
La viralización de un producto exótico en redes sociales impulsó a la industria alimentaria a innovar y adaptarse a las nuevas tendencias de consumo. Todo comenzó cuando un video sencillo protagonizado por un influencer degustó una barra de chocolate rellena de pistacho y masa filo en Dubái.
Este hecho detonó una fiebre global este año, lo que incrementó de forma notable la demanda de pistachos y obligó al sector a reaccionar con rapidez. Este fenómeno, conocido como el “chocolate de Dubái”, exhibió cómo tendencias alimentarias virales transformaron cadenas de suministro y hábitos de consumo en apenas semanas, según apuntó el estudio desarrolado por la Universidad de Oxford.

La viralización inició cuando un creador de contenido compartió su experiencia en redes sociales y catapultó el producto al escenario internacional. En cuestión de días, supermercados de diferentes países lanzaron versiones propias, mientras que surgieron productos con sabor a “chocolate de Dubái” en categorías como helados, donas, galletas y cafés. Esta expansión repentina reflejó el impacto de las tendencias digitales en la producción agrícola y la disponibilidad de insumos clave, especialmente del pistacho.
Además, el profesor Charles Spence, especialista en psicología experimental y coautor de “Digital Dining: New Innovations in Food and Technology”, atribuyó el éxito viral de este producto a factores sensoriales y sociales.
El contraste visual entre el verde intenso del pistacho y el marrón del chocolate volvió al producto un imán fotográfico, captando la atención de usuarios en plataformas digitales. Este efecto visual fomentó corrientes como la presentación estética de los platos y el uso de vajilla singular.

Sumado a esto, la barra ofreció una experiencia táctil única: mezcló relleno crujiente con chocolate cremoso, lo que generó un contraste de texturas atractivo incluso a través de la pantalla, aunque el espectador no podía probar el alimento.
Esta distancia física incentivó la búsqueda de estímulos intensos, como sabores picantes o ácidos, que produjeron reacciones faciales llamativas entre los influencers y aumentaron el interés del contenido. Spence planteó que este énfasis en la apariencia y la intensidad sensorial abrió debates acerca de si la viralidad puede afectar la experiencia gastronómica tradicional.
Por otro lado, el exotismo del chocolate de Dubái también resultó decisivo. Al ser originario de una cultura distante para muchos consumidores, el producto concedió a quienes lo probaron y compartieron en redes un estatus de “descubridores gastronómicos”. Esta búsqueda de reconocimiento social impulsó la popularidad de propuestas como el bubble tea, que tras surgir en Taiwán en los 80 obtuvo proyección global mediante su difusión digital.

Al mismo tiempo, la reacción de la industria alimentaria fue inmediata. La Universidad de Oxford destacó cómo marcas y supermercados diseñaron versiones inspiradas en el chocolate de Dubái, utilizando intensivamente datos de redes sociales para detectar tendencias. Las plataformas digitales proporcionaron un flujo constante de información sobre preferencias y comportamientos, lo que permitió adaptar la oferta casi en tiempo real.
Asimismo, en este panorama, la inteligencia artificial (IA) se consolidó como herramienta esencial para identificar y analizar tendencias alimentarias. Según el análisis de la Universidad de Oxford, la IA procesó grandes volúmenes de datos generados por usuarios, lo que facilitó la detección de nuevos patrones de consumo.
Ya existen productos “creados por IA”, aunque estas iniciativas suelen ser experimentales. Spence advirtió que la creatividad y el criterio humano seguirán siendo necesarios mientras las tecnologías no logren reproducir el olfato y el gusto digitalmente.

Sin embargo, la IA emergió como un “segundo cerebro” para chefs y empresas, generando conceptos innovadores que luego los profesionales podían materializar. Esta colaboración resultó frecuente en eventos temáticos, como menús diseñados para estrenos cinematográficos o experiencias gastronómicas inmersivas.
Finalmente, el auge del chocolate de Dubái coincidió con el Día Mundial de la Alimentación, una jornada dedicada a sensibilizar sobre el hambre y la seguridad alimentaria global. En un entorno afectado por la inestabilidad política, el cambio climático y la vulnerabilidad de las cadenas de suministro, la Universidad de Oxford advirtió que las tendencias virales pueden producir efectos inesperados sobre la producción agrícola y la disponibilidad de ingredientes.
Aunque la popularidad del chocolate de Dubái probablemente disminuirá con el tiempo, la Universidad de Oxford previó que nuevas ideas alimentarias surgirán en el entorno digital y la industria continuará atenta para llevarlas rápidamente a los estantes de los supermercados.
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