
Cuando Toy Story se estrenó en 1995, el enemigo era otro juguete. Más de 30 años después, la película plantea una amenaza distinta: las pantallas.
Pixar presentó el tráiler oficial de Toy Story 5 y colocó a pantallas y tecnología en el centro del conflicto: la nueva amenaza para Woody, Jessie y el resto de los personajes ya no es otro juguete, sino el tiempo que Bonnie dedica a una tablet, un giro que conecta la película con el debate actual sobre cómo los dispositivos impactan en la salud mental en la infancia.
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En el tráiler de la película, Bonnie recibe un paquete con una tablet con forma de rana llamada Lilypad y su atención queda absorbida casi de inmediato, mientras desliza y toca la pantalla, dejando de lado sus juguetes analógicos. Woody también explicita el nuevo problema de la historia. “No lo sé, Jessie. Los juguetes son para jugar, pero la tecnología es para todo”, dice el personaje en el tráiler.
La historia dialoga con una discusión que ya está instalada fuera del cine: padres y especialistas intentan enfrentar a las pantallas, que están impactando gravemente en la salud mental de niños y jóvenes.
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En diálogo con Infobae, Florencia Alfie (MN 47873), licenciada en Psicología egresada de la Universidad de Buenos Aires (UBA), destacó que le parece muy interesante que una película tan emblemática como Toy Story aborde este tema: “Refleja la preocupación de muchas familias sobre el lugar que ocupa hoy el juego tradicional frente al avance de las pantallas. Los juguetes en la infancia dan rienda suelta a la imaginación, a la fantasía, a la creatividad. Cuando un niño tiene en sus manos un muñeco, una pelota o unos bloques, crea historias, inventa roles y reglas, y pone en juego su mundo interno. En cambio, la tecnología ofrece todo resuelto y vuelve el juego más pasivo".
“Que Toy Story plantee este conflicto permite abrir conversaciones necesarias entre padres e hijos sin caer en extremos. La tecnología llegó para quedarse, pero no significa que debamos perder espacios de encuentro, de aire libre, y de juego creativo, corporal y compartido con otros", advirtió la psicóloga.
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Por su parte, la doctora Sara Zusman de Arbiser -médica psicoanalista, miembro titular y didáctico de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), especialista en bebés, niños y adolescentes; y coordinadora de la Comisión de Cineanálisis- explicó a Infobae que la tecnología es muy útil para comunicarnos por WhatsApp, videollamada, zoom y otras plataformas. “El encuentro presencial es superior en los vínculos de todo tipo”, remarcó.
Desde Pixar han aclarado que el objetivo de Toy Story 5 es plasmar una preocupación real y vigente, tal como en otras entregas abordaron el miedo al reemplazo o el duelo. El guion pretende generar empatía en niños y adultos, así como propiciar un diálogo intergeneracional sobre el uso responsable de la tecnología en el ámbito familiar.
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Las diferencias entre jugar con un juguete y una pantalla

Para Alfie, cuando un niño juega con un juguete analógico como autos, muñecos, masa o juegos de mesa, “participa activamente, crea, imagina, mueve el cuerpo, explora, prueba, se frustra y resuelve. Este tipo de juego favorece la creatividad, la motricidad, el lenguaje, la paciencia y las habilidades sociales".
En cambio, las pantallas suelen ofrecer una experiencia más pasiva. "El niño recibe mucho contenido, pero crea menos. También hay una diferencia importante en el vínculo con otros. El juego tradicional suele invitar al encuentro, a compartir, esperar turnos, negociar, mirar al otro. En cambio, las pantallas muchas veces aíslan o reducen la interacción cara a cara", señaló la psicóloga.
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Por su parte, la doctora Zusman de Arbiser afirmó: “La posibilidad de jugar con analógicos permite vivencias corporales y sociales que actúan en la estimulación del aparato psíquico del niño. Las pantallas, tablets y celulares, en cambio, son ‘aplanadoras cerebrales’. La pantalla aplana el pensamiento y debilita el lazo social".
Y completó: “A chicos de un año les dan una tablet y se fascinan. Después les dan un celular para que se entretengan y no molesten. No les leen cuentos de un libro y sólo tienen imágenes de las pantallas. Siguen siempre con pantallas y con el tiempo no les interesa leer ni incorporar conocimientos nuevos".
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La experta afirmó que el juego constituye una actividad fundamental durante la infancia. Señaló que el juego estimula la creatividad y que, al interactuar con otros niños y con juguetes analógicos, los menores generan contenidos, elaboran situaciones traumáticas y establecen vínculos sociales. Según la especialista, las pantallas generan efectos adictivos e hipnóticos. Advirtió que, en la primera infancia, exponer a un niño a las pantallas perjudica el desarrollo de su creatividad. También señaló que esto puede dificultar el aprendizaje de la escritura en cursiva, la lectura y llevar a una dependencia de los dispositivos electrónicos.
El impacto de las pantallas en los chicos

Según varios estudios de investigación, el exceso de tiempo frente a pantallas se ha relacionado con retrasos en el desarrollo de habilidades sociales y con problemas de atención y de conducta. Esas preocupaciones han llevado a algunos gobiernos a avanzar hacia prohibiciones del uso de redes sociales para menores de 16 años, como ocurrió en Australia y ahora propone hacer Reino Unido.
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Una investigación internacional, que analizó casi 300.000 niños en 117 estudios, determinó que pasar demasiado tiempo frente a dispositivos electrónicos podría tener consecuencias negativas en el desarrollo emocional y conductual de los niños.
El estudio, que fue publicado por la Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés), se enfocó en niñas y niños de hasta 10 años, durante seis meses, lo que aporta mayor solidez a la relación causa-efecto encontrada. Los resultados revelaron una relación bidireccional. Por un lado, los menores que más tiempo pasan con dispositivos electrónicos presentan un mayor riesgo de desarrollar problemas socioemocionales. Por otro lado, los niños que ya enfrentan estas dificultades tienden a incrementar su uso como mecanismo de evasión.
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Para Alfie, el problema aparece cuando ocupan un lugar excesivo o reemplazan otras experiencias necesarias para el desarrollo infantil, como el juego libre, el movimiento, el contacto social o el descanso. “Hoy vemos que muchos niños están sobreestimulados y pasan de un video a otro, de un estímulo a otro, sin pausa. Esto impacta en la tolerancia a la frustración, la concentración, la regulación emocional e incluso en el sueño. También observamos más irritabilidad, ansiedad y dificultad para desconectarse“, alertó.
Además, la psicóloga señaló que las pantallas generan gratificación inmediata: “Todo sucede rápido, con imágenes llamativas y recompensas constantes. El problema es que la vida real no funciona así y esperar, imaginar o resolver conflictos requiere tiempos más lentos".
Agregó que las pantallas forman parte de la vida cotidiana y no resultan buenas ni malas en sí mismas. Explicó que no se trata de demonizar la tecnología, ya que también aporta aprendizaje, entretenimiento y conexión. Según la especialista, el desafío para los padres consiste en acompañar el uso de estos dispositivos, establecer límites saludables y evitar que las pantallas se transformen en la principal herramienta para calmar, entretener o vincularse con los niños.
Recomendaciones para los padres

En relación a esta problemática la psiquiatra Geraldine Peronace, especialista en adicciones, (MN 110.541) mencionó en una nota en Infobae, que en 2024, la Sociedad Española de Pediatría recomendó de 0 a 6 años, cero uso de pantallas”. En cuanto a los niños mayores de seis años, advirtió que su uso debe ser muy limitado: “Con suerte una hora”.
Por su parte, la doctora Zusman de Arbiser aconsejó que los padres les den celulares a los niños lo más tarde posible: “Los deben usar como máximo dos horas por día. Que los padres jueguen con los hijos a juegos de mesa y que también no usen los celulares cuando están con sus hijos porque es incitarlos a que los utilicen ellos también".
Alfie aconsejó también no pensar solamente en cuánto tiempo usan pantallas los chicos, sino también para qué las usan y qué están dejando de hacer por estar frente a ellas.

“También es importante que los adultos podamos revisar nuestro propio vínculo con el celular. Los niños aprenden mucho más de lo visto que de lo oído. A veces les pedimos que apaguen la pantalla mientras nosotros estamos mirando el teléfono", afirmó la psicóloga.
Otro punto clave es acompañar más que controlar: “Conversar sobre lo que consumen, a quién siguen, jugar con ellos, interesarse por sus contenidos, tratar de entrar en sus mundos”.
Y destacó que quizá lo más importante sea recuperar espacios de conexión real. “Comer sin celulares, jugar, aburrirse un rato, aprovechar los viajes en auto sin tecnología para conectar con escucha atenta, armar alguna salida libre de celulares, conversar antes de dormir. La salud mental infantil también se construye en esos pequeños momentos cotidianos“, concluyó Alfie.
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