
El uso pasivo de herramientas de inteligencia artificial en el trabajo puede debilitar la confianza en el pensamiento propio, según un reciente estudio publicado por TIME. Sin embargo, cuando los empleados interactúan de manera activa con la tecnología y cuestionan sus sugerencias, refuerzan su autoconfianza y el sentido de pertenencia sobre los resultados obtenidos.
Un estudio en Estados Unidos y Canadá halló que la inteligencia artificial afecta la confianza laboral dependiendo de cómo se utilice. Las personas que aceptan pasivamente las respuestas de la IA tienden a perder seguridad en su criterio, mientras que quienes la desafían o editan sus propuestas mantienen e incluso potencian su capacidad de juicio y autonomía profesional.
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La investigación incluyó a cerca de 2.000 trabajadores adultos y evidenció que quienes delegan el “trabajo mental” en sistemas como ChatGPT o Gemini experimentan una menor confianza en su razonamiento y una percepción reducida sobre la autoría de sus ideas. En contraste, aquellos que editan, cuestionan o rechazan las respuestas generadas por la inteligencia artificial reportan mayor seguridad en sus capacidades y una sensación de control más sólida respecto a los resultados.
La autora principal, Sarah Baldeo, especialista en inteligencia artificial y neurociencia en Middlesex University, indicó a TIME que la relación entre la IA y el pensamiento humano no es estática. “La inteligencia artificial generativa puede provocar tanto un desgaste como una evolución cognitiva: el impacto depende de la forma en que la utilicemos”, explicó.
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Y añadió que las variaciones en la actividad cerebral ligadas al uso de estas herramientas obedecen sobre todo al estilo de interacción elegido por la persona.
Impacto de la inteligencia artificial en la confianza laboral

El estudio revela que no todas las tareas profesionales se ven igual de afectadas por el uso de la inteligencia artificial. Los participantes tendían a delegar su razonamiento en la IA, especialmente ante actividades que exigen planificar o estructurar acciones en varios pasos. En esos casos, la tarea suele percibirse como menos propia.
Por el contrario, en actividades personales o introspectivas, como reflexionar sobre experiencias individuales o valorar características propias, los trabajadores mostraron mayor decisión para cuestionar las respuestas de la tecnología y confiar en su propio juicio.
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La experiencia profesional es otro factor relevante. Los empleados con mayor trayectoria —los denominados trabajadores senior— tenían más tendencia a modificar o ignorar las propuestas de la inteligencia artificial y reportaron niveles notoriamente superiores de confianza en sus capacidades frente a sus colegas con menos antigüedad.

Esta diferencia sugiere que la experiencia puede servir como protección ante la dependencia excesiva de la inteligencia artificial, según TIME. Las personas con mayor dominio del ámbito laboral tienden a verificar los resultados proporcionados por la tecnología y a conservar su sentido de control profesional.
Ethan Mollick, profesor asociado en la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania y experto en IA aplicada al trabajo, advierte: “Si la inteligencia artificial resuelve un problema por nosotros, dejamos de pensar y no aprendemos”. A la vez, remarca que “cuando actúa como mentor o guía y desafía a las personas, los resultados mejoran”.
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El papel de la interacción activa con la IA según expertos
Los especialistas consultados por TIME coinciden en que la inteligencia artificial no representa una amenaza en sí misma. El verdadero riesgo depende de las decisiones individuales respecto al modo de utilizarla. Mollick sostiene que los usuarios suelen optar por el esfuerzo mínimo, lo que facilita un uso pasivo y promueve una cesión inadvertida de habilidades cognitivas.
El profesor expone que este fenómeno no es novedoso: con la llegada de nuevas tecnologías, como las calculadoras, las personas han decidido renunciar a ciertas competencias. “Todos dejamos de practicar algunas habilidades porque ya no resulta necesario, pero mantenerlas exige una decisión consciente”, recalca Mollick.
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La autoestima profesional también influye en el modo de usar la tecnología. Baldeo señala que quienes confían más en sus capacidades tienen mayores posibilidades de emplear la inteligencia artificial de manera saludable. Por el contrario, quienes presentan inseguridad deberían evitar depender de la tecnología: una delegación excesiva refuerza la incertidumbre y debilita la percepción profesional.
Consejos prácticos para un uso saludable de la inteligencia artificial en el trabajo
Los expertos proponen estrategias específicas para reducir el riesgo de perder capacidades cognitivas. Mollick recomienda decidir conscientemente qué tareas afrontar sin asistencia tecnológica y evitar delegar sistemáticamente en la inteligencia artificial. Según él, “incluso si el proceso requiere más esfuerzo, puede resultar beneficioso para mantener la práctica”.
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Baldeo sugiere construir una base de comprensión sólida sobre la tarea antes de recurrir a la inteligencia artificial, lo que favorece una estructura cognitiva menos vulnerable a la dependencia.
Asimismo, recomienda interactuar activamente con la herramienta: modificar, preguntar y pedir aclaraciones a sus respuestas permite establecer un diálogo similar al que se tendría con un colega.

Entre las medidas recomendadas para quienes emplean inteligencia artificial, destaca la importancia de solicitar respuestas basadas en datos verificables y de pedir a la tecnología que evite el lenguaje halagador. “Puedes comunicarte con la IA como si se tratara de una persona”, afirma Baldeo a TIME.
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Además, insiste en que el intercambio frecuente y el abordaje crítico ayudan a mantener la mente activa y comprometida en el proceso, en lugar de quedar relegada.
Mollick aconseja no dejarse llevar por la “impresión inicial” que suelen causar las primeras respuestas de la inteligencia artificial. Si bien pueden parecer pulidas, no siempre son fiables. “Es fácil dejarse engañar por lo bien que aparecen las cosas, aunque en realidad no sean tan acertadas”, enfatiza el docente.
La publicación de TIME subraya que una actitud vigilante y un uso deliberado de la inteligencia artificial permiten aprovechar sus beneficios sin renunciar a las habilidades cognitivas ni a la autonomía personal.
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Aunque la inteligencia artificial está cada vez más presente en el ámbito laboral, la potestad de asignar tareas a la tecnología depende de los individuos. Ser conscientes de cuándo y cómo utilizar estas herramientas marca la diferencia en la relación con ellas y en el desarrollo de nuestras propias capacidades.
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