Entrenamientos de furia: qué son, por qué son tendencia y qué impacto tienen en el estrés

La popularidad de las sesiones para liberar emociones mediante acciones intensas divide opiniones entre los expertos, mientras investigaciones recientes cuestionan su eficacia para reducir la ansiedad y mejorar el bienestar psicológico

El auge de los entrenamientos de furia transforma la oferta de actividades en gimnasios de Estados Unidos y Reino Unido (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El auge de los entrenamientos de furia lleva a establecimientos a ofrecer propuestas donde los participantes descargan su ira golpeando objetos o gritando, lo que ha abierto un intenso debate público sobre sus beneficios y riesgos.

Especialistas e investigaciones advierten sobre las consecuencias para la conducta y el bienestar, mientras la nueva presencia de estas actividades en el sector fitness plantea preguntas sobre su impacto. Las clases o rage rooms suelen justificarse como una vía válida para reducir el estrés, aunque el medio británico The Guardian informa que la evidencia no es concluyente.

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Qué son los entrenamientos de furia

Los entrenamientos de furia, cada vez más populares, consisten en ejercicios donde los asistentes descargan su rabia mediante acciones como golpear neumáticos de tractor con un mazo, usar sogas de alta resistencia o atacar sacos de boxeo mientras gritan.

Ilustración de una persona con casco y equipo de protección golpeando con un bate una pila de equipos electrónicos destrozados en una explosión roja y negra.
El debate sobre los entrenamientos de furia enfrenta a usuarios que defienden su utilidad contra expertos que alertan posibles consecuencias para la conducta (Imagen Ilustrativa Infobae)

En Knoxville, Tennessee, se ofrecen sesiones que animan a los asistentes a liberar su frustración de este modo, y en Newcastle, Inglaterra, hay propuestas equivalentes, incluso dirigidas exclusivamente a mujeres. Lauren Peters, participante habitual en Newcastle, expresó al medio británico The Guardian que la experiencia es “gutural y ruidosa, emocional y exactamente lo que todos necesitamos”.

Más allá de las clases grupales, existen los rage rooms: espacios donde, previo pago, la clientela puede destruir objetos como cerámicas o electrodomésticos con bates. El coste de estos locales y su notoria logística han llevado a varios gimnasios a adaptar versiones menos costosas dentro de sus rutinas habituales.

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A pesar de que muchos encuentran un alivio fugaz tras estas prácticas, estudios citados por The Guardian, provenientes de universidades como Iowa State University (Estados Unidos) y publicados en revistas especializadas desde 2002, ponen en cuestión el efecto real de este tipo de ejercicios. No hay consenso científico sobre su utilidad a la hora de transformar la ira en bienestar duradero.

Un hombre musculoso con camiseta gris oscuro golpea un neumático negro grande con un mazo pesado en un gimnasio. Se observan luces brillantes y un fondo de ladrillo.
Especialistas advierten que liberar la ira a través de ejercicios físicos no garantiza beneficios psicológicos o sociales a largo plazo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Debate sobre sus efectos en la conducta

Mientras algunos usuarios defienden la utilidad de los entrenamientos para gestionar emociones intensas, especialistas advierten sobre las consecuencias para la conducta y el bienestar. La idea de que actos agresivos controlados permiten canalizar emociones negativas ha sido ampliamente debatida en la psicología moderna.

En distintas ciudades de Estados Unidos y Reino Unido, los gimnasios ofrecen clases bajo el argumento de que liberar la ira mediante golpes o gritos puede ayudar a lidiar con el estrés. Sin embargo, diversos expertos consultados por el medio británico The Guardian insisten en que esta lógica carece de respaldo científico sólido, y subrayan la posibilidad de que tales sesiones refuercen patrones agresivos en lugar de mitigarlos.

El auge de estos entrenamientos, lejos de tratarse de una moda pasajera, apunta a una transformación de la experiencia del fitness, asociándola directamente al alivio emocional. Pero la mayoría de los análisis científicos sugieren cautela antes de incorporar de manera sistemática este tipo de actividades a la rutina.

Estudios científicos y posturas de expertos

Una persona se arrodilla en el centro de una sala oscura, rodeada de trozos de aparatos electrónicos y cables esparcidos por el suelo iluminado.
A pesar de la popularidad de las clases de rage, la evidencia científica sigue siendo insuficiente para recomendar su adopción sistemática en rutinas de fitness (Imagen Ilustrativa Infobae)

En 2002, Brad Bushman, investigador en psicología de la Universidad Estatal de Iowa, realizó un estudio clave sobre el manejo de la ira, publicado en la revista Personality and Social Psychology Bulletin y citado por The Guardian.

Según Bushman, golpear objetos para liberar la rabia no solo no disminuye el enojo, sino que puede incrementarlo. El análisis incluyó comparaciones entre quienes practicaban acciones físicas agresivas y quienes optaban por otras estrategias de manejo emocional.

Los participantes que permanecieron en silencio durante dos minutos, en vez de realizar acciones agresivas, presentaron los menores niveles de enojo. De acuerdo con Bushman, ensayar respuestas físicas cada vez que surge la ira podría condicionar al cuerpo y la mente a reaccionar con agresividad ante futuros episodios de frustración.

Frente a la evidencia recogida por instituciones como la Universidad Estatal de Iowa y las publicaciones en revistas académicas, la posición de expertos es que no existen pruebas contundentes sobre el beneficio real de estos entrenamientos para el bienestar psicológico o social.

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