
La evidencia científica más reciente desafía una de las creencias más arraigadas en el ámbito deportivo: la actividad sexual previa a la competencia no perjudica el rendimiento físico de los atletas varones altamente entrenados.
Un estudio aporta datos concretos que invitan a revisar las recomendaciones clásicas dirigidas a quienes practican deportes de alto rendimiento.
El mito tradicional y su arraigo en el deporte
Durante décadas, la abstinencia sexual antes de una competencia fue un consejo habitual transmitido entre entrenadores y deportistas. Se sostenía que evitar las relaciones podía mejorar la concentración, preservar la energía e incluso optimizar la fuerza física.
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Esta creencia se consolidó por la falta de estudios específicos y por la transmisión oral de prácticas consideradas “sabiduría de vestuario”, afirman los expertos.
En la mayoría de los casos, los atletas aceptaban estas restricciones sin cuestionarlas, considerando que formaban parte del sacrificio necesario para alcanzar el máximo rendimiento. El temor a perder fuerza o foco mental antes de una competencia importante alimentó la difusión de esta idea, aún en ausencia de pruebas concretas.
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La investigación que desafió la costumbre
Una reciente investigación liderada por Diego Fernández-Lázaro y publicada en la revista Physiology & Behavior se propuso analizar esta afirmación en condiciones controladas.

El estudio incluyó a 21 atletas varones de alto nivel, con edades entre 18 y 25 años, provenientes de disciplinas como baloncesto, atletismo y judo. Cada participante fue evaluado bajo dos condiciones experimentales: en una oportunidad practicaron masturbación hasta el orgasmo treinta minutos antes de la actividad física, y en otra mantuvieron abstinencia sexual durante los siete días previos.
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El objetivo fue establecer si existían diferencias medibles en el rendimiento físico tras la actividad sexual o la abstinencia. Para ello, los investigadores diseñaron pruebas que permitieran comparar variables fisiológicas y de desempeño en ambos escenarios.
El enfoque multidisciplinario del equipo permitió un análisis detallado de factores que tradicionalmente se consideraban determinantes para el éxito deportivo, pero que carecían de evidencia empírica.
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Metodología y parámetros evaluados

Para evaluar la fuerza, se empleó un dinamómetro, que midió el agarre manual máximo de los deportistas. Posteriormente, los atletas completaron una prueba de resistencia en bicicleta estática, aumentando la intensidad cada minuto hasta el agotamiento.
Tras finalizar la actividad, los investigadores midieron los niveles de testosterona, cortisol y diversos marcadores de daño muscular e inflamación en sangre, permitiendo así un análisis riguroso de los posibles efectos fisiológicos inmediatos de la actividad sexual.
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El protocolo incluyó controles estrictos para asegurar que los resultados no se vieran influenciados por factores externos como la alimentación, el descanso o el horario de las pruebas. Todos los participantes siguieron rutinas similares en las horas previas a cada evaluación, lo que permitió atribuir los cambios observados exclusivamente a la variable sexualidad. Esta rigurosidad metodológica contribuyó a la solidez de los hallazgos.
Resultados: rendimiento sostenido y sin efectos adversos

Los resultados mostraron que los deportistas que tuvieron actividad sexual antes del ejercicio prolongaron el esfuerzo un 3,2 % más y exhibieron una leve mejora en la fuerza de agarre en comparación con quienes practicaron la abstinencia.
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“La actividad sexual poco antes de la práctica deportiva no afecta la fuerza ni la resistencia de los atletas masculinos bien entrenados, e incluso puede potenciar levemente el rendimiento físico”. Los investigadores también notaron que la actividad sexual funcionó como un “calentamiento” natural para el sistema nervioso, generando incrementos transitorios en la frecuencia cardíaca y las hormonas analizadas.
En el análisis de los marcadores inflamatorios y de daño muscular, no se detectaron diferencias negativas tras la actividad sexual. Por el contrario, se observó una ligera reducción del estrés muscular, lo que descarta la posibilidad de efectos perjudiciales inmediatos. Los cambios en los niveles de testosterona y cortisol fueron pasajeros y no se asociaron con impactos negativos en el desempeño físico o en la recuperación posterior al esfuerzo, consolidando la hipótesis de que la abstinencia no otorga ventajas fisiológicas.
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Limitaciones del estudio y perspectivas futuras

Los autores del estudio advierten que sus conclusiones aplican únicamente a hombres jóvenes de alto nivel competitivo y no pueden generalizarse a mujeres, atletas de otras edades ni a quienes practican deportes de manera recreativa. Consideran fundamental ampliar futuras investigaciones a muestras más diversas y disciplinas adicionales para validar y profundizar estos hallazgos en otros contextos deportivos.
Además, el equipo de investigación sugiere que sería relevante analizar el impacto psicológico de la actividad sexual en la motivación, el bienestar emocional y la gestión del estrés antes de las competencias. Estos factores podrían influir indirectamente en el rendimiento y merecen ser contemplados en futuros diseños experimentales que exploren la relación entre sexualidad y deporte desde una perspectiva integral.
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Repercusiones para el entrenamiento deportivo
Estos resultados, cuestionan la vigencia de las recomendaciones tradicionales que sugieren la abstinencia sexual antes de la competencia. La nueva evidencia impulsa la revisión de los consejos habituales en la preparación de los atletas, promoviendo el debate entre entrenadores, médicos y deportistas sobre prácticas que, hasta ahora, se transmitían sin respaldo empírico.
La ciencia derriba un mito profundamente arraigado y establece la necesidad de adaptar la preparación atlética a los hallazgos objetivos, dejando de lado creencias infundadas y abriendo la puerta a nuevas investigaciones sobre la relación entre sexualidad y desempeño deportivo. El paradigma cambia: los atletas y sus equipos cuentan ahora con información basada en datos y no en supersticiones.
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