Tamara de Lempicka, reina del Art Déco: cuando vivir al límite se convierte en arte

Transgresora, bisexual, mitómana, amiga del poder, icónica. A 40 años de su muerte, una recorrida por las historias y las pinturas de la artista ruso-polaca que hizo todo en exceso

jbatalla@infobae.com
Tamara de Lempicka murió hace 4 décadas en México, luego de una vida plena de excesos y arte
Tamara de Lempicka murió hace 4 décadas en México, luego de una vida plena de excesos y arte

“Vivo en los márgenes de la sociedad, y las reglas de la sociedad normal no se pueden aplicar a aquellos que viven en el límite”. La frase le pertenece a la artista Tamara de Lempicka. Es casi una declaración de principios, un epitafio, como una verdad a medias.

La pintora ruso-polaca, quien murió hace 40 años en México, tuvo una existencia cinematográfica: podría haber sido tanto un personaje importante de El Gran Gatsby de Fitzgerald como también de Trópico de Cáncer de Henry Miller. En otras palabras, habitó entre lujos e hipocresía, participó de grandes banquetes junto a personalidades del mundo, de reyes a estrellas de Hollywood, y a su vez era una cocainómana que en las noches de soledad no dudaba a bajar al puerto en busca de marineros o invitaba a su cama a las empleadas de limpieza.

En la vida de Tamara de Lempicka los excesos abundan. Su figura, como su obra, fue tomando otro espacio con el paso del tiempo. Fue una transgresora, sin dudas, pero también poseedora de una nivel económico que le permitió hacer y deshacer sin el menor temor a que sus decisiones afectasen su vida. Para los ricos, la frontera de las posibilidades siempre fueron más amplias.

Tamara de Lempicka
Tamara de Lempicka

Como con otros artistas, pensemos en Modigliani -solo por su comportamiento, no por su billetera-, el mito de una vida de incorrecciones terminó fagocitando su obra, aunque quizá en este caso, ella, confrontativa, polémica, mentirosa compulsiva, así lo deseó. Hoy, su legado sobrevive, sobre todo en el mundo de la moda, donde inspiró a muchos de los más grandes diseñadores.

Para empezar, no se sabe con exactitud cuándo nació. Para algunos fue en Moscú, en 1889, para otros en Varsovia en 1895. También están los que aseguran que fue en 1906, basados en los relatos de la artista, que a lo largo de su vida se fue quitando años a tal punto que cuando su primogénita comenzó a crecer primero adulteró su fecha de nacimiento y luego prefirió presentarla como su hermana menor en los círculos sociales. Lo único seguro es que no existe documentación que pueda comprobar ninguna de las fechas, aunque se descarta que haya sido a principios del siglo pasado.

Vino al mundo como Tamara Rosalía Gurwik-Górska, en una familia donde los lujos y la abundancia lo eran todo. Su madre, una socialité judía, y su padre, un abogado judío de origen ruso, le dieron una educación acorde a su clase social en un internado suizo. Para 1910, pintó su primer retrato, lo que sería el tema principal de su producción, con su hermana como modelo.

Dos piezas de influencia Renacentista: "Estudio de acuerdo a Botticelli" y "Madonna"
Dos piezas de influencia Renacentista: "Estudio de acuerdo a Botticelli" y "Madonna"

Luego del divorcio de sus progenitores o suicidio de su padre -no se sabe a ciencia cierta qué sucedió, otro misterio- se fue a Italia con su abuela, donde las obras del Renacimiento marcaron su destino, para posteriormente mudarse con su tía Stefa, aún más pudiente que su familia, a la San Petersburgo imperial. Para 1916 ya estudiaba bellas artes y estaba casada con el abogado polaco Tadeusz Łempicki. Sus días entre banquetes, ópera y bailes en los grandes salones se vieron interrumpidos por la maternidad primero y, un año después, por la revolución de octubre.

Su marido fue detenido por los bolcheviques, pero un favor a ella del cónsul sueco logró que pudieran escapar hacia París, donde por primera vez conoció lo que significaba la palabra carencia.

Sin dudas, la llegada a esa París fue un punto de inflexión, tanto en lo personal como en lo artístico. Su marido tuvo el mal del niño consentido y se negó a trabajar, por lo que pasaron penurias, hasta que ella ganó reputación como pintora.

"Retrato del Marqués d'Afflito"
"Retrato del Marqués d'Afflito"

La hermana de Tamara la motivó a seguir su formación pictórica y con Maurice Denis primero y luego con André Lhote como maestros comenzó la producción de retratos que le darían fama entre la alta sociedad. Y así regresó a las noches blancas, a los romances portuarios, a las fiestas y las orgías, en los momentos en que la maternidad y su trabajo incesante la dejaban.

París, citando a Hemingway, era una fiesta. En aquellos años la Ciudad de la Luz albergó a muchos de los grandes artistas del siglo pasado, en una época en que las vanguardias se pisaban los talones para convertirse en el arte oficial.

Ella pinta, y mucho, con una estética a la que se denominó cubismo suave, aunque a ella nunca le interesó la parte teórica del movimiento. Su presentación en sociedad fue en el Salón de Otoño de 1923 con Perspectiva, un óleo de grandes dimensiones en que se aprecia cómo en su estilo se mixturaban tanto las vanguardias como la tradición académica.

"Perspectiva"
"Perspectiva"

La temática lésbica de la obra no fue una ruptura, artistas como Courbet o Ingres ya las habían llevado al lienzo, aunque sí fue muy oportuna para su tiempo. Estamos hablando de los ‘20, los años locos en EE.UU., del jazz, de las flappers, la exaltación del gigoló, el pelo engominado y la estética afeminada en los hombres. De hecho, existen registros de canciones de amor cantadas por hombres, dedicadas a hombres.

Para 1925 presenta su primera exposición en Milán, Italia, gracias al mecenazgo del Conde Emmanuele Castelbarco, una de las familias más poderosas de la ciudad. Para la muestra realizó 28 cuadros en seis meses. En 1927, la obra Kizette en el balcón, donde retrata a su hija, le vale su primer premio en Burdeos.

"Kizette en el balcón"
"Kizette en el balcón"

De Łempicki nunca ocultó su naturaleza bisexual, por lo que sus aventuras se convirtieron en la comidilla de las cenas de gala. De a poco, tanto exceso, tanta exposición, comenzaron a hundirla, la llevaron a depresiones y tratamientos psiquiátricos, pero nada podría aplacar su lascivia, su lujuria por la vida.

Amiga de los escritores fascistas Filippo Marinetti y Gabriele D’Annunzio -amante a quien humillaría en público en más de una ocasión- también entabló relaciones con Picasso, André Gide, Colette y sobre todo con Jean Cocteau, quien dijo: “Tamara amaba tanto el arte como la buena sociedad, y pensaba que su acceso a esta última acabaría por destruir en ella el primero”.

En ese sentido, su hija comentó que a su madre solo le interesaban las personas a las que llamaba “las mejores, las ricas, las poderosas, las exitosas”. Por eso, en el desarrollo de su obra abundan los cuadros a personalidades de aristocracia, militares, duques y duquesas e incluso reyes.

Autorretrato en el Bugatti verde
Autorretrato en el Bugatti verde

En el ‘29 pinta su obra más celebrada, Autorretrato en el Bugatti verde, en honor a la bailarina estadounidense Isadora Duncan, que murió estrangulada cuando su extensa chalina se enredó con una de las ruedas de su Bugatti. Las chalinas, las bufandas, la tela que cae, que juega, también serían una marca en su producción, un patrón que reaparece en piezas como La estola color naranja (1927), El turbante verde (1929), La chalina azul y Las muchachas (1930).

Divorciada del lastre de Lempicka, contrae matrimonio con el barón húngaro Raoul Kuffner, quien se convierte en su coleccionista y juntos realizan un viaje a EE.UU. para conocer otros posibles clientes. Para 1934 se casan y ya afincados en el país americano De Lempicka se convierte en una celebridad neoyorquina. Dalí, Orson Welles, Greta Garbo, Rita Hayworth son solo algunas de los famosos habituales en sus fiestas interminables.

"Las muchachas", "Mujer con guantes" y "La chalina azul"
"Las muchachas", "Mujer con guantes" y "La chalina azul"

Las galerías del país del norte y de la vieja Europa la reciben con brazos abiertos, mientras tanto visita países y vive por un tiempo en Chicago, donde trabaja con Willem de Kooning y Georgia O’Keeffe.

Tras mudarse a Beverly Hills, California, comenzaría su decadencia. El mercado del arte comienza a mirar en otras direcciones, al surrealismo y al arte abstracto. Ya no es una novedad, deja de ser la artista y solo le queda el personaje, la excéntrica baronesa europea que gusta de dar de comer y beber a ricos y famosos.

Retratos: "Su alteza imperial, el Gran Duque Gabriel", "El Doctor Boucard", y la "Duquesa de La Salle"
Retratos: "Su alteza imperial, el Gran Duque Gabriel", "El Doctor Boucard", y la "Duquesa de La Salle"

En los ‘60 decide virar su estética y se acerca al abstraccionismo y al surrealismo. No destaca, llega tarde. Por lo que cuando su marido muere dos años después, se muda a Cuernavaca, México, junto a su hija, donde muere el 18 de marzo de 1980.

Kizette, aquella niña que fue su hermanita, su musa, a fin de cuentas su verdadero amor, llevó a cabo su último deseo. Tomó sus cenizas, subió a un helicóptero y, acompañada por el escultor mexicano Víctor Manuel Contreras, las arrojó al cráter del volcán Popocatépetl.

En sus últimos años giró entre el arte abstracto y el surrealismo
En sus últimos años giró entre el arte abstracto y el surrealismo

La estética De Lempicka marcó una época. Es una de esas artistas que no se puede confundir, aunque si bien en su tiempo fue reconocida y vendió bastante en el mundillo del coleccionismo, no tenía la misma reputación para los museos. Por ejemplo, donó varios de sus trabajos al Pompidou en vida que, históricamente, ocupan un espacio en sus sótanos y recién en 1973, una exitosa muestra de la parisina galería Alain Blondel la sacó del ostracismo.

Sus obras refinadas, angulosas, casi etéreas, inspiraron colecciones de Dolce & Gabanna, Para, Karl Lagerfeld, Versace, entre otros, y sigue despertando pasiones en los coleccionistas, en especial en tres: el empresario mexicano Carlos Slim, el actor Jack Nicholson y la cantante Madonna -quien nunca las cede para las muestras-.

El video de "Vogue" de Madonna posee múltiples referencias de la admiración de la cantante hacia la artista

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