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Qué es el tetracromatismo, la condición visual presente casi exclusivamente en mujeres

Una artista plástica australiana tardó años en entender por qué sus estudiantes no distinguían los mismos colores que ella, hasta que un examen genético reveló que porta un cuarto tipo de cono en la retina

Mujer con delantal manchado de pintura, pincel en mano, sonríe en un estudio. Hay lienzos, tubos de pintura, paletas de colores y pinceles en una mesa.
El tetracromatismo surge por una mutación en el cromosoma X que genera un cuarto cono, sensible principalmente a tonos del espectro naranja, brindando una percepción visual radicalmente distinta - (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La artista plástica Concetta Antico tardó años en entender por qué sus estudiantes no podían distinguir los mismos colores que ella veía en las sombras, en la corteza de los árboles o en los objetos más cotidianos.

Cuando finalmente lo entendió —a través de exámenes genéticos—, supo que tiene tetracromatismo, una variante biológica que le permite percibir una cantidad de colores que la mayoría de las personas no puede ni imaginar. “Es increíble que pueda ver cosas que otras personas no ven”, declaró Antico en una entrevista con BBC Mundo. “Ha hecho que mi vida sea fantástica.”

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El caso de Antico abrió una ventana a uno de los fenómenos más singulares de la percepción visual humana, ya que la condición surge de una mutación genética que genera un cuarto tipo de célula fotosensible —conocida como cono— en la retina.

Las personas sin esta variante, llamadas tricrómatas, tienen tres tipos de conos que responden aproximadamente a las longitudes de onda del rojo, el verde y el azul. Esas señales se combinan en el cerebro para producir, según los estimados, alrededor de un millón de colores distinguibles. Con un cuarto cono, el espectro potencial se expande exponencialmente: los tetracrómatas podrían discriminar cientos de millones de tonalidades.

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Por qué el tetracromatismo es casi exclusivo de las mujeres

Diagrama genético, cromosomas X e Y, genes de fotopigmentos, flujo de herencia de madre y padre, figuras humanas, cuadro de exclusividad femenina.
Poseer el cuarto cono no garantiza una visión cromática ampliada: solo si el cerebro procesa la información de manera independiente se alcanza el tetracromatismo funcional - (Imagen Ilustrativa Infobae)

La razón por la que esta condición afecta de manera casi exclusiva a mujeres biológicas tiene una explicación directamente genética. Los genes que codifican los conos sensibles al rojo y al verde están ubicados en el cromosoma X.

Para desarrollar tetracromatismo, una persona debe portar dos variantes distintas de uno de esos genes —una en cada cromosoma X—. Como las mujeres tienen dos cromosomas X y los hombres generalmente solo uno, los varones no pueden acumular esa diferencia genética. De hecho, cuando un hombre hereda una de esas variantes, el resultado suele ser lo contrario: algún grado de deficiencia en la percepción del color.

La Clínica Cleveland, en Estados Unidos, detalla en sus registros médicos que la mutación que origina el cuarto cono generalmente produce una célula con mayor sensibilidad en el espectro del naranja, una zona del espectro visible que los tricrómatas no distinguen con la misma precisión. Esa diferencia, aunque parezca menor, puede traducirse en una experiencia visual radicalmente distinta.

El Proyecto de Tetracromatismo de la Universidad de Newcastle, en Reino Unido, estima que alrededor del 12% de las mujeres porta las variantes genéticas necesarias para tener cuatro tipos de conos. Otras investigaciones, entre ellas un análisis publicado por el Journal of the Optical Society of America, sugieren que la cifra podría ser considerablemente mayor —entre el 15% y el 50%— dependiendo de cómo se defina y mida el potencial genético.

La diferencia entre tener cuatro conos y ver más colores

Un mercado al aire libre con puestos llenos de frutas y verduras coloridas, personas comprando y vendedores, bajo toldos, con edificios al fondo.
Las mujeres tetracrómatas suelen notar desde niñas su sensibilidad especial a los colores y, en muchos casos, desarrollan esa capacidad con la práctica y la experiencia cotidiana - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Poseer el cuarto tipo de cono, sin embargo, no garantiza automáticamente una visión cromática ampliada. BBC Mundo precisó que eso se llama tetracromatismo retiniano, y es solo la precondición. El paso siguiente, y mucho más difícil de demostrar, es el tetracromatismo funcional: que el cerebro efectivamente procese y diferencie esa señal adicional de manera que se traduzca en una experiencia visual superior.

La doctora Kimberly A. Jameson, investigadora del Centro Brunson de Investigación de la Visión Periférica de la Universidad de California en Irvine (UCI), es una de las principales especialistas en el tema a nivel mundial. Jameson dirige el Laboratorio Colaborativo de Investigación sobre Tetracromatismo Humano (HTRC, por sus siglas en inglés) y ha dedicado años al estudio de mujeres con potencial tetracrómata.

En uno de sus estudios más citados, publicado en Psychonomic Bulletin & Review, Jameson encontró que las mujeres con cuatro tipos de células cono dividían el espectro cromático en más tonalidades y mostraban diferencias perceptuales mensurables respecto a los tricrómatas en pruebas controladas.

“Puede que solo vean una gama más refinada de los colores ordinarios”, señaló Michael Newall, filósofo de la Universidad de Adelaida, en Australia, y coautor de un artículo académico sobre lo que las personas tetracrómatas perciben. Newall también planteó la posibilidad opuesta: “Si tienes un receptor adicional de color, puedes ver tonalidades que simplemente no puedes explicar, de la misma manera que no podemos describirle a una persona daltónica cómo es ese rojo o ese verde que no ve”, según recogió BBC Mundo.

La doctora Jenny Bosten, neurocientífica visual de la Universidad de Sussex, en Reino Unido, reconoce que el debate está lejos de cerrarse. “Incluso una experiencia subjetiva tricromática normal es imposible de medir”, afirmó en declaraciones al medio británico. Bosten advierte que probablemente existen diferentes tipos de tetracromatismo, con variaciones significativas según la sensibilidad específica del cuarto cono. Aun así, considera que el análisis de la capacidad de las personas para clasificar y distinguir tonalidades puede ayudar a los investigadores a mapear mejor esa experiencia visual diferenciada.

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