El 0-0 que cambió las reglas del fútbol para siempre: “El partido más aburrido de la historia de los Mundiales”

La igualdad entre Irlanda y Egipto en Italia 1990 obligó a la FIFA a tomar cartas en el asunto para evitar que los espéctaculos se volvieran tediosos

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En Italia 1990, el duelo entre europeos y africanos cambió las reglas del fútbol

Fue en Palermo, bajo el sol del verano italiano, donde el fútbol llegó a su punto más bajo. El 0-0 entre República de Irlanda y Egipto en la fase de grupos del Mundial de Italia 1990 no fue solo un partido sin goles: fue el encuentro más tedioso de la historia de las citas ecuménicas, un espectáculo tan apagado que terminó por reescribir las reglas del juego.

Aquel duelo condensó todo lo que el fútbol puede tener de oscuro, estrictamente hablando desde la faceta del juego. Italia 90 ya cargaba con el promedio de gol más bajo de la historia mundialista -apenas 2,2 tantos por partido- y el cruce entre irlandeses y egipcios fue su expresión más cruda. Dos selecciones que no querían ganar, que tampoco querían perder, y que encontraron en la quietud su única táctica.

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La imagen que quedó grabada en la memoria colectiva fue siempre la misma: los defensores le devolvían la pelota al arquero, el arquero la tomaba con las manos, caminaba unos segundos y despejaba largo. Egipto abusó de esa secuencia durante buena parte del partido, e Irlanda terminó imitándolo porque el empate le alcanzaba para mantener sus chances de clasificación.

Caricatura de un partido de fútbol entre Irlanda y Egipto con jugadores pasivos sentados o de pie, un portero sonriente y aficionados aburridos en las gradas.
Representación de lo aburrido del partido (Imagen Ilustrativa Infobae)

El arquero irlandés Packie Bonner llegó a retener la pelota durante varios minutos acumulados a lo largo del encuentro, mientras las tribunas contemplaban algo que ya no parecía fútbol.

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Quizás, y solo quizás, fue en el segundo tiempo cuando existieron las oportunidades más peligrosas del partido. El elenco irlandés apenas incomodó al guardameta egipcio Ahmed Shobeir que resolvió con solvencia el par de intentos británicos de vulnerar su valla. Los africanos, por su parte, recién remataron a los 85 minutos, en un tiro que se fue por arriba del travesaño.

El duelo fue un verdadero reto para los compactos televisivos. De hecho, en uno de los tantos resúmenes de la época, se puede escuchar en uno la frase en español: “Las jugadas que vemos son lo menos malo del partido”. Otros compilados optaron por nombrar al cotejo como “El partido más aburrido de la historia de los Mundiales” o “El peor partido de la historia de los Mundiales”. Cualquiera que sea la nomenclatura, está claro que se trató de un juego de pocas luces.

La repercusión fue tan negativa que la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) y la International Football Association Board (IFAB) decidieron actuar. En 1992, la IFAB prohibió que los arqueros tomaran con las manos un pase deliberado de un compañero de campo. La llamada “regla del pase atrás” obligó a los equipos a salir jugando, aceleró el ritmo de los partidos y transformó al guardameta en un futbolista completo, forzándolo a usar los pies tanto como con las manos.

Con el tiempo, la regla también favoreció el crecimiento del fútbol de posesión. Los delanteros empezaron a presionar más arriba, los defensores debieron mejorar técnicamente y surgieron arqueros capaces de jugar con los pies. Todo ese linaje de transformaciones tiene su origen en un partido que nadie quiso recordar, pero que nadie pudo olvidar.

La ironía es que Irlanda, protagonista de aquel 0-0 que cambió el fútbol, vivió en Italia 90 la campaña más gloriosa de su historia. En su primera participación mundialista, el equipo dirigido por Jack Charlton empató los tres partidos de la fase de grupos, eliminó a Rumania por penales y llegó hasta cuartos de final, donde cayó ante la Italia de Totó Schillaci. Apenas convirtió dos goles en todo el torneo, y aun así llegó más lejos que casi todos.

La selección irlandesa había dado señales de su crecimiento ya en la Eurocopa de 1988, y en las Eliminatorias perdió apenas un partido y recibió solo dos goles. El empate ante Inglaterra en el debut del Mundial fue celebrado como una hazaña nacional, y la clasificación desató festejos masivos con caravanas y homenajes que permanecen en la memoria colectiva del país.

Egipto, por su parte, no pudo acceder a la siguiente ronda del Mundial de Italia. El conjunto africano terminó con solo dos puntos y un solo gol a favor, aquel que marcó en el debut frente a Países Bajos que finalizó 1-1. En el último partido de la fase de grupos, cayó 1-0 con Inglaterra y selló su suerte. Paradójicamente, si los dirigidos en ese entonces por Mahmoud El-Gohary convertían un gol, hubiesen forzado a un cuádruple sorteo, ya que todos los equipos habrían finalizado con tres unidades y la misma cantidad de goles recibidos y anotados

De hecho, el segundo puesto sí se definió por el azar, debido a que neerlandeses e irlandeses finalizaron igualados en todo. La moneda cayó para el lado de los británicos que se quedaron con la posición de privilegio; mientras que la Naranja de todas formas se clasificó a los octavos de final, puesto que terminó como uno de los mejores terceros. Vale recordar que en ese entonces eran solo 24 selecciones las que participaban del Mundial.

El fútbol, a veces, necesita tocar fondo para recordar por qué existe. Aquel 0-0 en Palermo fue ese fondo: 90 minutos sin alegrías que, paradójicamente, despertaron al juego de su letargo. El partido que nadie quiso jugar terminó siendo el que más cambió las reglas. Y eso, a su manera extraña, también es historia.

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