
“El hombre lleva el peso de la gravedad en sus hombros. Sólo tiene que bajar al fondo del mar para sentirse libre”. La frase pertenece a Jacques Cousteau, padre del submarinismo. Para Gabriela Norese, una experimentada buceadora argentina es absolutamente cierta.
Uno de sus últimos destinos fascinantes bajo el agua, fue el “Acuario del mundo”, bautizado así por el propio Cousteau, donde un compañero inesperado la invitó a jugar. Llegar hasta allí no fue fácil. Primero transitó un largo camino, siempre acompañada de su marido y compañero de aventuras bajo el agua, Leonardo Schiano.
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“Con mi esposo nos gusta viajar. Siempre nos tiró más la montaña que la playa, por lo que buscamos una actividad que nos sirviera como excusa para poder visitarla. Él ya había hecho su curso inicial de buceo (open water) tiempo atrás, pero yo me negaba. Creía que no iba a poder respirar bajo el agua, y me preguntaba ¿para qué?, contó Norese, de profesión médica especialista en oncología antes de tomar una decisión trascendente que agregaría nuevos colores a su vida.

El bautismo
“Después de muchas idas y vueltas me decidí a intentarlo al menos. Si uno quiere hacer la actividad de la manera correcta, lo mejor es elegir una escuela de buceo donde te enseñen todo sobre la práctica y te transmitan la seguridad necesaria para que se pueda disfrutar a pleno la experiencia. Elegimos Centro de Buceo Sur, de Ricardo Carrio, por referencias y por cercanía hace 7 años y aún continuamos siendo parte de la escuela”, precisó.
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Luego llegó el “bautismo”, la primera inmersión con un equipo de buceo, que en su caso fue en una pileta con la escuela de buceo, pero aclara que también suele hacerse en muchos centros turísticos y hasta en hoteles. “Lo bueno de hacerlo como lo hice, fue que tuve la contención necesaria que me sirvió para sacarme mis miedos, aunque me sentí un globo flotando en la superficie”, grafica.

Entusiasmada, se anotó en un curso de open water (buceo en aguas abiertas). Consiste en clases teóricas y prácticas donde uno inicia en el mundo del buceo, y donde se enseña cómo hacer el deporte, habilidades, control de situaciones, uso de equipo, etc. “Hacer el curso inicial te da la posibilidad de estar habilitado por una certificadora -en mi caso soy buzo SSI y SDI- para hacer las inmersiones de hasta 40 metros de profundidad, en cualquier parte del mundo donde se practique”.
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La certificación llegó en las aguas cristalinas de Angra Dos Reis, Brasil. “Ahí fue mi primera inmersión y apenas entré en lo profundo quedé cautiva de ese ambiente. Una tortuga se posó junto a mí y me sentí una más en ese universo submarino. Desconecté completamente con la superficie para conectar con el “otro mundo”. Ahí no hay celular que suene, solo escuchas tu respiración y el sonido de lo que te rodea”, explica sobre este momento de revelación.

Bajo el mar
La buceadora ya experimentada, con más de 150 inmersiones en distintas partes y ámbitos del mundo, dice que mucha gente tiene miedo por el que se encontrará o que le pasará bajo el agua. Ella recomienda que cuando se realiza deporte de una manera correcta y consciente, el buceo es seguro. Se realiza de a dos, con un compañero y con equipo con redundancia para estar cubierto ante cualquier salvedad. Es por ello que con el conocimiento y práctica, se puede disfrutar de ese mágico mundo.
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“Cuando se habla de bucear en el mar, se piensa enseguida en si un tiburón te va a atacar pero el conocimiento te hace saber que hay muchas especies de tiburones, que están en distintas partes del mundo (incluido en nuestra costa atlántica), que tienen distintos comportamientos según su tipo y que además se aprende a cómo manejar la situación de “encuentros”, a respetar al ambiente y a las especies que lo habitan”, explica.
Las vacaciones con su marido, desde hace tiempo giran en torno a destinos de buceo: “desde los naufragios de la segunda guerra mundial en Mar Rojo, Egipto, hasta los cenotes en México; desde la capital nacional del Buceo, Puerto Madryn a las playas de Brasil o de Maldivas”. Sus vivencias las comparten en una cuenta de Instagram: @haciendo.de.las.nuestras.
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El Acuario del mundo
Una de las últimas grandes aventuras bajo el agua las vivieron en el llamado “Acuario del mundo”. “En octubre de 2025 viajamos a La Paz, Baja California, México, en el mar de Cortés, bautizado así por su vida subacuática por el mismísimo Cousteau. Sumergirte en esos lugares es como vivir en la película “Buscando a Nemo”. Para quien no haya realizado un buceo, que primero mire esa película y luego lo verá en la realidad, pero con la posibilidad de interactuar con ellos, como lo hicimos con los lobos marinos".
“El mar estaba súper tranquilo, íbamos buceando mirando el paisaje y de repente siento que me agarran de la aleta. Creí que era algún compañero que me estaba llamando pero no. Era un lobo de mar que me “invitaba a jugar”, y lo digo así porque me di vuelta, lo vi, me reí y vino directo hacia mi cámara. Me tomó la mano con su boca y me llevó al lugar donde estaban jugando varios lobos. Pasamos el resto del buceo jugando con ellos”, relata Norese, sobre ese día tan especial. “Son como cachorros de perros a los que les llama mucho la atención las burbujas que largamos al bucear y buscan que los mimen y que juegues con ellos. Siempre respetando su ambiente y su “sociedad”, aclara.
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La buceadora explica que esta actividad se puede hacer en Puerto Madryn y que es un privilegio poder vivir estas experiencias en la Argentina. El viaje a México también incluyó el avistamiento de otro tipo de vida como “el tiburón ballena o tiburón martillo, además de los corales y el resto de la inmensa fauna marina de ese lugar, con cardúmenes interminables de roncadores, cirujanos, pez ángel, langostas, delfines y las infaltables tortugas. Fue la primera vez que fuimos al “Acuario del Mundo” y no será la última”.
La fascinación por este deporte no se agota, es vasta, como el océano mismo. Es que cada lugar es distinto, y aun cuando se visita varias veces, la experiencia nunca se repite. “Vivirlo uno no tiene comparación con verlo por televisión y cuando te sumergís sentís que estás dentro de un documental de National Geographic, solo te falta escuchar la voz de David Attenborough, con el relato de lo que vas viendo”.
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La mujer y el buceo
Según la buceadora, esta práctica es apta para toda persona mayor a 10 años y sin límite de edad, y que si bien tanto hombres como mujeres lo pueden hacer, es un deporte donde predominan más los hombres, en particular en áreas más avanzadas como en buceo técnico. “Sin embargo, cada vez más mujeres de todas las edades se están animando a hacerlo. Creo que hay mucho mito, mucho miedo principalmente por desconocimiento, y además por la maternidad. Muchas mujeres dejan de bucear cuando son madres porque cuidan de los hijos y luego de unos años retoman si es que lo hacen. En nuestra región hay grandes referentes como Mariana Carrieri, de Abramar o Patricia Lucas, de Prodive que más allá de ser amigas, son grandes buzas que hacen mucho por la actividad”, detalla.


El amor por el buceo, no solo nace por lo que vive bajo el agua. También la camaradería, los lazos de amistad que se generan por fuera. Las salidas por lo general se desarrollan en grupo y se viven como “‘viajes de egresados de adultos’, donde nos divertimos sanamente haciendo lo que nos gusta. Tenemos compañeros de viaje desde los 18 hasta los 72 años e incluso vienen familias enteras, con miembros que no bucean pero que les gusta compartir el viaje y los momentos”.
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En esos momentos, tanto en los viajes como en buceos que comparten practicando en las piletas, nadie habla de sus trabajos. “Muchas veces no sé a qué se dedican mis compañeros ni ellos saben a qué me dedico yo y está buenísimo porque también es parte de la desconexión de la rutina diaria”.
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