Mariano Blatt: “Sigo sin saber qué es la poesía; no hay necesidad de saberlo”

El poeta y editor argentino conversó con Infobae Cultura sobre “Mi juventud unida”, la “edición definitiva” de su obra poética publicada por Blatt & Ríos. “A la poesía sólo puedo mostrarla, no hay mucho más para decir”, sostuvo

Mariano Blatt
Mariano Blatt

“¿Se escucha bien?”, dice Mariano Blatt del otro lado de la cámara y se acomoda los auriculares inalámbricos. “¿Seguro?” Mariano Blatt es editor del sello que lleva su nombre y el de su socio, Damián Ríos, Blatt & Ríos, pero también es poeta. Escritor, sí, pero él se define así: poeta. Publicó los libros Increíble (El niño Stanton, 2007), El pibe de oro (Colección Chapita, 2009), Pasabobos (Cartonera solar, 2010), Hielo locura (El niño Stanton, 2011), Nada a cambio (Belleza y felicidad, 2011), No existís (Determinado Rumor, 2011) y Alguna vez pensé esto (Triana, 2014). También 200 ideas de libros (Iván Rosado, 2017): un libro raro, exótico, poético, donde compila bosquejos de libros que aún no se publicaron, como éste: “Un sorete en el cerebro. Antología de puteadas entre automovilistas”.

Y en 2015 cae la idea de compilar toda su poesía en un sólo volumen. Mi juventud unida es el título. Primero salió por Mansalva. “Tenía publicadas mis poesías en libros y plaquetas y ese material estaba muy disperso y muy difícil de conseguir, sobre todo para un público un poco más amplio que quizás el público más de nicho de la poesía. Esos materiales circulaban por canales un poco más alternativos, al que no todos los lectores pueden acceder. Y también porque estaban agotados: eran ediciones muy pequeñas de tiradas muy cortas y de editoriales que en muchos casos no existían más. Y quería que tuviera circulación en librerías comerciales, como es el caso de la editorial Mansalva”, cuenta.

Esa edición se agotó rápido, en cuestión de un año y medio. “Entonces con los editores de Mansalva decidimos reeditarla. Y como había pasado un año y medio, casi dos años, desde que yo había cerrado ese libro y había que volver a imprimirlo, surgió también la idea de sumar los poemas que había escrito en esos dos años. Porque Mi juventud unida está ordenado por años y voy a ahí metiendo los poemas que fui escribiendo en cada año, más allá de cuándo los publiqué. Agregamos los poemas de esos dos años y ahí salió Mi juventud unida: edición aumentada. Un poco también como un pequeño chiste con esta idea de una juventud que se aumenta, que no termina, que se puede ir extendiendo en el tiempo. O también una obra reunida que se va extendiendo”, dice.

“Después pasó que esa segunda edición de Mansalva se agotó bastante rápido. De vuelta había pasado un año, un año y medio. Y cuando llegó el momento de volver a editarlo... Yo además de poeta soy editor, tengo una editorial, y sé por experiencia que no son tantos los libros que se venden y se agotan tan rápido con tiradas tan grandes, entonces dije: este libro se vende mucho, lo quiero vender yo. Así que por esa razón decidí hacer esta tercera edición a la que llamé Mi juventud unida: edición definitiva con mi propia editorial. Le puse ese subtítulo para obligarme a no seguir haciendo lo mismo, aumentando mi juventud, para obligarme a ponerle un punto final. Espero que funcione”, sostiene.

Entrevista a Mariano Blatt, primera parte


Un perro, una margarita, un cielo rosa, un arcoíris, 400 páginas y mucha poesía. En 2005 escribe “el sueño alivia / la gravedad de los asuntos”. En 2006, “¿qué me mirás con cara de birra?” En 2008, “esto es todo no es mucho pero es todo”. En 2009, “lamentablemente / no les puedo decir cómo volver para atrás”. En 2010 está el famoso poema titulado “Diego Bonnefoi” donde repite en loop versos desgarradores sobre el chico de quince años asesinado por la policía de Bariloche en la madrugada del 17 de junio de ese mismo año, un episodio que se conoce como la Masacre del Alto porque horas después, durante la tarde, se realizó una manifestación exigiendo justicia y la policía volvió a actuar: reprimió y mató a Nicolás Carrasco, albañil de 16 años, y a Sergio Cárdenas, padre de dos hijos y cocinero en el hotel Llao Llao.

“¿Para qué sirven los poetas?”, se pregunta en 2012 y en 2013 escribe: “Amedio / vino / de quédar / re / galado”. En 2016, “¿Cómo te sentís? / Como si estuviera adentro de un poema / ¿En quién pensás? / En los que están afuera”. Y en 2019 están los “Dos poemas que voy a escribir toda la vida” que Blatt empezó en 2012 y prometió seguirlos hasta su muerte. Mi juventud unida es un viaje poético y generacional rebasado de imágenes estridentes. Amor, besos, sexo, porro, calle, fútbol, amistad, noche, sol, ternura, picardía, ingenuidad, keta, joggings, mate, cerveza y risas para romper el silencio ensordecedor del mundo. Dijo Fabián Casas: “Blatt puede escribir en prosa, con verso cortado al ras y hasta hacer poemas con la morfología extraña que tiene hoy en día el corte de pelo de los jugadores de fútbol”.

“A la pregunta de qué viene después después de este libro... no lo sé. Me parece que está bueno no saberlo. Sí hay algo: a mí me gustaría escribir un libro. A lo que voy es que Mi juventud unida recopila poemas. Yo tengo la ilusión, la esperanza, el anhelo de escribir un libro de poemas. Hay una diferencia entre un libro que recopila poemas y un libro de poemas. Y si me pongo a pensar, yo no escribo un libro de poemas como tal desde mi primer libro, de 2006, Increíble, que para mí eso era un libro porque se componía de dos poemas de extensión mediana y formaban algo. Todo lo que hice después fue recopilar poemas que iba escribiendo. Lo que a mí me gustaría desde 2006 hasta el 2020 -aunque todavía no ocurrió- es escribir un libro de poemas, una unidad”, confiesa.

La recopilación es también un arte. Como un curador de sí mismo, Blatt volvió sobre sus pasos, olfateó las huellas que fue dejando durante tantos años y sintió que algunas no tenían el perfume quería. Entonces les puso algo arriba para taparlas. Pero con las reediciones volvió a mirar esas huellas. Las olfateó con la apertura nasal de quien inhala el aire puro de las sierras cordobesas y cambió de parecer: olían muy bien. Lo cuenta así: “En el 2015, cuando estaba recopilando mis poemas, había decidido que muchos no los iba a poner en Mi juventud unida porque me parecía que no estaban buenos, o en realidad porque prefería que no se sepa que había escrito esos poemas. Poemas menores, cortitos, ejercicios, cosas así”.

Continúa: “En ese momento tenía como esa pretensión de que no hubiera fallas o puntos débiles. Entonces edité bastante y borré varios, y tres o cuatro años después, cuando hice la edición definitiva, fui más condescendiente conmigo mismo, bajé mi nivel de exigencia. Esos poemas que había descartado me daban un poco más de ternura. Me preguntaba: ¿por qué los escondo si fueron parte del proceso de escritura? La lectura retrospectiva para armar esta última edición tuvo que ver con que más pasa el tiempo, más me alejo de esos poemas y les tengo como más ternura, me veo a mí mismo escribiéndolos y creo que son parte de mi obra como poeta y me gustan más que antes, incluso”.

"Mi juventud unida" (Blatt & Rios, 2019) de Mariano Blatt
"Mi juventud unida" (Blatt & Rios, 2019) de Mariano Blatt

En Mi juventud unida, el amor y la amistad son dos pilares temáticos que de repente se entrelazan. “Compré en el kiosco un mantecol / y me puse a llorar: / es que ya no sé / de cuántos chicos estoy enamorado”, escribe. ¿Qué es el amor para Blatt? ¿Y la amistad? Por momentos, lo mismo. Como si una cosa no pudiera existir sin la otra. No en el sentido del yin y el yang sino en una especie de péndulo que va y viene de la amistad al amor y del amor a la amistad y en ese movimiento suave y conciso está el equilibrio del mundo. “En mi experiencia, en mi generación y en las personas que nos consideramos gays varones cis, queers y todo el colectivo, la relación es una relación de amistad más que una relación romántica. O es una relación de romance en la amistad o de sexualidad en la amistad”, asegura.

¿Es propio del universo gay o se trata, tal vez, de algo generacional, de época? “Mis enamoramientos y mis amistades siempre estuvieron en un mismo plano y creo que es muy generacional y algo muy del colectivo LGBTIQ etcétera. Y también se amplía a las personas heterosexuales. Creo que es algo muy de la época y me animaría a decir muy de la época traído por el colectivo gay. El colectivo gay en el sentido más amplio posible. Que tampoco estoy seguro que sea algo necesariamente de la época. Es un tema clásico de la poesía y la literatura gay la amistad, el erotismo de la amistad, todas esas cosas atraviesan gran parte de la poesía gay del siglo XX y quizás de antes también”, reflexiona.

La poesía de Mariano Blatt no es inodora, al contrario, está siempre perfumada. El lector la percibe de forma instintiva. Enseguida se la siente y luego de algunos versos se comienza a razonar sobre lo leído, pero ya estás adentro. El factor coloquial es clave. Las palabras que ahí suenan —puestas como en una jerga medieval— tienen la forma de lo conocido y, sin la necesidad de cartas solemnes, vocabularios ambiciosos y mensajes crípticos, construyen imágenes mentales estetizadas. De esta forma, Blatt no sólo escribe poesía, también la dibuja, la pinta, y en esas líneas y colores que forman al Pibe de Oro y a Plaza La Muerte, por ejemplo, está el truco: construir un universo temático y un estilo estético; en definitiva, un cosmos poético.

“Sigo sin saber qué es la poesía —confiesa— pero sigo sabiendo que no hay necesidad de saber qué es. Las definiciones, las pistas que tengo, son las mismas que cuando empecé. Creo que hay un verso de Girri que dice que a la poesía es imposible definirla pero en cuanto la ves te das cuenta de que es poesía. La poesía es sumamente misteriosa. Yo me acerqué a la poesía porque una vez agarré un libro de una poeta que se llama Andi Nachón y hubo una atracción totalmente misteriosa de no saber qué era eso pero saber que me fascinaba. Y esa es la misma experiencia que sigo teniendo con la lectura, con la escritura y con lo que puedo decir de la poesía. Sé lo que es, pero no puedo decir qué es más que mostrarla. En algún punto, no hay mucho más para decir de la poesía”.

Entrevista a Mariano Blatt, segunda parte


¿Y cómo convive la tarea de edición con la de poeta, sobre todo cuando una se apega a las reglas de escritura y la otra intenta sortearlas? “La puntuación, las reglas de ortografía... hay algo propio de la poesía que tiene que ver con no respetar esos códigos. En narrativa podría pensarse que tampoco es necesario siempre que haya un sistema, un sentido o se entienda por qué no se respetan. Se podría escribir una novela sin signos de puntuación o con un uso más libre. El efecto podría ser más tedioso para el lector; el tedio puede ser un efecto buscado en un libro también, pero sí es cierto que el trabajo como editor de narrativa, cuando no hay una voluntad de que el texto respete las normas de ortografía, requiere una minuciosidad a la hora de editar que al escribir mis poemas no tengo”, dice.

Y continúa: “La edición y la poesía son momentos diferentes de mi vida, de mi día a día. Cuando yo soy editor, cuando trabajo como editor, que es prácticamente todo el día, no estoy siendo poeta. Por otro lado, ya desde el hecho de que el poema no usa todo el ancho de la línea, el verso, por lo general, como sí estamos acostumbrados a escribir en narrativa, ahí ya de movida está trastocando las reglas de escritura. Si ya trastocaste esas podés empezar a trastocar otras. En la poesía todo es más caótico, más libre, y se aprovecha eso”.

¿Cómo se lee la poesía hoy? ¿Qué elementos generacionales y de época sobreviven al mar de lo actual y cuáles se fagocitan en la más fina contemporaneidad? ¿Cómo se lee Mi juventud unida hoy? “Son quince años y si te ponés a pensar en los temas que aparecen recurrentemente y los universos como el gay y queer, en esos quince años pasaron un montón de cosas. Desde la aprobación la ley de matrimonio igualitario, la de identidad trans... Lo gay y lo queer pasó a ser una cosa mucho más aceptada, pasó a formar parte del discurso bienpensante de la sociedad, aunque todavía hay un montón de personas postergadas y obviamente depende en qué contexto uno es gay o no, pero hubo cambios históricos que atraviesan el libro”.

“Cuando yo escribí en 2005 los poemas de amor entre dos chicos, lo que eso representaba, lo que estaban haciendo esas dos personas, era muy distinto cómo se veía a ese mismo poema doce o catorce años después. Es algo interesante que pasa en el libro. Y hay otra cosa que es interesante que pasa con un poema particular que me parece lindo, que se llama ‘Poema del alga enamorada’. Y el poema dice: ‘A ese alga le pasa algo’. Me parece muy interesante cómo ese poema va a dejar de funcionar o está dejando de funcionar en vistas del lenguaje inclusivo. Ahora habría que ponerle ‘algue’ y se perdería ese juego de palabras. Me dan ganas de ver qué va a pasar en veinte, en treinta, en cincuenta años. Son cosas a las que la poesía se arriesga”, concluye.


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