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Ya es un hecho: los chatbots lograron reemplazarnos, conversan entre sí y el humano poco aparece

La automatización se extendió del empleo a la escuela y del servicio al cliente a las citas, con intercambios delegados en los software

La expansión de los chatbots y la inteligencia artificial empujó una dinámica de internet en la que los sistemas ya hablan entre sí en el trabajo, la educación y las relaciones personales. REUTERS/Go Nakamura
La expansión de los chatbots y la inteligencia artificial empujó una dinámica de internet en la que los sistemas ya hablan entre sí en el trabajo, la educación y las relaciones personales. REUTERS/Go Nakamura
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La expansión de los chatbots hacia el trabajo, la educación y las relaciones personales empujó una nueva dinámica en internet: sistemas de inteligencia artificial que ya no solo hablan con humanos sino también entre sí, con efectos inmediatos sobre búsquedas laborales, evaluaciones académicas, atención al cliente y hasta conversaciones románticas.

Según The New York Times, la señal más clara apareció este año en el mercado laboral. Christian Vinson, de 30 años de edad, dedicó cerca de 10 horas a entrenar dos bots con sus datos de formación, una pasantía bancaria y cinco años en el Ejército para que redactaran cartas de presentación adaptadas a cientos de avisos, mientras las empresas usaban programas automáticos para filtrar las postulaciones. Luego, consiguió un puesto en un banco de inversión en Nueva York.

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Ese mecanismo condensó lo que el diario describió como un “bucle de bots”: la inteligencia artificial redactó las solicitudes y otra inteligencia artificial las leyó. La interacción ya no quedó mediada por humanos de ambos lados, sino por asistentes automáticos que asumieron tareas antes reservadas a personas.

El puesto de docente en computación tiene un sueldo de S/ 1.200.
El mercado laboral mostró un bucle de bots: se usó inteligencia artificial para redactar cartas de presentación y las empresas aplicaron programas automáticos para filtrar postulaciones. Foto: Google

Los bots ya se responden entre sí con inteligencia artificial

La lógica se extendió mucho más allá del empleo. Estudiantes escribieron ensayos con ChatGPT y docentes usaron herramientas de inteligencia artificial para corregirlos. Trabajadores enviaron correos generados por bots a colegas que contestaron con textos producidos del mismo modo.

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Los protagonistas de estas interacciones fueron usuarios que delegaron en programas sus intercambios cotidianos y la consecuencia inmediata fue una reducción del papel humano en conversaciones profesionales, académicas y personales. El resultado fue una red donde el interlocutor dejó de ser necesariamente una persona y pasó a ser, cada vez más, un software.

The New York Times agregó que la industria tecnológica aceleró esa tendencia en marzo de 2026, cuando Meta compró una red social diseñada para que los bots hablaran entre sí. El movimiento reforzó una idea que circulaba desde hace tiempo en ámbitos tecnológicos: que la mayor parte del tráfico digital podría quedar dominada por software, con los humanos como voz minoritaria.

ChatGPT y otras herramientas de inteligencia artificial ya intervienen en ensayos, correos y respuestas automáticas, con una menor participación humana en intercambios académicos y profesionales. REUTERS/Bhawika Chhabra/File Photo
ChatGPT y otras herramientas de inteligencia artificial ya intervienen en ensayos, correos y respuestas automáticas, con una menor participación humana en intercambios académicos y profesionales. REUTERS/Bhawika Chhabra/File Photo

Jiaxin Pei, profesora adjunta de la Escuela de Información de la Universidad de Texas en Austin, describió un escenario próximo: una persona necesitará un plomero con urgencia y entregará la búsqueda a un asistente digital capaz de llamar, enviar correos, comprar pasajes o escribir código. Del otro lado, los plomeros podrían responder con sus propios agentes automáticos para absorber un flujo de llamadas imposible de atender de forma manual.

El riesgo inmediato es la amplificación del error en la era IA

La utilidad práctica de esos sistemas convivió con un problema estructural: cuando dos herramientas de inteligencia artificial interactúan, pueden repetir y reforzar las mismas fallas. Soheil Feizi, profesor asociado de informática en la Universidad de Maryland, dijo, citado por la publicación, que esos sistemas “comparten los mismos puntos ciegos”.

Un trabajo reciente de un investigador de la Escuela de Medicina de Harvard examinó cómo eso podría trasladarse a un hospital. Si una herramienta analiza radiografías para detectar fracturas, otra asigna habitaciones y una tercera fija el orden de atención, un error inicial no verificado por humanos podría propagarse por toda la red y afectar al paciente, al médico y a la clínica.

Fireflies.ai y Bluedot transforman las reuniones virtuales al grabar, transcribir y resumir automáticamente conversaciones en plataformas como Google Meet. (Google)
The New York Times advirtió que los chatbots no solo transmiten mensajes, sino que emulan personas y abren la opción de reemplazar el vínculo humano en consejos, diagnósticos y compañía. (Google)

El problema no se limitó a la medicina. Un estudio concluyó que los sistemas de selección de currículums con inteligencia artificial prefirieron solicitudes escritas por inteligencia artificial frente a las redactadas por personas. Esa misma lógica, indicó el medio, ya pudo alterar también los procesos de admisión universitaria cuando escuelas usaron lectores automáticos para evaluar textos que muchas veces también generaron los propios chatbots.

La deriva alcanzó además la atención al cliente y las citas. Un ejecutivo del sector de telecomunicaciones observó a clientes que enviaron agentes de voz creados con inteligencia artificial para discutir con el sistema automatizado de atención de su empresa. Un hombre usó un bot para redactar mensajes en una aplicación de citas a una mujer que parecía hacer exactamente lo mismo; en un momento le escribió: “¿Cuánto tiempo vamos a ChatGPTearnos mutuamente?”. Ella nunca respondió.

Sarah Davis, antropóloga cultural y decana de St. John’s College en Santa Fe, advirtió que la costumbre de intercambios fluidos entre sistemas podría erosionar la tolerancia humana a la fricción propia de las relaciones reales. Su preocupación apuntó a una facilidad que, dijo, podía volver a las personas “peores versiones de sí mismas” y profundizar una forma de alienación.

La publicación recordó que este temor por la transformación tecnológica de la comunicación tuvo antecedentes. Sócrates temió que la escritura dañara la memoria; críticos de comienzos del siglo XX dijeron que el teléfono amenazaba la civilidad; y un artículo publicado en 1994 en The New York Times sostuvo que el correo electrónico era tan atractivo y sencillo que amenazaba con desbordar su propia utilidad por volumen y falta de consideración.

La diferencia actual, según el diario, fue que el correo electrónico transmitía mensajes entre personas, mientras que los chatbots emularon personas y pudieron reemplazarlas. Ese cambio abrió una decisión nueva: optar por hablar con otro ser humano o con un programa que lo imita, incluso para pedir un consejo financiero, buscar un diagnóstico médico o compañía.

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