Sabrina Carballo volvió a las tablas y compartió cómo es criar a su hija y actuar al mismo tiempo: “No quiero perderme nada”

En diálogo con Teleshow, la actriz revela cómo fue el reencuentro con el teatro, el impacto de una historia de hermanas que se enfrentan a sus cuentas pendientes y la emoción de compartir escena y maternidad

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Mujer rubia con top negro, pantalones negros y camisa de cuadros amarilla y negra en la cintura, posa sonriendo con manos en las caderas sobre fondo naranja.
La actriz volvió a las tablas con “Mal repartidas” y desborda energía en cada función, equilibrando pasión por el escenario y los desafíos de ser mamá (Gentileza Agencia Cora)

Hay encuentros familiares que duelen, otros que salvan y algunos que, con humor y honestidad, nos enfrentan a lo que somos y a lo que dejamos sin resolver. Sabrina Carballo lo sabe bien: desde el escenario, se anima a ser testigo y parte de esos reencuentros incómodos y tiernos, donde las cuentas pendientes y las herencias son apenas la excusa para hablar de lo que realmente importa. Entre charlas, maternidad y el vértigo de lo nuevo, la actriz habló en exclusiva con Teleshow y se permitió mostrar su costado más humano detrás de la comedia.

Guiada por la pluma y la dirección de Hernán Krasutzky, como la compañía de Selene Raimundo arriba de las tablas, Sabrina se sumerge en Mal repartidas, una obra donde dos hermanas se encuentran después de años y descubren que, a veces, lo que más duele es lo que no se dice. El escenario se convierte en campo de batalla y refugio: entre enojos, risas, recuerdos y secretos, los personajes revelan que las diferencias pueden separar, pero también unir. Y, desde el pasado 23 de abril, Carballo despliega su oficio y sensibilidad en cada escena, acompañada por una compañera de ruta que, como ella misma cuenta, vive una gran experiencia en el teatro comercial.

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En este presente, Sabrina combina la intensidad del teatro con la vida cotidiana de una mamá que busca no perderse el crecimiento de su hija Caetana. Entre ensayos, horarios cambiantes y el desafío de equilibrar pasión y maternidad, la actriz reflexiona sobre la familia, el amor, el humor y la importancia de encontrar tiempo para lo esencial. Mal repartidas es la excusa perfecta para volver a mirarse, reconocerse en el espejo de los otros y, al final, salir del teatro con la certeza de que, incluso en los enredos más ácidos, siempre hay lugar para una risa y una segunda oportunidad.

Una mujer rubia con cabello largo, vistiendo una camisa a cuadros amarilla y negra abierta sobre un top negro, posa sonriendo ligeramente contra un fondo naranja liso
Dalma Maradona, la reconocida actriz e hija de Diego Maradona, sonríe ante la cámara, vestida con una camisa a cuadros amarilla y negra sobre un top oscuro, en un retrato de estudio.

—¿Qué te atrapó para volver a las tablas con este proyecto?

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—Me lo propusieron en el verano. Tenía otra opción para hacer temporada, pero por diferentes motivos se pasó para más adelante y me quedé sin proyecto. El director y autor de “Nunca te fíes de una mujer despechada”, Hernán Krasutzky, me llamó con esta idea. Confío mucho en él, me gusta cómo escribe y dirige. Además, mi compañera está viviendo su primera experiencia en el teatro comercial, así que me pareció que podía estar bueno.

—¿Cómo es combinar la maternidad con un proyecto tan demandante?

—No es muy fácil. Tengo una chica que me ayuda a veces, pero ahora estoy prácticamente 24 horas con mi hija, que solo va tres horas al jardín. Nuestro trabajo no tiene horario fijo, así que organizarme es complicado. No quiero ni puedo tener una niñera todo el día; tuve una hija para criarla yo. Mi familia vive lejos, todos tienen sus vidas y no quiero molestar a nadie. A veces coordinar los horarios es complicado y estresante. Ahora, con la función fija los jueves, es más fácil pedir ayuda puntual, pero con horarios variables todo era un lío.

—¿Sentiste culpa o agotamiento por no estar tanto con tu hija por el trabajo?

—Sí, me di cuenta de que el tiempo pasa muy rápido y no quiero perderme nada de su día a día. A veces sentía culpa y pensaba que algo estaba haciendo mal, pero después entendí que a todos los padres les pasa. Si no tenes ayuda, es imposible. Quiero aprovechar que es chiquita y disfrutarla ahora.

Dos mujeres sentadas en un banco de madera. Una con camisa de cuadros amarilla y negra gesticula, la otra con top de ganchillo blanco en pose de oración. Fondo naranja
Dos mujeres posan en un estudio, una gesticulando con una camisa de cuadros amarillos y negros, y la otra con un top de ganchillo en posición de meditación, sobre un vibrante fondo naranja.

—La obra empieza como un trámite y termina siendo un ajuste de cuentas entre hermanas. ¿Cómo se construye esa tensión en escena?

—La obra arranca con dos hermanas que no se ven hace siete años y se reencuentran por una sucesión. Es una situación muy común y la gente se siente identificada. Al principio es el reencuentro, anécdotas, enojos guardados. El final es inesperado, todos creen que va a terminar de una forma y sorprende. La obra tiene mucha comedia, pero también partes emotivas. Fue un desafío porque es la primera vez que mi compañera hace teatro comercial y la experiencia estuvo buenísima.

—¿Cómo fue trabajar con tu compañera, Selene? ¿Te sorprendió la dinámica?

—Ella es divina, superresolutiva y muy receptiva a la dirección. Me gusta mucho dirigir actores y Hernán Krasutzky me dio lugar para conectar y colaborar. Sele es como una esponja, toma todo lo que le decimos y eso facilita el trabajo. Realmente, por momentos parecía mi hermana menor, hasta fuera de libreto. El libro es muy divertido y la gente se siente identificada.

Una mujer sonriente abraza a una niña frente a un pastel blanco con una vela encendida, con los ojos de la niña cubiertos por corazones rojos
"No quiero ni puedo tener una niñera todo el día; tuve una hija para criarla yo", asegura la actriz en medio del éxito de su obra y su rol como mamá (Instagram)

—¿Te identificás con el vínculo de las hermanas?

—Me identifico con mi personaje, que es una laburante, sostiene a la familia y trata de llegar a fin de mes. No tanto con el vínculo: tengo un hermano y nos llevamos bien. Mora, mi personaje, siempre está para ayudar a su familia, es el sostén cuando los demás la necesitan. En eso sí me siento reflejada.

—Ambas representan caminos de vida opuestos. ¿Cómo impacta eso en el conflicto?

—Justamente, al ser tan opuestas, la obra da un vuelco y muestra que no todo lo que reluce es oro. Los que parecen estar bien quizá no lo están, y viceversa. Al final, todos terminan siendo más parecidos de lo que creen. La obra muestra que todos pasamos por lo mismo en algún momento, aunque creamos que somos diferentes.

—¿Sentís que la obra interpela también a quienes no tienen hermanos?

—Sí, porque todos tienen que pasar por una sucesión o situaciones similares, con o sin hermanos. La soledad, la maternidad, las parejas, las relaciones: lo que le pasa a los personajes es universal. Cada uno se puede sentir identificado con las emociones y las situaciones, más allá de la historia en sí.

Maren Morris de pie, cabello rubio, sonriendo. Viste top y pantalones negros, camisa a cuadros amarillos y negros atada a la cintura, frente a un fondo naranja
La reconocida cantante Maren Morris posa con una sonrisa amigable y un atuendo casual de top negro y camisa a cuadros atada a la cintura, destacando su estilo relajado y confianza.

—Llevás muchos años de trayectoria e incluso dirigiste. ¿Qué tiene el teatro que te sigue atrapando?

—Me gustaría volver a hacer ficción en televisión, extraño eso. Pero el teatro tiene esa magia del aquí y ahora, la adrenalina que no tiene lo grabado. El escenario es un lugar mágico. Aunque estés enferma, cansada o sin voz, algo pasa arriba del escenario y todo fluye. Después, cuando bajás, volvés a la realidad, pero arriba es otra cosa.

—¿Cómo viviste el estreno teniendo anginas y fiebre?

—No quería suspender, el show debe continuar. Me subí al escenario sin voz y todo fluyó. Es magia, algo inexplicable. El escenario tiene eso, aunque no te sepas la letra, sale igual.

—¿Cómo ves la ausencia de ficción en televisión y la migración a las plataformas?

—Casi todo se volcó a las plataformas. No entiendo por qué no hay ficción en la televisión si la gente sigue viendo series. Hay muchos actores sin trabajo y duele. Siempre parece un momento difícil para la profesión, pero este lo es especialmente.

—¿Tenés otros proyectos además de la obra y la dirección?

—El sábado pasado estrené como directora en el Regina con Pareja imperfecta. Me ofrecieron hacer un streaming, pero no tuve tiempo aún. Quizás ahora pueda armarlo. También quiero hacer alguna otra obra con Hernán Krasutzky, que tiene libros geniales.

Mujer rubia de pie, con camiseta negra sin mangas y jeans oscuros, brazos cruzados, mirando a la cámara sobre un fondo naranja liso
La actriz celebra el estreno y el reencuentro con el público, mientras explora nuevos roles como directora y mamá a tiempo completo (Gentileza de Agencia Coral)

—¿Qué te gustaría que se lleve el público de la obra?

—Que la pase bien y se ría. Con todo lo que pasa en el mundo, si durante una hora la gente se olvida de sus problemas y se divierte, yo ya estoy feliz. Como decía Chaplin: “Un día sin sonreír es un día perdido”.

Gentileza de fotos: Agencia Coral.

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