
Cuando la pandemia de coronavirus llegó a la Argentina y Alberto Fernández tomó la decisión de establecer como medida preventiva, a partir del pasado 20 de marzo, la cuarentena obligatoria en todo el país −que ya analiza prorrogar por tercera vez− uno de los principales interrogantes que surgieron fue la temible posibilidad de que el virus ingresara en los barrios y sectores más vulnerables de la ciudad y la provincia de Buenos Aires, donde la situación habitacional es precaria, muchos recursos escasean y la emergencia sanitaria es encarada de otra manera.
Este miércoles se confirmó el segundo caso de coronavirus en la Villa 31. Se trata, según confirmaron fuentes del gobierno porteño a Infobae, de una mujer que había mantenido contacto estrecho con el primer caso.
Este lunes, la mujer fue contactada por la Secretaría de Integración Social y Urbana para informarle esa situación y, al constatar que presentaba síntomas, fue trasladada desde el Centro de Salud y Acción Comunitaria (CeSAC) N° 21 a una Unidad Febril de Urgencia en un hospital de la Ciudad. Ahora, informaron, se realizará un seguimiento diario de su familia para constatar que no presenten síntomas. Según indicaron referentes de la organización social La Poderosa, se trata de una mujer de 36 años, asmática, desempleada y con problemas renales.
El primer caso, en tanto, es una paciente de 43 años que padece asma. La información personal sobre ambas es escasa porque otro de los problemas que surgen a partir de los contagios −y este barrio no es la excepción− es el señalamiento y hostigamiento contra las personas infectadas.

La mujer del primer caso, que ya había manifestado síntomas del virus, se dirigió el viernes pasado también al CeSAC N° 21 –uno de los tres que existen allí– y fue trasladada al Hospital Rivadavia, donde se le realizó un hisopado y permaneció internada dos días. Luego del resultado positivo fue derivada al Hospital Vélez Sarsfield.
Fuentes del gobierno porteño explicaron a Infobae que ese seguirá siendo el procedimiento en el “Barrio 31”. Cuando una persona manifieste síntomas será citada en “la unidad de triaje físico” y, una vez que se compruebe que entra dentro de la definición de caso sospechoso del Ministerio de Salud, será trasladada a un hospital cercano.
Desde la Secretaría de Integración Social y Urbana porteña, en tanto, indicaron que todo el entorno cercano de la mujer fue contactado y puesto en aislamiento obligatorio: “La particularidad de estos casos, a diferencia de lo que se hace en el resto de la Ciudad, es que estamos asistiendo a esta familia con productos y alimentos para que puedan realizar la cuarentena sin salir de sus casas”.
Uno de los primeros casos que provocaron alarma había sido el de Andrea Gómez, una mujer de 49 años que vivía en la Villa 1-11-14, la más poblada de la Ciudad de Buenos Aires. Andrea, empleada en el área de limpieza del Senado, debió ser internada en la Clínica Santa Isabel del barrio de Flores por un cuadro de neumonía a principios de abril y falleció a los dos días. Tras su muerte, los resultados del hisopado que le habían hecho comprobaron que tenía COVID-19 y uno de sus dos hijos también debió ser internado.

“Estamos trabajando con mucho compromiso para prevenir el coronavirus en el Barrio 31. Dentro de las medidas que venimos implementando, cerramos los espacios públicos; realizamos operativos de desinfección y limpieza continua de las calles junto a las cooperativas del barrio; acondicionamos espacios para que los adultos mayores puedan realizar el distanciamiento social de manera adecuada; suspendimos el pago de las cuotas para aquellas familias que se mudaron a viviendas nuevas; reforzamos el trabajo con los comedores y los referentes; mantenemos guardias de atención para cuestiones vinculadas al mantenimiento de infraestructura”, indicaron desde el gobierno porteño en un comunicado.
Durante los primeros días de abril, en un video viral filmado en los pasillos de la Villa 1-11-14 podían verse decenas de personas circulando por las calles, muchas de ellas comprando alimentos, pero con escaso acatamiento del distanciamiento social. El “aislamiento social, preventivo y obligatorio”, sin embargo, no se aplica de la misma manera en estos asentamientos que en un barrio residencial.
Las viviendas en general cuentan apenas con mínimas condiciones de higiene y el hacinamiento es moneda corriente. En habitaciones mínimas con escasa ventilación donde conviven varias personas −que también promueven otras enfermedades respiratorias que podrían agravar un posible cuadro de coronavirus− es difícil pensar en la posibilidad de mantener el aislamiento, que por otra parte golpeó las actividades laborales de los habitantes del barrio, muchas veces informales, y provocó un aumento de demanda en los comedores comunitarios.

El propio Alberto Fernández refirió durante una de sus conferencias de prensa que en los barrios más humildes del Gran Buenos Aires es más difícil “controlar de manera individual” y sugirió establecer una suerte de “cuarentena comunitaria” donde nadie puede entrar o salir del barrio. A fines de marzo, durante una reunión con curas villeros en la quinta de Olivos, en la que los sacerdotes respaldaron su enfoque, el Presidente grabó un video con la consigna de la cuarentena adaptada a la realidad de esos vecindarios: “Quedate en tu casa, quedate en tu barrio".
A toda esa situación habitacional se suma también el problema del dengue, que tiene un potencial foco de contagio en espacios de acumulación de escombros o basura. Los barrios más afectados por esa enfermedad se ubican justamente al sur de la Ciudad: Villa Soldati, Lugano, Parque Patricios, Barracas, La Boca, Pompeya, Floresta, Monte Castro, Versalles y Villa Luro.
“La vida en el Barrio 31 es una vida intensa pero ya se comprueba un enorme disminución en la circulación, al menos de un 60% menos. Esta semana en particular, aun con la liberación de algunas actividades, sigue siendo bastante más baja”, sostienen en la Secretaría de Integración Social y Urbana. La comunicación de las medidas de prevención, en tanto, se refuerza con algunas “medidas de aproximación específicas” en estos barrios, con la comunicación directa con referentes barriales, el uso de vehículos con altoparlantes que circulan por las calles y la difusión de información a través de los “estados” de WhatsApp.

El Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad anunció también un programa para los barrios vulnerables “diseñado para poder acompañar a los adultos mayores”, destinado principalmente a los que viven solos o acompañados de un adulto mayor y a las familias que por sus condiciones de vivienda no pueden realizar el distanciamiento en sus casas.
“Para los primeros, les vamos a pedir que se queden en sus casas. Junto a una red de promotores barriales vamos a asegurarnos de que cada día les llegue la comida, los remedios, elementos de higiene o cualquier otra cosa que ellos puedan llegar a necesitar”, aseguró María Migliore, titular de esa cartera. "Para el segundo grupo, vamos a crear dispositivos comunitarios para alojarlos y que así puedan cumplir el distanciamiento sin descuidar su vinculación afectiva. Vamos a acondicionar especialmente parroquias, centros barriales, clubes, geriátricos, hoteles, en los cuales va a haber personas de la propia comunidad y profesionales que van a estar al cuidado de ellos”.
“Leímos y aplaudimos que los curas villeros hayan abierto sus parroquias para aislar abuelos de las villas, pero si los medios repreguntaran por las camillas, sabrían que hay 300 y se necesitan 1.500. O sea, 1.200 más solo para los mayores de las barriadas que siguen durmiendo en piezas colapsadas, porque un encierro domiciliario sin casa era improbable, pero el confinamiento comunitario también será inviable si el virus circula impaciente, interna y sigilosamente”, señaló en diálogo con este medio Ignacio “Nacho” Levy, dirigente social de la organización La Poderosa. “Ya está, el virus ya llegó, pero las camas no; el aislamiento para sortear el hacinamiento todavía no apareció”, remarcó.
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