“Fotografía y memoria, conversaciones con Eduardo Longoni” (Fondo de Cultura Económica), de Alberto del Castillo Troncoso.
“Fotografía y memoria, conversaciones con Eduardo Longoni” (Fondo de Cultura Económica), de Alberto del Castillo Troncoso.

Extracto del capítulo "Los años de la dictadura. 1976-1983" del libro Fotografía y memoria, conversaciones con Eduardo Longoni, de Alberto del Castillo Troncoso.  

El encuentro con Miguel Angel Cuarterolo

Yo vivía en el centro de la ciudad, y Noticias Argentinas (NA) que era una agencia de noticias, quedaba a cuatro cuadras de mi casa, en las calles de Córdoba y Florida. Llegué, golpeé la puerta y pregunté a quién le podía mostrar fotos, porque yo era fotógrafo. Era un decir, porque fotógrafo no era, obviamente. Me atendió un señor, que después fue mi gran amigo -murió hace unos años-, se llamaba Miguel Ángel Cuarterolo, fue el mejor editor que hubo en el país.

Cuarterolo no solamente fue el mejor editor, sino fue quien trajo la idea de los editores fotográficos a la Argentina. Antes no existía eso. Lo que había en las redacciones eran jefes de fotografía, que eran una especie de "directores de tránsito" que decidían qué notas se cubrían y cuáles no, pero no participaban en la puesta en página de la foto. Cuarterolo era un tipo maravilloso, muy sabio, que a mí me pareció un señor grande, pero que tenía solo nueve años más que yo, o sea, tenía 29 años. Pero siempre fue un señor que se vestía formalmente, con saco y corbata. Tenía bigotes, entonces parecía un tipo más grande.

Yo supongo que él se apiado de mí. Yo venía de salir del servicio militar, estaba casi pelado porque además la última maldad que te hacían en el los cuarteles era que te cortaban el pelo a cero, o sea, te dejaban pelado. Llevaba unas fotos que eran del estilo de un Foto club y una camarita Olympus OM1 común, con un lente normal. Ese era todo mi equipo, ni flash, nada, no tenía nada. Yo le iba a pedir trabajo y él me miró con cara de sorpresa e interrogación: "¿Y de que querés trabajar?", pero se apiado de mí y me dijo: "Mirá, vení mañana en la mañana y yo les voy a decir a los fotógrafos que empezás a salir con ellos para practicar", y agarró de un cajón un rollito de Tri-X [ histórica película blanco y negro de Kodak ] y me lo dió. Era película rebobinada, ni siquiera era la película original.

En la agencia no usaban película original porque tenían algunas dificultades económicas, era una agencia pobre, más allá de que era importante en ese momento, La otra agencia que existía era TELAM, que era la agencia oficial. En ese momento era una agencia muy chiquita, no le daba demasiada importancia a la fotografía de prensa, por lo cual NA tenía los principales clientes, no solamente en el interior, también en los grandes diarios de la capital: Clarín, La Nación y La Razón.

Eduardo Longoni, fotógrafo
Eduardo Longoni, fotógrafo

Yo cargué la película y me fui a la Facultad. Al otro día, a las ocho de la mañana me levanté y fui a NA y había tres fotógrafos. Cuando salió el primero le pregunté si lo podía acompañar. Supongo que Cuarterolo se olvidó de la cuestión y no le dijo nada a ninguno, porque los tipos me miraban y no sabían ni quién era yo, que además iba con el pelo corto. En esa época todo era peligroso, la gente lo desconocía a uno, no sabía, había una cosa de desconfianza, sobre todo del que tenía el pelo corto, que era significado de militar, de servicio, de espía, de lo que fuera.

Era un sentimiento basado en algo real. La cuestión era que salieron uno, dos, tres fotógrafos y ninguno me dejó que lo acompañara. Yo me quedé solo, con mis apuntes de historia, leyendo.

La primera foto

A media mañana llegó un tipo enloquecido, como patinando, como un dibujito animado, gritando: "¿Dónde están los fotógrafos?". Y yo medio le expliqué mi situación.

El tipo vio que yo tenía una cámara, me agarró, me subió arriba de un taxi y me dijo: "¡Vámonos!". Yo venía de un colegio secundario muy politizado, con una militancia en el Partido Comunista (PC) y con una "colimba" traumática. Además de haber sido arrastrado hasta la frontera con Chile para una guerra que finalmente no se desató. Me había enterado de que los jefes militares de mi Batallón también sabían de mi militancia política. En la Argentina de ese momento los militares sabían casi todo de casi todo el mundo.

Por todo eso yo estaba permanentemente informado de la situación política del país, así que pregunté a dónde nos dirigíamos, que había pasado. Entonces el tipo, que resultó ser el Subdirector de la Agencia, Jorge Brinsek, me dijo: "Hubo un atentado contra Juan Alemann."Yo sabía perfectamente quién era Alemann. Era el número dos de Martínez de Hoz, que era el tipo fuerte del gobierno. En ese momento el orden era: Videla, que era el presidente, Massera, que era jefe de la armada y Martínez de Hoz, el ministro de economía. En realidad, el proyecto económico fue el que dió pie al golpe de Estado. O sea que Martínez De Hoz era un personaje muy importante y Alemann era su mano derecha.

Juan Alemann era el secretario de Hacienda de la dictadura. Su auto fue ametrallado, pero él salió vivo del atentado perpetrado por un comando del grupo de Montoneros, aquel 7 de noviembre de 1979 a las 9 de la mañana.

José Alfredo Martinez de Hoz fue el poderoso ministro de Economía de la dictadura entre los años 1976 y 1981. Su proyecto liberal a ultranza llevó a la Argentina al desastre económico, con un incremento de la pobreza, inflación y desempleo, así como un aumento de la deuda exterior.

La llamada contraofensiva del grupo guerrillero de Montoneros tuvo lugar en 1979 y 1980. La mayor parte de sus integrantes fueron capturados, torturados y exterminados por la dictadura.

El empresario Francisco Soldati, padre del director del Banco Central fue asesinado con su chofer el 13 de noviembre de 1979. Walter Klein, secretario de Coordinación Económica sobrevivió con toda su familia a un atentado el 27 de septiembre de 1979. Un comando perteneciente al grupo de Montoneros dinamitó su vivienda. Los dos custodios de Klein murieron por asfixia bajo los escombros.

Atentado a Juan Alemann (Eduardo Longoni)
Atentado a Juan Alemann (Eduardo Longoni)

Llegamos a Belgrano, el atentado fue en la calle Zabala y Cabildo, y había un cordón, ya no de la policía, sino del ejército. Unos días antes habían atentado contra Walter Klein, otro funcionario del ministerio de economía. En realidad el atentado Alemann está inscripto en lo que se llama la "contraofensiva de Montoneros". Un comando de este grupo guerrillero entró al país de manera clandestina y organizaron tres atentados contra el equipo económico representado por Klein, Alemann y Soldati. Después fueron infiltrados o los descubrieron y no quedó nadie vivo. El de Alemann, fue el segundo de los atentados.

Había un montón de fotógrafos, detrás del cordón de los soldados, estaban con teleobjetivos larguísimos. En medio de la calle había un Torino Blanco, que era el auto de Alemann, al cual se lo veía bastante deteriorado.

Yo veía el auto, que estaba como a cincuenta metros, y a través de mi lente normal parecía una hormiguita. No sabía qué hacer, porque no solamente no conocía a nadie —si te pasa con años de profesión, le pedís prestado a un colega un tele y hacés la foto—, sino que nadie me conocía a mí. Hice una foto desde lejos, pero sabía que no servía.

En un momento vi que bajó de un auto oficial Martínez de Hoz rodeado de custodios y me metí en el medio, un oficial del ejército me paró y me preguntó quién era yo. Le respondí que trabajaba en el primer cuerpo del ejército, y que era fotógrafo. El tipo, claro, me vió pelado, Martínez de Hoz, los custodios, yo qué sé, se confundió. Pasé, lo que me permitió hacer una foto del auto, retratar a Martínez de Hoz, hacer fotos comunes. No eran grandes fotos.

Pronto se me acabó el rollo, porque los rollos estaban rebobinados. Yo no sabía de cuanto era, los rollos habitualmente son de 36 exposiciones, pero éste se me acabó a los 20 fotogramas. No tenía otro, y había perdido al redactor con el que había ido, Jorge Brinsek.

En el tumulto tuve que salir por otro lado, no quería salir por el mismo sitio por el cual había entrado por las dudas me pararan y me pidieran los documentos. Yo no tenía nada. En la colimba ni siquiera tenía la baja, o sea, no había recuperado mi situación civil. No tenía documentos porque te retenían el documento hasta que le daban de baja al último soldado. Entonces yo estaba en una situación extraña que se llamaba "Licencia hasta la baja", con lo cual tenías suspendida tu identidad, porque el documento lo tenía el ejército.

Represión contra Marta Casabona de Gorga y Susana Ordoñez de Preci, Madres de Plaza de Mayo, 1982 (Eduardo Longoni)
Represión contra Marta Casabona de Gorga y Susana Ordoñez de Preci, Madres de Plaza de Mayo, 1982 (Eduardo Longoni)

Es decir, era un indocumentado, y salí con los pocos pesos que tenía y un registro de conducir. No tenía ni tarjeta de crédito, nada. No podía volver en taxi a la agencia porque no tenía un peso. Me tomé el subte [metro]. La ciudad era un pandemónium. ¡Hay que imaginar un atentado en medio de la dictadura en el año 79! La dictadura era muy fuerte en ese momento.

Llegué a la agencia a la hora y media. Ya estaba Cuarterolo y había un clima efervescente. Era algo así como la nota del año, y la nota del año la estaba haciendo… ¡No sabían ni quién la estaba haciendo!

No sabían ni como me llamaba. Mi primer recuerdo es que cuando llegué a la agencia, Cuarterolo, que era un tipo muy circunspecto me arrancó la cámara y me dijo: "¿Qué hiciste pibe?" Yo le dije: "¡Tomé fotos!". "¿Pero que tenés?", me preguntó y se puso a revelar el rollo. Los demás fotógrafos se miraban como diciendo: "Si tenés algo él se va a encargar de arruinarlo, porque hace mucho que no revela un rollo". Bueno, se puso a revelarlo, y cuando salió del cuarto oscuro y los negativos estuvieron bien, los editores se pusieron a trabajar sobre ellos. Y no me prestaron más atención.

Yo miré un poco lo que había. No sabía ni lo que era una agencia de noticias, no sabía que las agencias le vendían las fotos a los diarios. Yo había ido allí sólo porque quedaba cerca de mi casa. Con lo cual, era tal el despelote que había en ese lugar, que miré el reloj y vi que se me hacía tarde para una materia. Me fui a la Facultad. Al otro día volví a la agencia. Ya ni siquiera tenía película. Caminando por la calle Florida vi que la noticia obviamente era la tapa de todos los diarios. La Opinión, que era un diario muy importante en ese momento, tenía mi foto y dije: ¿Qué hace mi foto ahí? Claro, yo no sabía el mecanismo de las agencias, no sabía que vendían a los diarios sus fotos y sus textos.

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