
El cáncer de corazón es el tumor primario más infrecuente del cuerpo humano: apenas una persona de cada 50.000 lo desarrolla a lo largo de su vida.
Dos trabajos publicados en 2026 en Science y en el Journal of the American Heart Association aportan respuestas sobre por qué ese órgano registra tan pocos casos. Incluso cuando el cáncer llega al corazón, en la mayoría de los casos es secundario, es decir, proviene de otro órgano y se extiende hasta él.
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Esa “rareza” contrasta con la del cáncer de piel, que afecta a uno de cada cinco individuos, y con la del de pulmón, que aparece en aproximadamente uno de cada 18. Los nuevos estudios abordaron una pregunta abierta durante décadas: por qué el corazón está tan protegido.
La protección del corazón frente al cáncer no se explica por un único factor, sino por una combinación de propiedades físicas y biológicas del órgano. A diferencia de la piel, que reemplaza la totalidad de sus células cada 40 a 56 días, el músculo cardíaco se regenera a una tasa de apenas el uno por ciento anual.
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Como los errores que derivan en cáncer ocurren principalmente durante la regeneración celular, esa lentitud reduce la probabilidad de que se produzca una mutación que dispare el crecimiento descontrolado.
Cómo el latido frena el crecimiento tumoral
El estudio de Science mostró que las fuerzas mecánicas que genera cada latido del corazón frenan activamente la proliferación de células tumorales, tanto en modelos animales como en tejido cardíaco humano.
Para probar esa hipótesis, el equipo liderado por la profesora Serena Zacchigna comparó corazones que trabajaban bajo presión normal con corazones trasplantados sometidos a menor carga mecánica. Al introducir células cancerosas en ambos grupos, las células tumorales se multiplicaron con mayor facilidad en los corazones bajo menos presión, mientras que el tejido que latía con normalidad limitó su expansión.
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Los experimentos se replicaron en tejido cardíaco fabricado en laboratorio con resultados idénticos: cuando el tejido late y genera carga física, el crecimiento tumoral se frena; cuando esa estimulación disminuye, las células cancerosas retoman la proliferación.
“Nuestros hallazgos muestran que la pulsación del corazón no es meramente una función fisiológica, sino que puede actuar como un supresor natural del crecimiento tumoral", afirmó Zacchigna, profesora e investigadora del ICGEB, según el comunicado de prensa institucional.
El estudio identificó además el mecanismo molecular que explica ese efecto. La pieza central es la Nesprina-2, una proteína que forma parte del complejo LINC, estructura que conecta el exterior de la célula con su núcleo y transmite las señales físicas del entorno hacia el interior celular.
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Ante la presión y deformación de cada latido, la Nesprina-2 altera la compactación de la cromatina, la forma en que el ADN se empaqueta dentro del núcleo, y modifica el patrón de metilación de histonas, un mecanismo que controla qué genes se activan o se silencian. Esas modificaciones reducen la actividad de los genes vinculados a la proliferación tumoral.
Cuando los investigadores desactivaron la Nesprina-2 en células cancerosas, la protección desapareció: los tumores volvieron a crecer incluso en un corazón que latía con normalidad.
Qué cambios cardíacos podrían anticipar otros tumores
Mientras el trabajo del ICGEB buscó comprender por qué el corazón resiste el cáncer, otro estudio apuntó a una dimensión distinta: la posibilidad de que cambios sutiles en la estructura cardíaca anuncien el riesgo de desarrollar tumores en otros órganos años antes de que aparezcan.
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La investigación liderada por UCLA Health analizó los datos de más de 6.000 adultos de entre 45 y 84 años seguidos durante un promedio de 18 años en el marco del Estudio Multiétnico de Aterosclerosis. En ese período se registraron 790 nuevos casos de cáncer.
Los resultados mostraron que pacientes con remodelación cardíaca temprana, proceso que describe cambios estructurales en el corazón que preceden a la enfermedad clínica, presentaban mayor riesgo de desarrollar ciertos tumores.
La asociación más marcada vinculó el mayor índice de masa del ventrículo izquierdo con un riesgo más alto de cáncer de mama, mientras que una función reducida del atrio izquierdo se asoció con mayor incidencia de cáncer colorrectal.
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“Los cambios en el corazón pueden ocurrir de manera simultánea, o incluso antes, que los procesos biológicos vinculados al desarrollo del cáncer“, afirmó el doctor Xinjiang Cai, cardiólogo e investigador de UCLA Health y autor principal del estudio, según el comunicado de prensa de la institución.
El propio Cai advirtió que los resultados son asociaciones y no prueban causalidad: “Estos hallazgos representan asociaciones y no establecen causalidad“, precisó.
Los autores señalaron que los resultados deben confirmarse en otras cohortes, aunque el trabajo abre la posibilidad de que los estudios de imagen cardíaca ya disponibles sirvan también para identificar a pacientes con mayor probabilidad de desarrollar ciertos tumores.
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