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Enfermedad gestacional del trofoblasto: ¿Qué es, cómo se presenta? y ¿por qué requiere atención?

Una alteración poco frecuente del embarazo, conocida como enfermedad gestacional del trofoblasto, puede presentar desde formas benignas hasta tumores malignos y, aunque suele detectarse por hemorragia vaginal, requiere un diagnóstico y seguimiento precisos para resguardar la salud de la madre y el bebé

Una doctora con bata blanca señala una pantalla con un diagrama de placenta sana a una paciente embarazada sentada en un consultorio médico.
Una doctora en El Salvador explica un diagrama de placenta sana a una paciente embarazada durante una consulta médica en un consultorio moderno. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La enfermedad gestacional del trofoblasto reúne alteraciones que aparecen solo durante el embarazo y que pueden ir desde formas benignas hasta tumores malignos, una evolución que vuelve decisivo el diagnóstico temprano para proteger la salud reproductiva y evitar riesgos graves para la madre y el feto.

Una investigación de Úrsula Guadalupe Rodríguez Mejía, docente investigadora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Católica de El Salvador, revisó 24 publicaciones entre 2001 y 2024 y describió sus manifestaciones, complicaciones y riesgos reproductivos.

Entre los datos más relevantes de esa revisión figura la supervivencia a cinco años del 86% en los casos de coriocarcinoma, una de las formas malignas de esta enfermedad.

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El trabajo también recogió complicaciones graves como insuficiencia respiratoria por embolia de tejido trofoblástico, hemorragias uterinas, insuficiencia cardíaca por anemia, tormenta tiroidea y preeclampsia.

¿Qué es el trofoblasto?

En el inicio del embarazo, existe un grupo de células llamado trofoblasto que rodea al embrión y después forma la placenta, el órgano que alimenta y protege al bebé durante el embarazo.

Cuando ocurre un error genético durante la unión del óvulo y el espermatozoide, el trofoblasto puede empezar a crecer sin control. En vez de crear una placenta sana, estas células se multiplican de manera anormal y no permiten que el embarazo avance normalmente.

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Especialistas señalan que este problema suele detectarse en los primeros estudios médicos y requiere atención inmediata para evitar riesgos mayores.

La forma más frecuente es el embarazo molar, responsable del 80% de los casos. Se trata de una alteración presente desde la fecundación, asociada a patrones genéticos específicos y a un desarrollo anómalo del tejido que debería dar lugar a la placenta.

Cúmulo de células translúcidas en un órgano rosado con etiquetas que identifican mola hidatiforme y células del trofoblasto anormales.
Una ilustración médica en 3D muestra la proliferación de células del trofoblasto anormales, conocidas como mola hidatiforme, dentro de una representación del útero. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El embarazo molar es una complicación poco común que ocurre cuando, en lugar de desarrollarse un embarazo normal, crece tejido anormal dentro del útero.

En la mayoría de los casos, este tejido no es canceroso y se conoce como mola hidatiforme. Existen dos tipos principales: en la mola completa no se forma ningún bebé, solo crece un grupo de células que se parece a un racimo de uvas; en la mola parcial, pueden aparecer partes de un feto, aunque con malformaciones muy graves que impiden su supervivencia.

Si el tejido anormal no se elimina por completo, en casos poco frecuentes puede transformarse en una enfermedad más grave y convertirse en cáncer, conocido como coriocarcinoma. Este tipo de cáncer puede avanzar rápidamente y afectar otros órganos, como los pulmones.

El síntoma más frecuente es la hemorragia vaginal. De acuerdo con la guía de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, el sangrado aparece en el 42% de los casos de mola completa y en el 15% de la mola parcial.

Otros signos descritos en la investigación son el aumento del tamaño del útero, náuseas intensas, alteraciones tiroideas, anemia y preeclampsia. La presencia de estos cuadros obliga a una evaluación médica temprana porque la enfermedad puede avanzar hacia variantes más agresivas.

La mola invasora crece hacia el endometrio y puede causar hemorragias graves. El coriocarcinoma, por su parte, es un tumor maligno de crecimiento rápido que puede diseminarse a pulmones, vagina, pelvis, hígado y cerebro.

Una profesional de la salud con uniforme azul y una bufanda sujeta la mano de una mujer joven con trenza sentadas frente a una mesa de madera con una planta. Hay una ventana.
Una profesional de la salud brinda apoyo psicológico y emocional a una mujer joven en una clínica rural, en un ambiente sencillo iluminado por la luz natural que entra por una ventana. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ese tumor puede aparecer después de un embarazo molar, un aborto o incluso un embarazo a término. La revisión destaca que responde bien a la quimioterapia y registra una alta tasa de curación.

Otra forma menos frecuente es el tumor trofoblástico del sitio placentario. Su crecimiento suele ser lento y aparece habitualmente después de un embarazo a término.

Casos clínicos

La investigación incluyó dos casos clínicos poco frecuentes de embarazos molares con fetos vivos. Uno ocurrió en Lima, donde una mujer de 38 años llegó a las 29 semanas, tuvo un bebé vivo por cesárea y luego fue sometida a una histerectomía.

El segundo caso se documentó en México y correspondió a una paciente de 17 años con diagnóstico de embarazo molar parcial y un feto masculino sin malformaciones aparentes. Estos episodios fueron presentados como ejemplos de la necesidad de un diagnóstico minucioso para resguardar tanto a la madre como al feto.

La prevención se apoya en educación, seguimiento médico y una alimentación adecuada antes y durante el embarazo. La revisión señaló como factores de riesgo la baja escolaridad, el entorno rural, la edad, el nivel socioeconómico y los antecedentes de embarazo molar.

Ilustración en acuarela de un tumor de coriocarcinoma, tejido endometrial, vasos sanguíneos y texto.
Una ilustración conceptual muestra un coriocarcinoma que invade el tejido endometrial y se propaga hacia los vasos sanguíneos circundantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre las recomendaciones figuran una dieta rica en ácido fólico, proteínas, betacarotenos y vitamina A, además de evitar alcohol, tabaco y automedicación. El control médico debe comenzar temprano y mantenerse durante y después del embarazo.

El trabajo también subraya la importancia de que las mujeres reconozcan signos de alarma como sangrado, náuseas persistentes, palpitaciones, temblor, pérdida de peso, diarrea, intolerancia al frío o al calor, fatiga y sudoración excesiva. La publicación agregó que el acompañamiento psicosocial y la información sobre riesgos genéticos forman parte del abordaje necesario.

Ese enfoque integral, según la investigación, coincide con la Ley Nacer con Cariño de El Salvador y con la Estrategia Mundial para la Salud de la Mujer, el Niño y el Adolescente de la OMS, orientadas a reducir la mortalidad prevenible y a crear entornos más seguros para la salud materna y neonatal.

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