
Mercedes Morán debuta en la narrativa con Madre mía, un libro que explora la educación sexual y sentimental que recibió de su propia madre y la doble condición de mujer-hija y mujer-madre que la ha interpelado a lo largo de toda su vida. El volumen, publicado por Editorial Planeta, llega a librerías este mayo y se presenta este sábado 9 en la Feria del Libro de Buenos Aires, con la escritora Claudia Piñeiro como acompañante, a las 16:00 en la sala Rodolfo Walsh del Pabellón Amarillo.
El libro está estructurado en relatos breves —treinta capítulos de entre dos y diez páginas— que recorren la infancia, la adolescencia y la adultez de la actriz a través de escenas protagonizadas por su madre, una maestra rural del interior del país que crió a sus hijas entre mandatos religiosos, pudores sexuales y una insatisfacción vital que la autora reconstruye con distancia y ternura a partes iguales. La dedicatoria anticipa el tono del conjunto: A todas las que lograron perdonar a sus madres.
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La actriz, conocida por su trabajo en cine y televisión durante más de cuatro décadas, llegó a la escritura por invitación de la editorial. “Yo no soy escritora, pero acepté la propuesta de Planeta y me puse a escribir”, dijo Morán en declaraciones a la sección de Cultura de Infobae. “La única garantía es que de lo que estaba escribiendo —porque se trata sobre la educación sexual y sentimental que recibí de mi madre— de alguna manera es el tema de la maternidad, que me interpela mucho: yo mujer-hija y yo mujer-madre”.
No es, sin embargo, su primera incursión en la escritura. Piñeiro, que la acompañará en la presentación del sábado, se encargó de trazar ese recorrido, también, en diálogo con Infobae: “No la conocemos por la escritura, la conocemos por la actuación, pero Mercedes ya viene escribiendo. ¡Ay, amor divino! la escribió ella y tiene mucho que ver con este libro, porque también son como pasajes de su vida más relacionados con las relaciones con los hombres. Y esta es de la relación con la madre, pero tiene el mismo tono, de contarte una anécdota que parece que hay como una conversación ahí“.
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El capítulo que Infobae comparte a continuación, “La modista”, pertenece a la primera parte del libro.
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La modista
Una mañana de diciembre, mamá me llevó con ella a la casa de la modista del pueblo. Ese día tenía la última prueba de un solero floreado que le estaba confeccionando para estrenar en Navidad; por eso, me había dicho en el camino, el estampado sería verde y rojo.
Cuando llegamos, la dueña de casa nos hizo pasar a su taller y ahí vi por primera vez un maniquí. Me asustó ese torso sin cabeza y con una sola pierna que tenía encima el solero sin terminar. Miré para otro lado.
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Mientras mamá iba a sacarse la pollera y la blusa para empezar la prueba, la modista me invitó a sentarme en su silla, frente a su máquina de coser, al costado de su extraordinaria mesa de trabajo donde había un mundo de cosas preciosas: pequeños retazos de tela, carreteles de madera con hilos de todos los colores, tijeras, tizas, papeles de nácar, botones, dedales, agujas de distintos tamaños. Blanca, así se llamaba, tenía en su mano una aguja grande enhebrada con un hilo blanco y, en cuanto mamá salió de atrás del biombo y se presentó en enagua, le pidió que se subiera a un banquito y empezó a hilvanar el ruedo del solero.
Mientras tanto, yo, fascinada, descubrí sobre la mesa una pequeña almohadita de terciopelo rojo, donde había pinchados muchos alfileres muy hermosos. No eran como los que había en mi casa: estos tenían pelotitas de todos los colores en la cabeza. Hice una fila larga con los rojos y los conté; había más de veinte. Después hice lo mismo con los dorados y así seguí con los otros hasta que terminó la prueba y mamá volvió a ponerse su ropa detrás del biombo.
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Entonces metí un puñado de alfileres en mi bolsillo. Apenas llegamos a casa, fui a encerrarme en mi pieza y me puse a jugar a la modista con mi muñeco Jorgito Daniel. Desparramé con cuidado los alfileres en el piso, los agrupé por colores y volví a contarlos; eran doce en total y solo tres, dorados. Busqué mi tijera de cortar papel, una regla, una bolsa con retazos de tela que había visto en el segundo cajón de la cocina, mi goma de pegar y comencé a confeccionarle un pantalón a Jorgito Daniel.
Al rato me llamaron a almorzar. Había pastel de papas. Cuando le dije a mamá que estaba muy rico, ella me dijo que gracias y me felicitó porque me había portado muy bien en la casa de la modista.
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Terminado el almuerzo le pedí permiso para comer el postre en mi pieza.
—Andá, yo te lo llevo —me dijo.
Cuando apareció con el platito con queso y dulce de batata y una servilleta en las manos, yo justo estaba tratando de elegir entre dos cintitas para hacerle un cinturón a Jorgito Daniel, pero no podía decidirme entre la roja y la amarilla. Mamá buscó con la mirada y vio una cinta marrón.
—¡Esa! —dijo. Y apoyó el platito en el piso, al lado de los alfileres.
No sé cuánto tiempo pasó, deben haber sido unas horas, porque el reloj de mi panza marcaba hora de merendar. Tan entretenida estaba pinchando un pedacito de cuerina en la cabeza del muñeco para armarle una gorra, que tardé en escuchar los golpes en la puerta de mi casa y la voz de mi madre. Toc, toc, toc.
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—¡Hooola, señor comisario! ¿Qué lo trae por acá? —…
—¿Buscando a una ladrona de alfileres? ¿Para meterla presa? Del susto me pinché un dedo. Mientras me chupaba una gotita de sangre seguí escuchando la voz de mi madre en un tono cada vez más alto y afectado.

—¡Por favor, Señor Comisario…! ¡Perdónela! ¡Ella los va a devolver y no lo va a hacer nunca más!
Y luego:
—¡Mechiiita, venííí!
Yo seguía sentada en el piso, momificada. El terror no me dejaba levantarme y me aferré a Jorgito. Así me encontró cuando abrió la puerta.
—¿Vos robaste unos alfileres? —y sin esperar respuesta agregó—. Devolvelos. Pedí perdón. Decí que estás arrepentida. Si no, te llevan presa.
Esa fue la lección de mamá. Ahora pienso que semejante sobreactuación era sospechosa. Pero yo tenía seis. Y la actriz era mi madre.
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La entrada, los horarios, los días
Entrada: El precio de la entrada a la Feria del Libro de Buenos Aires es de $8.000 pesos de lunes a jueves y de $12.000, los viernes, sábados y domingos.
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Con esa entrada, el visitante recibirá un chequelibro con el que podrá obteber descuentos en librerías cuando termine la Feria.
Ingreso gratis: De lunes a jueves desde las 20.
Fecha: La Feria continúa hasta el 11 de mayo.
Horarios: De lunes a viernes de 14 a 22. Sábados, domingos y feriados, de 13 a 22.
Dónde: En La Rural, Av. Sarmiento 2704; Av. Cerviño 4476 y Av. Santa Fe (Plaza Italia), C. A. B. A.
Fotos: gentileza prensa de editorial Planeta y archivo de Infobae.
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