El fotógrafo Eduardo Longoni se destacó junto a un grupo de reporteros gráfico que trabajaron durante la dictadura militar y que lo siguieron haciendo en democracia, ejerciendo el periodismo detrás de la cámara. Longoni es autor de algunas de las fotos más emblemáticas de estas décadas, algunas de las cuales son hoy son imágenes centrales de la realidad social y política argentina. De ese conjunto de fotografías buscó las más relevantes y decidió publicarlas en su libro Imágenes apuntadas, en el cual esas 38 fotos están acompañadas por textos y anécdotas que completan cada cuadro.

A lo largo de las páginas del libro es posible ver represiones policiales cruentas, la miseria de los inundados, Malvinas, Jorge Videla comulgando en el quinto aniversario del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, Diego Maradona marcando el primer gol a los ingleses con la mano (la foto que atestigua la famosa "Mano de Dios"), la primera marcha por el atentado a la AMIA en 1994, que se realizó mientras los bomberos aún removían escombros buscando sobrevivientes, el caos del 2001 (20 años después una madre con un pañuelo blanco rodeada de gases en Plaza de Mayo) hasta la última foto de Estela de Carlotto junto a Guido, su nieto, que es el nieto recuperado número 114.

La foto de tapa es de 1981
La foto de tapa es de 1981

Longoni lleva toda una vida junto a la fotografía y ligado al fotoperiodismo. Sus comienzos fueron en el Nacional Buenos Aires, en donde era uno de los impulsores de una revista clandestina, La voz de la popu. "Unos pocos ejemplares que se pasaban de un lector a otro pero que no lograban buenas imágenes", recuerda hoy el autor, de paso por Infobae.

El nuevo libro representa trayectoria de Longoni y exhible hasta qué punto para él la cámara sirve como herramienta de documentación y de opinión a la vez, porque define su propio recorte de la realidad.

-En Imágenes Apuntadas cuenta un poco cómo arrancó con la fotografía…

-Yo creo que está alojado en mi ADN esto de estar interesado en la realidad social, política. Tal vez hasta en la violencia política de la sociedad argentina.

-Además de mostrar, ¿sus fotos buscan protestar y denunciar? 

-Sí. Para mí la fotografía es mi lenguaje y mi cámara es mi instrumento para decir. Yo creo que cada uno dice con lo que siente y con su ideología, más allá que la ideología haya quedado un poco demodée, pero yo reivindico esa palabra porque son las ideas que uno tiene, el modo en que uno piensa cómo debe ser el mundo y la posición política que uno tiene. Yo creo que en la cámara no hay objetividad: la cámara dice todo eso. Para mí la cámara fue por muchos años mi lenguaje y ahora en este libro intenté también describir de alguna manera, para complementar esto que creo que es una verdad que no existe, aquello de que "una imagen vale más que mil palabras". Yo creo que no es una buena frase. Siempre digo que habría que buscar a quién dijo esa frase.

-¿Por qué?

-Porque creo que la fotografía es un lenguaje que sacude, que puede emocionar pero que tiene que estar en un contexto, tiene que tener un contexto. Si yo le muestro una fotografía de una señora con un pañuelo blanco a cualquier argentino va a decir que es una madre de Plaza de Mayo pero si le muestro esa fotografía a un campesino en China va a leerla literalmente como que es una señora anciana con un pañuelo blanco, porque no va a saber lo que está alrededor.

-Esta idea de la no objetividad, donde uno hace su propio recorte de la realidad, ¿cómo afecta a los medios? ¿Cómo hace usted para fotografiar lo más neutral posible?

-Bueno, eso es un gran tema porque yo creo que, ante todo, uno fotografía para uno mismo, con su propia conciencia y es verdad, yo trabajé durante muchos años en medios periodísticos y esos medios tienen una línea editorial. Por suerte nunca sufrí una cuestión de censura dentro de los medios, sí lo sufrí en la época de Noticias Argentinas, en plena dictadura. Era una autocensura que hacía adentro la misma agencia para seguir subsistiendo y no ser clausurada. Ciertas fotos se podían sacar, ciertas fotos no se podían sacar. Mi fotografía de los militares mirando a cámara que es la tapa de Imágenes apuntadas fue una foto que yo saqué en el 81 y que no se publicó. Era una foto que, cuanto menos, iba a ser burlona u ofensiva para el ejército y entonces la agencia decidió no publicarla.

-¿Qué rol juega el instinto en la fotografía?

-Enorme. El otro día alguien me comentó, hablando de la fotografía y de los fotógrafos, que los fotógrafos en la época de la dictadura y en los primeros años de la democracia eran como la Infantería de la sociedad y me gustó ese término. Eso de estar delante de la gente porque éramos los que podíamos fotografiar algo para que se viera, para que los demás lo pudieran ver. Yo creo que hay que estar ahí y que el instinto y la curiosidad te llevan. También la fotografía de prensa, la fotografía documental, tiene una enorme cuestión con la suerte: hay veces que uno puede tener su instinto, puede estar ahí pero la suerte te juega una buena pasada. Lo que me pasó a mí con la foto de Maradona en el Estadio Azteca. Llegué tarde, estaba mal ubicado, por estar mal ubicado estaba como desesperado porque tenía pocas fotografías y tenía que transmitir mis fotografías en la agencia Noticias Argentinas y entonces estaba fotografiando casi desesperadamente y tenía la cámara en el ojo, que la mayoría de los fotógrafos no la tenían.

Maradona convierte su famoso gol con la mano frente a Inglaterra en el Mundial de México, en 1986. La foto es de Longoni.
Maradona convierte su famoso gol con la mano frente a Inglaterra en el Mundial de México, en 1986. La foto es de Longoni.

-¿Se puede lograr ser invisible con aquel al que uno está fotografiando?

-Se puede lograr, tal vez, con algunos personajes a quienes uno fotografía mucho. Yo hice un libro con Sábato y otro con Mario Benedetti y logré pasar desapercibido o que la cámara pasara desapercibida porque hablábamos tanto que las cámaras siempre estaban. Ahora, en el caso de la foto a los militares que miran a cámara, el secreto de la cuestión es que no me están mirando a mí sino que están mirando a un General que está detrás mío y yo soy transparente en ese caso, como una especie de vidrio.

-¿Las cámaras invaden la intimidad?

-Una de las virtudes que creo que tiene que tener el fotógrafo es tratar de pasar desapercibido. Me parece que el mejor fotógrafo es el fotógrafo invisible. El hombre invisible. Uno puede pasar desapercibido a veces por estar mucho tiempo en contacto con esa persona y otras veces tratar de hacer pocas fotos. Yo tengo como máxima hacer muy poquititas fotos de cada situación. Me parece que ahí hay como un aprendizaje, como decía Cartier Bresson, y es que la cámara es como una libreta de apuntes. Yo creo que si uno va tomando apuntes todo el tiempo y está con la cabeza gacha tomando apuntes, se pierde la realidad. Para mí la cámara es importante pero también es muy importante el hecho que secunda la fotografía, todo lo que uno hace para llegar a una foto. Entonces, cuando uno está seguro de lo que quiere hacer, me parece que pocos disparos son mejores que muchos tipos ametralladora, como se fotografía hoy con las cámaras digitales o con los teléfonos, que la gente hace tantas fotos que después es imposible verlas.

-¿Qué le pasa con una imagen como la de Iván Ruíz donde la mamá de repente encontró la esperanza en una foto suya?

-Bueno. Eso es una escena muy escalofriante de La Tablada, donde están fotografiados dos de los guerrilleros que toman el regimiento, Iván Ruíz y José Alejandro Díaz, que finalmente desaparecen. Obviamente, cuando yo hice esa fotografía no sabía quiénes eran esos guerrilleros, sabía solamente que eran guerrilleros que se estaban rindiendo y para mí la fotografía era importante porque estaban los dos bandos por primera vez juntos. Eso fue a media tarde del 23 de enero del 89, cuando el Ejército empieza a recuperar el cuartel. Esa foto se resignifica porque pasó mucho tiempo hasta que la mamá de Iván Ruíz me contactó a mí para decirme "yo creo que en tu foto está mi hijo y ahí está vivo". Ella había visto publicada solamente una foto y reconstruimos con las diapositivas, yo en ese momento hacía foto con diapositiva porque tenía una agencia propia y trabajaba para revistas, que en ese momento consumían diapositivas a color. Entonces armamos la secuencia en donde se ve que ellos se rinden y después se los llevan para adentro del cuartel y yo ya los pierdo de vista. Muchas veces ocurre que una fotografía se transforma de documento periodístico en documento judicial; de alguna manera esa foto sirvió para que los familiares de los muertos y de los desaparecidos en La Tablada llevaran el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y esta estudiara el caso y condenara al Estado argentino por la desaparición de estos cuatro guerrilleros argentinos. Ahora hace menos tiempo, en 2015, la Corte Suprema argentina reabrió el caso basándose en esa foto como documento judicial.

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