camp (una recurrencia maravillosa es el “enamoramiento” de Max con el cool novio de Cassie), que además de un notable elenco que integra bien el mapa actoral, se expande con la participación de Rosie Perez, Michelle Gomez o Cheryl Hines en roles clave.
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Kaley Cuoco cumple muy bien su rol y la comedia que tiene intrigas con killers y todo y dramas personales de carácter no liviano la convierten en una muy buena producción (salvo por la última resolución de un cabo suelto que no funciona por ningún lado, pero bueno, nada es perfecto). ¿Se salvó Kaley Cuoco de la maldición del éxito de una década y dos años en el mismo exitoso papel? Parece ser que sí. Vamos a ver qué pasa con la tercera, y cuarta, y quinta y decimocuarta temporadas de esta serie.
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