Los perros envejecidos podrían ser la clave para entender el Alzheimer humano, según un estudio

Una investigación halló que los canes con deterioro cognitivo reproducen en su cerebro los mismos cambios que caracterizan la enfermedad en las personas

Perro anciano acostado sobre una manta gris en suelo de madera, cerca de una ventana. Se observan dos juguetes y una planta en maceta al fondo.
Un estudio liderado por la investigadora Julie Moreno reveló que los perros mayores con deterioro cognitivo presentan las mismas alteraciones cerebrales que los pacientes con Alzheimer (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Los perros envejecidos con deterioro cognitivo reproducen en su cerebro los mismos cambios que caracterizan el Alzheimer en humanos, incluidos depósitos anormales de proteínas en las mismas regiones afectadas, según un estudio liderado por Julie Moreno, profesora asociada de la Universidad Estatal de Colorado, que la propia autora explicó en la plataforma de divulgación académica The Conversation.

El hallazgo, publicado en la revista npj Dementia, plantea que los animales de compañía podrían servir como un modelo natural para mejorar el diagnóstico y los tratamientos contra las demencias.

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El estudio de la vejez canina se integra en una investigación más amplia sobre el envejecimiento: el Dog Aging Project, un estudio longitudinal financiado por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de EEUU que sigue a más de 50.000 perros domésticos, busca identificar los factores biológicos, genéticos y ambientales que influyen sobre el organismo, incluido el cerebro. El programa desarrolló además pruebas cognitivas que permiten detectar cambios de conducta y pensamiento antes de que aparezcan síntomas neurológicos.

La enfermedad de Alzheimer y otras demencias empiezan a desarrollarse cerca de dos décadas antes de que los síntomas lleven a una persona a consultar a un profesional de la salud. Esa demora dificulta el diagnóstico temprano y obliga a los científicos a buscar modelos animales que permitan observar la evolución de la enfermedad.

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Los ratones han sido la principal herramienta para probar tratamientos potenciales, pero sus resultados rara vez se trasladan a las personas. El 99% de los fármacos contra el Alzheimer que mostraron resultados prometedores en el laboratorio fracasaron posteriormente en ensayos clínicos con humanos.

Los roedores no desarrollan de manera natural las acumulaciones de proteínas mal formadas que se observan en las demencias. Aunque pueden modificarse genéticamente para imitar procesos del cerebro humano, resulta difícil reproducir todos los rasgos de la enfermedad en un solo animal.

Perfil de una persona mayor mirando una ventana. Una imagen translúcida del cerebro, con puntos brillantes en varias áreas, se superpone a su cabeza.
La enfermedad de Alzheimer comienza a desarrollarse en el cerebro humano cerca de dos décadas antes de la manifestación de los primeros síntomas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La disfunción cognitiva canina y las proteínas cerebrales

Los perros, al igual que los humanos, sí desarrollan demencia de forma natural. La disfunción cognitiva canina afecta a más del 25 % de los animales mayores de 12 años y puede diagnosticarse mediante cuestionarios sobre los síntomas que observan sus dueños.

Moreno se interesó por esa posibilidad después de que su abuela padeciera demencia. Su trabajo se centra en cómo las proteínas deformadas y la inflamación cerebral aumentan con el tiempo y pueden causar deterioro cognitivo, una condición cuyos síntomas pueden tratarse, aunque todavía no existe una cura.

Para estudiar la disfunción cognitiva canina como posible modelo de la enfermedad en humanos, su equipo comparó cerebros de perros afectados con los de personas que tenían Alzheimer.

Para llevar a cabo esa comparación, el equipo necesitó acceder a muestras cerebrales reales de perros con la condición. Los propietarios autorizaron la donación de muestras cerebrales de sus canes ancianos. Los animales habían muerto de forma natural o habían sido sacrificados por decisión de sus dueños, con asesoramiento de sus equipos veterinarios, para evitar un mayor deterioro de su calidad de vida.

Los investigadores aplicaron los mismos métodos de laboratorio usados en muestras humanas y detectaron depósitos anormales de proteínas en las mismas zonas del cerebro canino que en los de personas con demencia temprana. La coincidencia permite estudiar en los perros procesos que los ratones no manifiestan espontáneamente.

Un perro mayor de pelaje marrón y hocico canoso yace sobre una manta blanca mientras una mano le acaricia la cabeza
La disfunción cognitiva canina surge de forma espontánea y afecta a más del veinticinco por ciento de los perros mayores de doce años (Imagen Ilustrativa Infobae)

La proteína sanguínea que podría anticipar el deterioro

Los animales con mayor acumulación de proteínas anormales en el cerebro también presentaban niveles inusualmente altos de proteína fibrilar ácida glial, conocida por la siglas GFAP. Esta sustancia suele aparecer en la sangre solo cuando existe una lesión o enfermedad cerebral.

La presencia de GFAP podría transformarse en un biomarcador para diagnosticar el deterioro cognitivo en perros y aportar indicios sobre la progresión de la demencia en las personas. La posibilidad de vincular análisis sanguíneos, cambios cerebrales y modificaciones de conducta permitiría reconocer las etapas iniciales de la enfermedad.

Las pruebas cognitivas del Dog Aging Project buscan precisamente relacionar las alteraciones patológicas del cerebro con cambios observables en el comportamiento de los animales. Comprender por qué algunos perros y algunas personas desarrollan demencia mientras otros no, podría facilitar la identificación de nuevos tratamientos y una detección más temprana.

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