Microsoft anunció nuevas medidas para evitar que la expansión de sus centros de datos provoque un aumento en la tarifa eléctrica de los ciudadanos. La compañía presentó esta iniciativa bajo el enfoque 'community-first’ para su infraestructura de inteligencia artificial, en respuesta a la creciente oposición pública a la construcción de centros de datos, una tendencia que afecta a las principales tecnológicas del sector.
Compromiso con las comunidades locales
El compromiso asumido implica que los costes asociados a la operación de estos centros no recaigan sobre los usuarios residenciales de las localidades donde Microsoft opera. La empresa detalló su intención de trabajar estrechamente con las compañías de servicios públicos encargadas de fijar los precios de la electricidad y con las comisiones estatales que los aprueban. El objetivo es que el coste de la electricidad que requieren los centros de datos no se traslade a los clientes residenciales.
Microsoft aseguró que asumirá íntegramente el pago de su carga sobre la red eléctrica local, colaborando con las autoridades para establecer tarifas que reflejen el consumo real de sus instalaciones. Además, la compañía subrayó su intención de generar empleo en las comunidades donde establezca operaciones y de minimizar el uso de agua en sus centros.
El consumo hídrico de los centros de datos ha generado controversias, ya que los residentes locales han señalado problemas de abastecimiento y preocupaciones medioambientales. También se ha cuestionado el impacto real en la creación de puestos de trabajo, tanto temporales como permanentes.
Presión social y respuesta de Microsoft
La presión social y política ha influido en la estrategia de Microsoft. En octubre, la empresa canceló un proyecto de centro de datos en Caledonia, Wisconsin, tras una respuesta mayoritariamente negativa de la comunidad. Recientemente, en Michigan, habitantes de un municipio central organizaron protestas contra un plan similar.
El mismo día del anuncio de la nueva política, se difundió una carta abierta en Ohio —estado donde la firma desarrolla varios campus de centros de datos— en la que se criticó a la compañía y a sus competidores por su contribución al cambio climático.
El rechazo ciudadano a estos proyectos es notable. Actualmente existen más de 140 grupos activistas en más de 20 estados de Estados Unidos organizados contra el desarrollo de estos complejos tecnológicos. Esta resistencia ha llegado incluso a la Casa Blanca, donde el despliegue de infraestructura de inteligencia artificial figura entre las prioridades de la administración de Donald Trump.
El presidente estadounidense aseguró en redes sociales que Microsoft adoptaría cambios importantes para que los ciudadanos no asuman el costo de la electricidad consumida por la empresa.
La promesa de Microsoft se produce en un contexto en el que las grandes tecnológicas han anunciado inversiones millonarias para ampliar su capacidad de inteligencia artificial. La compañía apuesta por un enfoque de “buen vecino”, orientado a mitigar tensiones sociales y políticas asociadas a la expansión de infraestructura digital.

Microsoft también se comprometió a mejorar la eficiencia en el uso de recursos, en especial agua y energía, y a detallar sus planes de empleo para cada comunidad afectada. La efectividad de estas promesas será observada de cerca por analistas y ciudadanos, quienes exigen transparencia y responsabilidad ante el impacto de la industria tecnológica en el entorno local.
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