El presidente Perón acompañado por el coroneles Sosa Molina Michelini y el teniente coronel Díaz, su edecán militar
El presidente Perón acompañado por el coroneles Sosa Molina Michelini y el teniente coronel Díaz, su edecán militar

Fue el lunes 14 de mayo de 2012, a las 16.30, cuando concurrí al departamento del coronel Alfredo Sebastian Díaz para saludarlo. Sabía que no era una simple visita, era una despedida. Así lo intuí por las palabras del coronel Jorge Echezarreta que me acompañó hasta su departamento en la calle Ciudad de la Paz. Lo encontré postrado en su cama y apenas pudimos hablar, solo atine a apretarle su mano y decirle "gracias". Malena Bahler, su esposa, observó la escena en silencio. Ese agradecimiento iba acompañado por sus enseñanzas y revelaciones para mi libro El escarmiento y por la extrema confianza con que me hablo cuando nos encontramos a solas en 1980 en la ciudad de Washington. En ese momento Díaz integraba una delegación de la Escuela de Defensa Nacional que visitaba la capital de los EE.UU. y hablamos sin tapujos. Fue cuando el embajador Raúl Quijano nos cedió un escritorio y nos confesamos a solas sobre lo que estaba sucediendo en la Argentina. Fue muy severo con aquellos que gobernaban y yo también.

Un mes más tarde despedí sus restos en nombre de sus amigos por expreso pedido de Malena. Semanas más tarde fui invitado por su esposa para conversar y en tras un largo diálogo me fue confiado parte de su archivo personal fotográfico y, en especial, unos apuntes sobre el tiempo en que fue edecán militar de Juan Domingo Perón que ahora voy a revelar.

El 1º de enero de 1974 Díaz se presenta como edecán al presidente Perón y, mientras espera su llegada al escritorio, observa su biblioteca en la que encuentra una gran cantidad de libros dedicados a cuestiones médicas, especialmente del corazón. Tras escasos minutos el General se presenta y entablan una cordial conversación durante la cual Díaz observa que el Presidente controla su pulso en dos oportunidades.

"Me designó edecán el teniente general Jorge Raúl Carcagno. Inmediatamente elevé una nota dejando constancia de que perdía mando de tropa y me contestaron que el comandante consideraba más importante que yo fuese edecán que mi mando de tropas que efectivamente perdí. Me designaron edecán porque yo era el número uno del arma de Artillería. Después nombraron a Vivanco porque era amigo de José López Rega", escribió. Al respecto "cuando la designación de jefes de unidades en 1973, yo iba de jefe del Grupo Blindado de Azul, el grupo más importante, pero el último día el general Carcagno me manda de edecán para no mover toda la línea de nombramientos y a Jorge Ibarzábal lo mandan en lugar mío. Tras el ataque del PRT-ERP a la guarnición de Azul el 19 de enero de 1974 yo, junto a Perón, redactamos la carta a los oficiales de la Guarnición y el discurso presidencial condenando el ataque, mientras Ibarzábal estaba secuestrado, torturado y muerto a los seis meses. Lo que es el destino…".

El 3 de enero Perón se instala definitivamente en la residencia de Olivos y allí concurre diariamente su edecán militar. Diez días más tarde el teniente coronel Díaz, a través de sus observaciones, detalla que ha mantenido con Perón charlas a solas de doce a catorce horas mientras caminaba por los jardines de Olivos, tomando un café o Campari con soda o simplemente dialogando debajo de un árbol cercano a su despacho.

"Siéntese, vamos a conversar", decía Perón, y se quedaban a conversar bajo un palo borracho que, según le contó él mismo, había plantado con María Eva Duarte tras realizar los pozos y plantar pequeños árboles traídos desde el Chaco donde los había visto por primera vez.

El presidente Perón y su edecán Alfredo Díaz en el hall de entrada en la residencia de Olivos
El presidente Perón y su edecán Alfredo Díaz en el hall de entrada en la residencia de Olivos

El joven edecán anota asombrado que han repasado una variedad de temas: política nacional, internacional, finanzas, economía, estrategia y precisos asuntos relacionados con el FMI, Club de París y ecología. Percibe que sin hacérselo notar el presidente le ha tomado un agudo examen. En una ocasión le dice: "En los diez años que estuve en el gobierno me embrutecí" y le comenta que en Panamá, durante su exilio, tuvo la suerte de alquilar la residencia del Rector de la Universidad en la que había una importante biblioteca: "Allí pude releer los clásicos", le dijo.

Así, de a poco, pudo establecer con Perón una relación intelectual y afectiva. "El Presidente me estaba tomando examen sin que me diera cuenta y yo no dejé de contestar ninguna pregunta porque había hecho un curso en la Universidad Católica y en Brasil, siendo mayor, hice un trabajo sobre Sistemas de Comunicación Social… llegó a ofrecerme el cargo de Secretario de Información Pública", escribió.

Seguidamente, dijo que Perón se encontraba lúcido por las mañanas y por la tarde se lo observaba volitivamente "desgastado". Ya los doctores Jorge Taiana y Pedro Cossio afirmaban que si tomaba el gobierno en seis meses se moría. Falleció a los nueve meses.

"Nosotros los mirábamos de costado hamacándose frente a un televisor, cuando estaba dormitando, para ver si estaba vivo. Estábamos preocupados. Como dueño de casa era un gran señor por su manera de atender a los invitados", describió el edecán.

Perón observa la televisión en compañía de los coroneles Damasco y Sosa Molina. Atrás Díaz
Perón observa la televisión en compañía de los coroneles Damasco y Sosa Molina. Atrás Díaz

Un día en que Díaz lo que esperaba en el hall de entrada del chalet presidencial, observó a Perón bajando de su habitación y dijo: "Buen día teniente coronel Díaz" y éste le respondió: "No tan buen día, general". El presidente le preguntó por qué le había respondido de esa forma, y Díaz le dijo que era porque ese día se inauguraba la central atómica de Atucha y él no iba a asistir.

"Atucha responde a un viejo proyecto que usted dejó en su período anterior, y el presidente no va a asistir", completó Díaz. Inmediatamente, Perón dio orden de avisar a dos ministros (José Ber Gelbard y Benito Llambí) y viajó a la ceremonia de inauguración en un helicóptero de la Fuerza Aérea. Resulta que José López Rega no le había dicho nada porque él quería presidir la inauguración.

Como mudo testigo de ése momento quedó una vieja foto donde se ve al Presidente de la Nación, con saco azul y pantalón claro, llegando a la ceremonia de inauguración escoltado por Díaz, el capitán de navío Pedro Iraolagoitía, titular de la Comisión Nacional de Energía Atómica, la compañía de Juan Esquer y otros tres altos oficiales del Ejército. El Ente Atómico había sido creado por Perón en 1950. "Una hora más tarde, cuando llegó una caravana de autos encabezada por el ministro José López Rega observé que se pudo furioso porque él la quería inaugurar", escribió Díaz.

Día de la inauguración de la Central de Atucha
Día de la inauguración de la Central de Atucha

El oficial de Granaderos Jorge Mones Ruiz me completó un poco el clima de Olivos que viene relatando Alfredo Díaz: "Estuve presente con otros oficiales cuando Perón se reunió con los diputados de la JP y los maltrató en directo por televisión. Antes de que entraran, Perón dispuso una tarima desde donde iba a hablar y algunos ministros atrás. Determinó que sus sillones estuvieran separados por un metro 'así no se pueden codear'. Luego de lo que escuché, estaba claro de que Perón ya tenía 'in mente' lo que les iba a decir. Recuerdo que faltaron dos diputados: Julio Mera Figueroa y Nilda Garré. 'Alguien' de Olivos les avisó lo que se venía y que faltaran. No pregunté quién fue. Por la inteligencia militar, después supimos que varios diputados viajaron a México y de ahí a Cuba. Conversaron con Fidel Castro y éste los aconsejó: 'No lo ataquen a (José Ber) Gelbard, yo sé por qué se los digo'. Más tarde esos diputados estuvieron con el entonces ministro de Economía, quien les reconoció que era el contacto más importante con Moscú. Juan Domingo Perón se movía en su intimidad con el coronel Carlos Corral, Damasco, el teniente coronel Ramírez de Inteligencia de la Casa Rosada y el edecán Alfredo Díaz. A Díaz lo trataba de m'hijo y le tomaba examen todo el tiempo. Claro, venía de la Escuela de Guerra de Brasil… estaba muy preparado. A su vez, Díaz le tomó un gran aprecio y respeto y le cuidaba la espalda".

"En otra ocasión, Perón nos invitó a cuatro oficiales al cine de Olivos, junto con López Rega, para ver La Patagonia Rebelde. Vimos la película y recuerdo que en un momento Perón comentó en voz alta 'esto es mentira'. Cuando terminó, dirigiéndose a López Rega dijo: 'Esta película no se estrena'. Con Perón teníamos un trato frecuente. Era de sentarse con nosotros, conversar, mientras se tomaba su Bitter Cinzano y nos convidaba cigarrillos Kent. Después de la muerte de Perón todo cambió. A los pocos meses, el clima del país, y Olivos, se agravó mucho más", concluyó Ruiz.

El titular de la Secretaría de Inteligencia de Juan Domingo Perón fue el general de división (RE) Alberto José Epifanio Morello, nacido el 6 de enero de 1906, egresado del Colegio Militar el 31 de diciembre de 1924 como subteniente del Arma de Infantería, oficial de Estado Mayor, retirado el 7 de octubre de 1955. Según informaron algunos personajes del momento, llegó a ese cargo por el consejo de su yerno, el coronel Carlos Alberto José Corral, jefe de la Casa Militar del presidente Perón. No formaba parte del círculo castrense que tenía contacto íntimo y diario con Perón, pero dada la vinculación familiar sus informes llegaban a destino. A Perón le gustaba leerlos y subrayaba con lápiz rojo lo que le parecía importante. Si él por cuestiones de trabajo o de salud no podía leerlos los contenidos de esos informes se los relataban algunos de los miembros de su "estado mayor íntimo", con acceso cotidiano a la residencia de Olivos, los coroneles Corral, Damasco, Sosa Molina o los tenientes coroneles Díaz y Ramírez, entre otros.

Alfredo Díaz acompañó a Perón el 1º de mayo de 1974. Primero cuando pronunció su discurso ante el Congreso y horas más tarde en los balcones de la Plaza de Mayo cuando el presidente de la Nación enfrentó a los Montoneros. Semanas más tarde también estuvo a su lado cuando el 12 de junio Perón habló a la multitud y se despidió.

El Presidente acompañado por su Estado Mayor íntimo
El Presidente acompañado por su Estado Mayor íntimo

Una vez muerto Perón, tres días más tarde el edecán Díaz se presentó a secundar a Isabel. Ella tenía en cuenta que el General lo había apreciado mucho, incluso le había pedido que estuviera arriba durante el velorio custodiando su ataúd. "Qué debo hacer", le preguntó la Presidenta y Díaz fue muy sincero: "Dos cosas, primero desde lo moral, no debe seguir viviendo aquí López Rega; en segundo lugar usted desde el punto de vista constitucional no puede tener un secretario privado que sea al mismo tiempo Ministro de Bienestar Social y que aparece como Primer Ministro convocando a una reunión del gabinete ampliado. Esta fue la famosa sesión del 5 de julio, a la que asistí, y en la que cuatro personas denunciaron la existencia de bandas armadas en el Ministerio de Bienestar Social. Hablaron así Ángel Federico Robledo, Ricardo Balbín, Jorge Taiana y José López Rega. Que no le hace bien s la salud de la República lo dijo enfáticamente Balbín con el dedo acusador. Pero el que hablo primero durante treinta minutos fue el ministro de Trabajo Ricardo Otero quien defendió la honorabilidad de López Rega y propuso que permaneciera en ambos cargos (super secretario privado y en Bienestar Social)."

Seguidamente apuntó: "En la cuestión de las Tres A había en efecto militares comprometidos. El mayor Bauzá, jefe de la Agrupación Seguridad de la Casa de Gobierno era uno de los que estaban con López Rega. Traían oficiales de las guarniciones del interior, los alojaban en el Hotel Sheraton y los adoctrinaban. Una vez, cuando Pipo Mancera hacía antesala en la Casa de Gobierno, previo a una audiencia. Escuchó mucha información acerca de la Triple A y terminó yéndose del país aterrado. Mientras tanto mi comandante Leandro Anaya me pedía que no me enfrentara con López Rega, ni que tuviera una actitud negativa."

"En cuanto a Isabel, ella se daba cuenta de que López Rega le creaba grandes problemas porque el ministro entendía en que él la había puesto como Presidenta y que había traído a Perón. Esos eran sus argumentos preferidos para justificar su creciente poderío. Perón me lo dijo veinte veces, si no hubiera sido por la desviación a la izquierda de Héctor Cámpora no hubiera estado en este brete. En mayo de 1974, el general me ofreció la Secretaría de Información Pública pero le expliqué que no podía ni debía aceptarla. Yo le dije, General, cumplo las ordenes, pero en el ejercicio del poder voy a tener que preceder como teniente coronel a generales, almirantes. Y oficiales de mayor graduación que la mía y eso significará ponerme a la cúpula militar en contra. Luego me arrepentí porque López Rega colocó en el cargo al gordo Villone", escribió el edecán.

En otro momento, Díaz reveló que Perón quiso nombrar heredero al coronel Vicente Damasco, que estaba al frente de la Secretaría Militar de la Presidencia, cuando éste le presentó el Proyecto Nacional que era una recopilación de sus discursos: "Estábamos los tres, Perón, Damasco y yo, que pasé las diapositivas ese día. Perón la hizo llamar a Isabel para que conociera el proyecto. Se hicieron ocho copias, una para cada ministro, y mientras estaban en estudio el general murió".

Según Díaz, tanto el almirante Emilio Massera como el general Roberto Viola querían heredarlo a Perón. Massera, vivo, simpático, con diálogo con los edecanes, hablaba de cualquier tema: "El brigadier Fautario también les hablaba, lo mismo que el teniente general Leandro Anaya (el sucesor de Raúl Carcagno). Había un edecán naval que tenía instrucciones de leer la revista Para Ti para poder conversar con Isabel sobre modas".

Perón camina por la avenida Florida y a su lado su edecán Díaz
Perón camina por la avenida Florida y a su lado su edecán Díaz

Díaz recuerda también una escapada de Perón con él para probar un Fiat recién llegado de Italia que acababan de regalarle: "Le propuse visitar el Club Tortugas que no conocía y sobre la marcha hablamos sobre el proyecto de indicadores estratégicos que debía manejar el Presidente. Perón lo aprobó en ese paseo y quedó a cargo del proyecto el oficial Fausto González, un equipo de la Universidad Católica y 15 millones de dólares aportados por la Bolsa de Comercio pero recién se terminó en marzo de 1976."

Finalmente Alfredo Díaz relató: "A mí pese al conflicto con López Rega me mandaron quedarme como edecán hasta fines de 1974, aunque el cargo de edecán es por dos años. Estuve seis meses con Perón y seis meses con Isabel. Yo pedí mi relevo porque no aguantaba más la presencia de un loco."

Así, en 1975, Díaz volvió a su Fuerza. Después de 1976 no se lo ascendió a general por su cercanía con Perón. El 8 de enero de 1981 pasó a situación de retiro.

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