Por qué los campeones se rocían con champán en el podio y quién fue el primero en hacerlo

La respuesta tiene nombre, fecha y lugar precisos, y une a un piloto de Fórmula 1, un accidente con un tapón y un gesto espontáneo que se repitió una semana después hasta convertirse en tradición universal

La tradición de la ducha de champán en el podio deportivo nació de episodios accidentales que evolucionaron en símbolo de gloria internacional (REUTERS/Albert Gea)
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El gesto de ducha de champán en el podio deportivo, ritual nacido de la casualidad que atravesó fronteras y evolucionó hasta convertirse en un símbolo universal de gloria entre los campeones. Su origen se remonta a episodios inesperados y momentos impulsivos que dieron forma a una de las celebraciones más reconocidas del deporte de elite.

En 1950, Juan Manuel Fangio, tras ganar el Gran Premio en Reims-Gueux (Francia), recibió como premio un jeroboam de tres litros de Moët & Chandon. Pero más allá de este regalo, curioso en ese momento, el verdadero punto de quiebre llegó en 1966, durante las 24 Horas de Le Mans; ya el regalo se convirtió en una catarata cuando el tapón de la botella de los pilotos ganadores saltó por accidente en el podio, empapando a los presentes y atrayendo la atención de todos. Este episodio marcó la transición de los modestos brindis a la explosión de júbilo que caracteriza hoy cada celebración.

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La tradición surgió a partir de estos brindis entre campeones, pero se consolidó tras el incidente de Le Mans en 1966. En 1967, el estadounidense Dan Gurney, tras vencer junto a A.J. Foyt, agitó la botella y roció al público, un gesto espontáneo que describió al diario deportivo francés L’Équipe como una respuesta a la energía de los camarógrafos.

El icónico ritual se consolidó tras el incidente en Le Mans 1966, cuando la botella de los ganadores empapó al público e inspiró nuevas formas de celebración (REUTERS/Stephane Mahe)
El icónico ritual se consolidó tras el incidente en Le Mans 1966, cuando la botella de los ganadores empapó al público e inspiró nuevas formas de celebración (REUTERS/Stephane Mahe)

Repitió la escena una semana después, en el Gran Premio de Bélgica. El periodista Pierre Van Vliet, testigo directo, recuerda que los rivales miraban a Gurney esperando si volvería a hacer la hazaña, y así se consolidó el ritual en el automovilismo internacional.

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Evolución de la tradición del champán en el podio

Con el tiempo, el ritual se adaptó a los cambios en la industria y en las reglas de las competiciones. Según el diario deportivo francés L’Équipe, tras décadas con el tradicional champán francés —siempre presentado en jeroboam—, tanto la bebida como el tamaño de la botella empezaron a variar por motivos comerciales. Desde 2016, el vino espumoso Chandon y, posteriormente, el espumante Ferrari Trento reemplazaron al champán en algunos campeonatos, resultado de acuerdos millonarios entre los nuevos propietarios y patrocinadores.

Más recientemente, el auténtico champán regresó con fuerza a los podios tras el acuerdo entre LVMH (el conglomerado de lujo) y el Campeonato Mundial, valorado en 1.000 millones de euros. La marca Moët & Chandon fue reposicionada en las celebraciones más prestigiosas. Actualmente, los organizadores entregan cuatro jeroboam: uno para cada ganador y otro para el principal responsable del equipo, consolidando la ducha de champán como parte esencial del espectáculo deportivo.

El champán en jeroboam fue durante décadas el estándar de los podios, pero vino espumoso Chandon y Ferrari Trento lo reemplazaron en ciertos campeonatos recientes (REUTERS/Lisi Niesner)
El champán en jeroboam fue durante décadas el estándar de los podios, pero vino espumoso Chandon y Ferrari Trento lo reemplazaron en ciertos campeonatos recientes (REUTERS/Lisi Niesner)

El hábito superó las fronteras del automovilismo y llegó a deportes como el ciclismo, el triatlón y el esquí alpino, con distintas adaptaciones. En algunos casos, las restricciones legales o los acuerdos de patrocinio sustituyen el champán por vinos espumosos, jugos de frutas o bebidas sin alcohol, sobre todo en regiones donde el alcohol está prohibido.

En pruebas de esquí, la bebida depende del lugar: Val d’Isère elige Roederer, Courchevel opta por Champagne Devaux y en Kranjska Gora se utiliza el espumoso Zlata Radgonska, precisa L’Équipe. Así, la costumbre persiste pese a los cambios en marcas y reglas, manteniendo su carácter festivo y simbólico.

El ritual hoy: códigos, anécdotas y polémicas

Hoy la ducha de champán es un acto cargado de códigos no escritos y situaciones imprevisibles. En la Fórmula 1, se entrega un jeroboam a cada uno de los tres primeros y al principal responsable del equipo, mientras que en el rally la costumbre varía entre la llegada y la premiación.

En regiones donde el alcohol está prohibido, como el Golfo, se emplean jugos espumosos para cumplir las leyes locales. En el ciclismo, el Tour de Francia exige moderación ante las cámaras y reserva el brindis para momentos privados, a diferencia del Giro, donde el prosecco es protagonista de la celebración pública.

En 2022, el ciclista Biniam Girmay debió abandonar el Giro d’Italia luego de un accidente con un corcho durante la celebración (REUTERS/Jennifer Lorenzini)
En 2022, el ciclista Biniam Girmay debió abandonar el Giro d’Italia luego de un accidente con un corcho durante la celebración (REUTERS/Jennifer Lorenzini)

El ritual conlleva anécdotas y riesgos: en 2022, el ciclista Biniam Girmay tuvo que retirarse del Giro d’Italia tras ser golpeado en el ojo por un corcho, según relató L’Équipe. Más recientemente, la corredora Demi Vollering luchó por abrir los ojos tras la ducha de espuma, y la triatleta Célia Merle admitió su nerviosismo al abrir la botella en su primer podio, y terminó sorprendida por una lluvia de confeti.

Algunos atletas aprenden a quitarse los zapatos antes de la ceremonia, aunque el múltiple campeón del Dakar, Stéphane Peterhansel, reconoce a L’Équipe que es habitual llegar a la sala de prensa con el mono mojado y olor a champán.

Deportistas como Peterhansel subrayan el lado colectivo del ritual y los accidentes inesperados. En una ocasión, al destapar una botella sobre el capó, esta resbaló y cayó al suelo, sumando una anécdota más a la tradición. Entre las estrategias, descalzarse es un truco frecuente para evitar arruinar el calzado, aunque no siempre resulta posible eludir las huellas visibles de la celebración.

Los accidentes inesperados, como la caída de una botella durante la celebración, forman parte de las anécdotas habituales (REUTERS/Marco Bello)
Los accidentes inesperados, como la caída de una botella durante la celebración, forman parte de las anécdotas habituales (REUTERS/Marco Bello)

La legislación y la cultura moldean los límites del ritual. “Si el público francés es el objetivo principal, hay que evitar enfoques sobre marcas de bebidas alcohólicas en pantalla, bajo riesgo de sanción”, advierte el abogado Léopold Kruger a L’Équipe. En competencias internacionales, las restricciones son más laxas, pero los eventos franceses aplican normas más estrictas sobre la exhibición de las celebraciones.

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