
Verónica Hernández (47) no puede evitar llorar mientras cuenta que durante el último jueves una larga fila de personas quedó nuevamente con las manos vacías porque la comida no alcanzó para todos y debieron regresar a casa con la panza crujiendo de hambre. Entre ellos, un nene al que el coronavirus le arrebató a su mamá hace pocos meses.
“¿Sabés cómo duele eso? La comida que llega no nos alcanza porque todos los días vienen entre 120 y 150 personas para llevarle las viandas a sus familias y no podemos ayudar a los casi 400 vecinos que esperan su ración. Muchos de ellos perdieron a un familiar por COVID y encima ahora no tienen para comer y hay mucha gente que está viniendo por primera vez porque perdió el trabajo. ¡Es horrible lo que estamos viviendo! ”, le admite a Infobae -como si necesitara justificar sus lágrimas-, la mujer que desde 1998 está al frente del comedor comunitario Sol Naciente, en el Barrio Illia, en el limite del barrio de emergencia 1.11.14, en el Bajo Flores.
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Muy angustiada, abre su corazón y reflexiona: “Acá murió mucha gente, hubo quienes murieron en mis brazos en todos estos años y ahora murieron por la pandemia... Todos tienen que tomar conciencia y entender lo que está pasando. Y además, deben saber que hay muchas personas que no tienen salida, pero no porque se droguen o sean delincuentes, eso es otro tema. Hay niñas y niños que no tienen salida porque cuando les pasa algo no saben para dónde correr, no saben qué puerta golpear porque tampoco saben qué les pasa y no los podemos dejar solos. Tienen hambre, mucha hambre”.
Con esa angustia, nacida del compromiso por no ser indiferente a las necesidades ajenas, vive desde el momento que supo que unos hermanitos del barrio habían sido abandonados por sus padres y junto a un grupo de vecinas no dudó en contenerlos y alimentarlos. Pronto se sumaron 100 niñas y niños más y en pocos meses eran cerca de setecientos.
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Años más tarde, armaron un hogar para contener a mujeres en situación de calle y una panadería para las que no tenía trabajo, pero al no tener ayuda no pudieron sostener esos proyectos y continuaron solo con el comedor que en ese tiempo recibía miles de kilos de alimentos por parte del Gobierno Nacional y de la Ciudad.
”Hoy recibimos 90 meriendas y 160 raciones de comida de la Ciudad, pero nos bajaron el gramaje diario y hasta noviembre 2019, desde Nación nos mandaban un camión con 3 mil kilos de alimentos en bolsones, pero los suspendieron y ahora no recibimos nada. Tampoco lavandina cuando estamos en tiempos de cuidarnos más. Durante la cuarentena, porque insistimos mucho, una sola vez nos mandaron provisiones y las repartimos con otras dos instituciones y tampoco alcanzó”, resume sobre la falta de asistencia que tienen y la poca ayuda que reciben.
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Pese a ello, “nos arreglamos como podemos. Cuando no alcanza salimos a pedir a las verdulerías y comercios del barrio”, explica quien de profesión es enfermera y revela que todos los días amanece a las 6 de la mañana y organiza su día en torno a las necesidades del barrio: primero, junto a su equipo, preparan el desayuno para los 80 adultos mayores del Illia; algunos de ellos están en situación de calle y buscan resguardado (en plena pandemia de coronavirus) debajo de algún techo o donde encuentren lugar.
“Un día vimos a un abuelo sin una pierna durmiendo adentro de la cucha de un perrito... ¡Nos partió el alma verlo así!”, cuenta y se vuelve a quebrar. Traga saliva y sigue: “Como pudimos, lo llevamos al comedor para que se bañara y pudiera cambiarse de ropa. Le dimos de comer y una vecina le ofreció un espacio con techo para que ponga su colchón; no es lo mejor, pero al menos ahí está cuidado por los vecinos que tiene cerca”.
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La desazón de Verónica es mayor porque desde marzo la realidad del barrio cambió por completo: muchos vecinos perdieron su trabajo a causa de la cuarentena, otros tantos murieron y en medio de la pandemia temen que el rebrote sea letal, peor de lo que lo fue hasta el momento.
“Acá murió mucha gente y hay quienes se cuidan poco. Como pasa en todos lados, algunos no entienden y andan sin el tapabocas. Lo peor es que no nos mandan artículos de limpieza desde que levantaron la cuarentena y nos arreglamos con lo que nosotras podemos hacer”, cuenta y hace una pausa para tomar fuerzas y continuar hablando. “Tuve que dejar mi casa porque no pude seguir pagando el alquiler. Me mudé al comedor, pero por lo menos la gente ahora sabe que pueden venir las 24 horas si necesitan algo. Aunque nuestra situación particular sea muy precaria, aún así les seguiremos dando de comer hasta donde podamos”, asegura. Algo avergonzada, como si fuera responsable de la situación, repite: “No nos alcanza la comida porque... -respira hondo- Nos recortaron lo que nos estaban mandando desde el Gobierno de la Ciudad porque dicen que en verano los chicos comen menos y que por eso tenemos menos comida”.
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A la falta de ayuda estatal se suma la disminución de las donaciones particulares. “La gente de clase media que antes colaboraba mucho ahora no puede porque muchos de ellos también perdieron sus trabajos y no pueden seguir ayudándonos”.

Otras de las necesidades con las que debe lidiar el comedor es la falta de mobiliario y electrodomésticos adecuados para cocinar para las 300 personas que dependen de Sol Naciente para recibir un plato de comida. “Con la cocina y heladera que tenemos no damos abasto. No tenemos dónde guardar las cosas, en caso de que sobren para el otro día. Cuando hay más gente también hacen falta más elementos para cocinar y no los tenemos”, asegura Verónica.
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Para ella el futuro es una incógnita que ve con temor. “Es una tristeza lo que estamos viviendo, no queremos cerrar. Siento que después de tantos años de trabajo sería de cobarde cerrar, pero no sabemos cómo seguir”, admite y otra vez se quiebra.
En este contexto, su salud tampoco es la mejor. Es diabética, está en tratamiento médico desde hace 7 años y se siente muy cansada. “Hay momentos en los que realmente no puedo más, pero sé que no puedo cerrar el comedor porque hay mucha gente que depende de este lugar para alimentarse”.
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La pregunta que más resuena es cómo hace para seguir. Responde desde la fe. “Creo mucho en Dios. Todas las mañanas me levanto pidiéndole que me ayude porque hacer esto no es fácil. Pero Él me da fuerzas y cuando me cuesta conseguir ayuda sigo golpeado puertas. También amaso fideos caseros, hago tortas fritas y una voluntaria nos hace pizzas. Confío mucho en la ayuda de Dios aunque ahora necesitamos también de la ayuda de las personas”.
Cómo colaborar con el comedor Sol Naciente
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El comedor de la Asociación Civil Sol Naciente está ubicado en Agustín de Vedia 2500, manzana 2, casa 29 del Barrio Illia, Bajo Flores.
Necesitan alimentos no perecederos, nebulizadores, botiquín de primeros auxilios, artículos de limpieza como lavandina, desinfectantes, alcohol en gel y líquido, ropa y pañales para bebés, niñas, niños, adolescentes, mujeres y hombres. También calzados para chicos de todas las edades y para adultos.
Asociación Civil Sol Naciente
Caja de ahorros especial en pesos cuenta N°: 975025401602
CBU: 0070160630009750254021
CUIT: 30-70753562-4
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