François Jullien (Embrun, 1951)
François Jullien (Embrun, 1951)

La mejor manera de acceder a un pensamiento ajeno tal vez consista en examinar los presupuestos que apuntalan el propio. François Jullien volvió a ponderar cuestiones cruciales de la tradición occidental a través de un contacto íntimo con el pensamiento y el lenguaje chinos. Lo hizo sin recaer jamás en el exotismo, con la honestidad intelectual que le confiere su doble condición de filósofo y sinólogo (en griego, "China" se escribe "Sína", de ahí la denominación de quienes se dedican a estos estudios). Así, Jullien ha escrito libros sutiles sobre la filosofía del I Ching o sobre las artes de la guerra y la estrategia. Entre muchos otros trabajos, propuso conceptos para renovar la tradición psicoanalítica, reconsideró la categoría de la "intimidad" y examinó la tradición pictórica del desnudo, no sin confrontarla con la renuencia del arte chino a ponerlo en escena. Un resultado reciente de estos entrecruzamientos es Vivir existiendo. Una nueva ética (Gallimard, 2016), el libro cuya versión en castellano este año difunde El cuenco de plata, en rigurosa traducción de Silvio Mattoni.

Esta  "nueva ética", sobre la que gira la conversación que Jullien concedió a Infobae Cultura, también incorpora a la discusión la sabiduría oblicua de los antiguos textos chinos. Pero su erudita predilección por esta vertiente del pensamiento no le impide reconocer algunas de sus carencias. Del mismo modo, su luminosa aceptación del mundo tal cual es tampoco le permite ignorar la fecundidad de sus facetas sombrías. En el segundo capítulo de Vivir existiendo, de hecho, Jullien destaca que una exigencia propia de la filosofía consiste no soslayar lo negativo. Es preciso ponerlo de relieve, e incluso honrarlo: al resistirnos a lo negativo, desarrollamos nuestra capacidad de existir y nos promovemos como sujetos. De allí que "existir" y "resistir" vayan de la mano: de esa tensión, sostiene, resulta la intensidad de toda existencia.

– En su libro, usted dialoga con muchos otros pensadores y filósofos, tanto chinos como occidentales. Frente a ese diálogo con la tradición, ¿en qué rasgo fundamental radicaría la novedad –o discontinuidad– de esta "nueva ética"?

-Este título de Nueva ética es, por supuesto, una respuesta a la Ética de Spinoza. Yo me separo de ella porque Spinoza permanece dentro del pensamiento clásico de la positividad y yo entiendo la "existencia" como capacidad de "des-coincidencia", es decir, como capacidad de salir de la adecuación-adaptación que nos encierra en la positividad del mundo. En otras palabras, apelo al recurso de lo negativo, pero sin restringirme a la dialéctica hegeliana, que se traiciona a sí misma a causa de su compromiso con la finalidad y se resuelve, o se reconcilia, bajo la figura del "Saber absoluto".

La meditación de Vivir existiendo se escande en nueve etapas, rubricadas por nueve conceptos (o pares de conceptos), que a su vez responden a una serie de interrogantes. Así, por ejemplo, como acabamos de ver, la pregunta por lo negativo engendra la noción de "resistencia" en el capítulo segundo. O en el sexto, el interrogante acerca de si hay que esperar vivir mucho tiempo se refleja en lo que Jullien, de la mano del poeta Paul Éluard, llama "el duro deseo de durar". No todos los conceptos son parejamente felices, ni todos los interrogantes fascinan por igual: a veces hay preguntas más interesantes que los conceptos que alumbran y, en otras ocasiones, los conceptos son más fecundos que el interrogante que los hace emerger. Pero el libro interpela por el compromiso con cada una de esas etapas y por la suave cadencia de su prosa, que acompaña los movimientos graduales de la argumentación.

Jullien considera que el lenguaje tiende a falsear la experiencia por la vía de la abstracción. Por eso pone en marcha más de una operación –neologismos, distinciones léxicas, reformulación de frases cotidianas– con el fin de mantener su escritura "al ras de lo vivido". La prosa de la filosofía debe apuntar a "describir", a atenerse a las cosas mismas, negándose a desbordarlas mediante la imposición de conceptos. Aquí el procedimiento de Jullien se inscribe en un doble linaje: por un lado, remite a la descripción fenomenológica, fiel a su lema de "volver a las cosas mismas"; por otro, a lo que el Wittgenstein de las Investigaciones filosóficas también llamó "descripción" –como opuesto a la "explicación"–, una práctica que el filósofo austríaco consideraba indisociable del análisis del lenguaje.

– En el séptimo capítulo de su libro, usted propone la noción de descripción para dar cuenta de la experiencia. ¿Cree que tal procedimiento es posible en sentido estricto? ¿O más bien debe pensarse como un ideal regulativo?

– Se trata de no traicionar la experiencia al dejar que una construcción ideológica la recubra. De donde proviene este esfuerzo por pensarla "al ras de lo vivido", es decir, despegándose de ella lo menos posible: en principio, en lo que respecta al lenguaje y a la abstracción de las palabras. ¿Se trata por lo tanto de un "ideal" o de una idea "reguladora", en el sentido kantiano? Más bien es una exigencia que, efectivamente, nunca puede ser satisfecha, pero que mantiene en tensión el espíritu y la capacidad de escritura. Pues, incluso si no se dedica a describir, la filosofía se escribe, por lo cual entra en contacto con la literatura.

En Vivir existiendo, en efecto, la filosofía se alía estrechamente con la literatura, y en particular con la novela, un género muy atento al concreto aquí y ahora de las vidas que narra. ¿Superioridad de la literatura, que se ocupa eximiamente de describir, frente a la filosofía? ¿Qué lugar específico quedaría para el discurso filosófico, al margen de lo que Jullien denomina construcción teórica?  Ahora es el escritor francés quien no tarda en despejar estas dudas:

– A partir de los griegos, la filosofía tomó partida por lo general (lo conceptual) y por la claridad. Ahora bien, la literatura, sobre todo en la época moderna, es una apasionada exploración de lo singular y de lo ambiguo. Sus caminos son, pues, divergentes, incluso opuestos. Sin embargo, yo intento pensar lo "íntimo" o la "existencia" de manera conceptual, o más bien al límite del concepto, es decir, sin perder eso que tienen de propiamente singular y ambiguo. De ahí la tensión de mi escritura.

Emmanuel Lévinas (1906-1995), uno de los filósofos cuya contribución a la ética se retoma en “Vivir existiendo”
Emmanuel Lévinas (1906-1995), uno de los filósofos cuya contribución a la ética se retoma en “Vivir existiendo”

En el octavo capítulo de su Ética, Jullien indaga aquellas vivencias que, sin presuponer otro mundo más allá de la realidad efectiva, de algún modo rebasan sus presupuestos. En otros términos: ¿cuáles son esas experiencias que, sin desdoblarlo metafísicamente, instauran en el mundo una grieta para que irrumpa otro plano de la existencia? La mera contemplación de un paisaje puede llegar a ilustrar esa fractura en la inmanencia del mundo. Pero también ocurriría algo semejante en todo genuino encuentro con el Otro, así como en el éxtasis de la experiencia sexual. (En este último caso, Jullien reconoce su deuda con la fenomenología de lo erótico de Jean-Luc Marion y con las teorías de Jacques Lacan en su polémico Seminario Aún.)

– Según su planteo, "lo sexual" es una de las vías que abren una brecha dentro de la experiencia. En particular, usted postula una heterogeneidad radical del deseo sexual respecto de los restantes deseos. ¿Podría explicar esa idea?

– Es así, en todo caso, como yo comprendo la famosa fórmula de Lacan: "No hay relación sexual"; o las mujeres nunca son "todas". Es en eso en lo que se distingue, como lo ha pensado Georges Bataille, el erotismo humano. Es cierto que la tradición filosófica no se aplicó a separar el deseo sexual de los otros deseos, exceptuando algunos destellos (el Fedro de Platón). Porque el deseo que llamamos sexual no se contiene dentro del límite del placer, sino que fuerza a pensar, desbordando el placer, aquello que puede ser el goce. Así, en el goce, el límite se traspasa o más bien se desafía, el propio goce cae en el sufrimiento, etc. En todo caso, no se mantiene dentro de la lógica de la satisfacción. Esta dimensión de desborde me parece propia del deseo llamado sexual y es la que abre al pensamiento de la "ex-istencia", es decir, a la capacidad de "mantenerse fuera" del condicionamiento de la experiencia.

Martin Heidegger (1889-1976) / Jean-Paul Sartre (1905-1980)
Martin Heidegger (1889-1976) / Jean-Paul Sartre (1905-1980)

Al separar así esta palabra tan usual –"ex-istencia"–, Jullien retoma una vieja discusión del siglo XXAl comienzo de Ser y tiempo (1927), Martin Heidegger se dedicó a caracterizar al Dasein, palabra con que el filósofo alemán nombraba el existente humano, con la intención de apartarse del modo secular con que venía pensándolo la metafísica y la antropología filosófica. No vaciló en sostener que, en el caso del Dasein, su "esencia" radicaba en la existencia. Pero las comillas que matizaban la palabra "esencia" parecen habérsele escapado a Jean-Paul Sartre y así, en una conferencia que dio en 1946 (El existencialismo es un humanismo), el pensador francés lanzó una de sus muletillas más célebres, según la cual "la existencia precede a la esencia".

Heidegger no tardó en rectificar esa interpretación en su Carta sobre el humanismo (1947), donde acusó a Sartre de limitarse a invertir la frase, mientras seguía adoptando las palabras en el sentido trillado de la metafísica. Y para apartarse de la noción usual de existencia, propuso enfatizar  y disociar los componentes etimológicos del término alemán mediante una notación anómala ("Ek–sistenz"). Así, mientras que la raíz verbal evocaba los sentidos de "estar de pie, mantenerse", el prefijo ponía en jaque esa estabilidad a través de la idea de un movimiento "hacia afuera", "a partir de". En la estela de este complejo recorrido, Jullien viene a radicalizar la tesis de Heidegger –la existencia concebida como apertura de las posibilidades y desborde de las determinaciones–, pero sin que su filosofía se comprometa, en ningún momento, con un pensamiento del Ser.

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)
Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)

El triángulo que forman los verbos ser, vivir y existir –o, más bien, la intromisión de la existencia entre la tácita rivalidad que sostienen el ser y el vivir– es el objeto privilegiado del noveno y último capítulo de la Ética de Jullien. Esa cuestión ocupó uno de los momentos decisivos de Las ensoñaciones del paseante solitario (1778), obra tardía e inconclusa de Jean-Jacques Rousseau. Al preguntarle por la presencia de este texto en dos momentos fundamentales de su recorrido argumental, Jullien nos responde con contundente brevedad:

Rousseau me interesa por la brecha que abre respecto de la filosofía clásica y de su comodidad conceptual. Además, es él quien hace entrar el tema de la ex-istencia, distinguida del ser, en el pensamiento moderno. Él nos hace pensarla en su capacidad de experiencia, recordando el éx-tasis griego, pero sin convocar nada religioso.

Zhuangzi (aprox. 370 a. C. – 286 a. C.)
Zhuangzi (aprox. 370 a. C. – 286 a. C.)

– ¿Qué ocurre, sin embargo, con la existencia cuando la propia vida se extiende más allá de lo planeado? ¿Por qué en Occidente el pensamiento de la longevidad supone, según sus propias palabras, un "cambio de paradigma"?

– La tradición occidental ha pensado en términos de  un "ser" eterno y de un "devenir" condenado a lo efímero. No ha pensado, pues, la duración en su capacidad propia. El pensamiento chino, por el contrario, que no ha pensado en términos de "ser", ni tampoco de "devenir", desarrolló un pensamiento de los procesos o, mejor, de la procesualidad y de su regulación (el tao chino). Es por eso que el pensamiento chino pensó la "vida larga" (chang sheng) y no la inmortalidad. Ahora bien, este pensamiento de la durabilidad es un pensamiento nuevo en Europa y en Occidente: nos hace salir de la metafísica del Ser para responder a la nueva exigencia de la ecología.

– Me gustaría preguntarle, finalmente, cuáles serían las consecuencias políticas de su nueva ética de la existencia, ya que no llegan a desarrollarse en su libro.

– No soy uno de esos intelectuales –los de la generación precedente– que enarbolen de entrada una posición política. Siempre temo que eso sea un poco teatral y forzado. Para mí, lo político radica en las consecuencias: el pensamiento de la existencia es, como lo he indicado, un pensamiento de la resistencia. Mantenerse "fuera" del mundo –es decir, no dejarse encerrar en el condicionamiento del mundo, pero reconociéndose al mismo tiempo inmanente al mundo– es el punto de partida de una posición política: una posición de des-adherencia frente al conformismo ideológico y de lo que llamo des-coincidencia. Es por eso que yo comencé mi camino como filósofo yendo de Grecia a China: para descoincidir con la ideología ambiente e intentar reabrir nuevos caminos en el pensamiento. Porque el desafío de lo político consiste, de entrada, en abrir nuevos posibles.

Vivir existiendo. Una nueva ética, de François Jullien, fue publicado por El cuenco de plata. El viernes 29, a las 18, está programado el encuentro con lectores y firma de ejemplares en la librería Waldhuter (Av. Santa Fe 1685). La presentación del libro se llevará a cabo, con presencia del autor, el martes 3 de julio a las 19, en la Alianza Francesa (Av. Córdoba 946).

** El sábado 30, en la Sala Federal del CCK (Sarmiento 151), Jullien dará dos conferencias en el marco de La noche de la filosofía: "Tan cercano, tan otro. ¿Qué significa encontrarse?"(a las 20) y "Una segunda vida o qué significa salir adelante" (a las 23).

 *** Junto a Françoise Gorog y Tomás Abraham, François Jullien también participará en un diálogo moderado por Alberto Manguel. Bajo el título "Una historia de ida y vuelta: filosofía y psicoanálisis en las dos orillas", tendrá lugar en el Auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional (Agüero 2502), a las 18. Todas estas actividades tienen entrada libre y gratuita.

 

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