Japón quiere liderar de nuevo la economía de la IA, incluso contra el envejecimiento de su población

El gobierno nipón refuerza inversiones y regulaciones para que la inteligencia artificial brinde soluciones en salud, cuidado y servicios sociales

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Japón impulsa su estrategia de
Japón impulsa su estrategia de inteligencia artificial como respuesta al desafío demográfico y al envejecimiento poblacional. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La transformación de Japón en referente internacional en inteligencia artificial (IA) se perfila como el intento más audaz de Tokio por revertir dos décadas de estancamiento digital y afrontar un desafío demográfico sin precedentes.

Ante la proyección de que, para 2070, el 40% de la población japonesa tendrá 65 años o más, el gobierno de la primera ministra Takaichi Sanae ha situado la IA en el centro de su estrategia de supervivencia nacional, respaldada por iniciativas como la Ley de Promoción de la IA 2025 y su declarada ambición de erigirse en el “país más favorable a la IA del mundo”.

Este escenario contrasta con la posición dominante que ostentaba Japón en las décadas de 1980 y 1990. Las primeras inversiones multimillonarias, como el financiamiento gubernamental de la Investigación Exploratoria para Tecnología Avanzada y proyectos emblemáticos como la “Computadora de Quinta Generación”, situaron a Tokio a la vanguardia global.

Empresas como Toyota, Hitachi, Toshiba y Panasonic consolidaron la ciencia y tecnología de frontera, impulsando divisiones de robótica y sistemas de automatización. Sin embargo, el estallido de la burbuja financiera en los años 90 desencadenó una crisis que llevaría al país a experimenta lo que se conoce como “dos décadas perdidas”.

Por qué Japón dice que son dos década perdidas de avance tecnológico

La IA emerge como la
La IA emerge como la mano que puede sacar al Japón del estancamiento tecnológico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El flujo de capital y talento investigador se desaceleró notablemente, mientras la revolución digital, en gran parte gestada en esos laboratorios japoneses, se consolidaba en el extranjero.

En este contexto, la IA emerge ahora como salvavidas. Se estima que la inteligencia artificial podría aportar 197 billones de yenes (1,3 billones de dólares) a la economía de Japón para el año 2030.

Según un estudio de Accenture, Japón será el país desarrollado que más se beneficie en términos de crecimiento económico derivado de la IA, precisamente por la escasez severa de mano de obra. Las cifras revelan la magnitud del reto: una población menguante, un mercado laboral decreciente y una estructura social envejecida.

Cuáles son las limitaciones de Japón para capitalizar la inteligencia artificial

La limitada disponibilidad de datos
La limitada disponibilidad de datos en japonés y la menor inversión privada dificultan que Japón compita con otras potencias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La capacidad japonesa para capitalizar la inteligencia artificial enfrenta varios límites estructurales. El ecosistema global de IA se apoya hoy en grandes volúmenes de datos, inversión de capital y poder computacional masivo, factores en los que Japón ya no marca el ritmo.

Los modelos lingüísticos de gran tamaño ilustran bien esta desventaja: la limitada disponibilidad de datos en japonés restringe tanto el rendimiento como el desarrollo comercial de estos sistemas, a diferencia de los modelos angloparlantes que absorben retroalimentación a escala internacional.

Además, el escenario de inversión presenta matices desfavorables. A pesar del incremento del apoyo estatal, la inversión privada en IA en Japón está lejos de igualar los flujos que se observan en Estados Unidos o China. Así, la economía digital nipona se muestra mejor adaptada a perfeccionar tecnologías existentes antes que a liderar grandes disrupciones.

Qué hace a Japón un país viable para integrar la inteligencia artificial

El valor diferencial de Japón
El valor diferencial de Japón en la IA reside en la integración segura y confiable en sectores clave como salud y cuidado de personas mayores. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La fortaleza japonesa reside en su capacidad para integrar la IA de manera segura y fiable en la estructura social e industrial. La experiencia acumulada en robótica, fabricación de precisión y sistemas integrados ha consolidado un terreno donde el software y el hardware evolucionan en sinergia.

Así, el valor diferencial de Japón radica menos en la escala tecnológica y más en la calidad y la aceptación social de los sistemas de IA. Sectores como la salud y el cuidado de personas mayores, muy sensibles en la sociedad japonesa, ofrecen escenarios de aplicación únicos.

La confianza, la regulación estricta y la adopción social son atributos valorados en estos ámbitos, y Japón ha diseñado herramientas avanzadas de IA para diagnóstico, descubrimiento de fármacos o monitoreo de pacientes. Esta ventaja se amplifica considerando que la mayoría de las economías desarrolladas comparten el desafío del envejecimiento poblacional.

Cuál es la aportación de Japón al avance de la inteligencia artificial

La colaboración internacional es clave
La colaboración internacional es clave para que el país solucione el problema demográfico con ayuda de la tecnología. (Imagen ilustrativa Infobae)

La aportación japonesa no consiste en exportar servicios de consumo masivo como ChatGPT, sino en ofrecer soluciones industriales y sociales de alta fiabilidad. Los lazos económicos con países que enfrentan desafíos demográficos similares, y la reconocida reputación nipona de calidad abren una posibilidad de influencia regional sin requerir supremacía tecnológica total.

La posición como actor neutral en la gobernanza global de la IA refuerza su papel. Tokio ha defendido “Principios Centrados en el Ser Humano para una Sociedad de IA”, obteniendo eco entre economías que buscan preservar el equilibrio entre innovación y regulación.

Asimismo, la relevancia internacional de Japón en debates tecnológicos se sostiene, en parte, por no estar identificado ni con el “capitalismo de plataformas” ni con el control digital estatal.