
La fibromialgia afecta a cerca del 2% de la población mundial y provoca dolor generalizado, fatiga, problemas de sueño y dificultades de memoria y concentración.
Durante décadas, su existencia fue puesta en duda porque sus causas biológicas permanecían sin explicación. Ahora, un equipo de 53 investigadores de Canadá, Estados Unidos, Finlandia, Estonia, Dinamarca, Islandia y el Reino Unido resolvió parte de ese misterio.
Identificaron por primera vez los factores genéticos que aumentan el riesgo de desarrollar la fibromialgia. Confirmaron que su origen está en el sistema nervioso, no en el sistema inmunitario.

El trabajo, que se publicó en la revista Nature Medicine, fue liderado por el doctor Michael Wainberg, del Instituto de Investigación Lunenfeld-Tanenbaum del Hospital Monte Sinaí de Toronto, en Canadá.
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Contó con la colaboración de colegas del Centro de Investigación contra el Cáncer Fred Hutch, la Universidad de Washington, el Hospital General de Massachusetts (Estados Unidos) y la Universidad de Helsinki en Finlandia, entre otras instituciones.
El dolor en el que nadie creía

La fibromialgia es un síndrome, es decir, un conjunto de síntomas que aparecen juntos, sin causa única identificada. Su diagnóstico se basa en la descripción de los pacientes.
Esa falta de evidencia biológica llevó a que muchos médicos cuestionaran que la enfermedad fuera real o a decir que el dolor era solo una cuestión psicológica.
Existía además un debate científico sin resolver: algunos investigadores creían que se trataba de una enfermedad autoinmune, es decir, que el propio sistema de defensa del cuerpo atacaba los tejidos sanos.
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Otros sostenían que el problema estaba en el sistema nervioso central, que procesa y amplifica las señales de dolor.
Los intentos anteriores por encontrar variantes genéticas específicas asociadas a la enfermedad habían fracasado.

Esta investigación se propuso identificar esas variantes, determinar en qué tejidos y tipos de células se concentra la herencia genética de la enfermedad, cuantificar su superposición con otras condiciones y evaluar si existen diferencias entre hombres y mujeres.
Buscaron establecer una base biológica sólida y abrir caminos concretos hacia nuevos tratamientos. Para lograrlo, el equipo reunió la mayor base de datos genéticos sobre esta afección que se haya analizado hasta la fecha.
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Cerebro, genes y dolor

Los investigadores analizaron datos genéticos de 2.563.755 personas, de las cuales 54.629 tenían diagnóstico de fibromialgia.
Usaron un método llamado estudio de asociación de genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés), que compara el ADN de personas enfermas con el de personas sanas para detectar diferencias significativas.
Los datos provienen de 11 cohortes de seis países, con una prevalencia media de la enfermedad del 2,5%. También cruzaron los resultados con un atlas de 20 millones de células de distintos tejidos para identificar en cuáles se activan más los genes de riesgo. El análisis detectó 26 variantes genéticas asociadas al riesgo de desarrollar el síndrome.
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Según los científicos, el estudio “aporta evidencia genética sólida que define a la fibromialgia como un trastorno del sistema nervioso central”.

La variante más fuertemente asociada se encontró dentro del gen HTT, el mismo gen que, con otras mutaciones, causa la enfermedad de Huntington, un trastorno neurológico grave y progresivo.
Esa variante específica produce la eliminación de un solo aminoácido —un componente básico de las proteínas— en la proteína huntingtina, sin causar Huntington.
Otra variante apuntó al receptor GPR52, que regula los niveles de la proteína HTT y ya se estudia como posible diana terapéutica en la enfermedad de Huntington.
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Los 13 tipos de células con mayor enriquecimiento hereditario fueron neuronales, y los cinco tejidos más relevantes correspondieron a regiones del cerebro.
La superposición genética con otras enfermedades fue extensa: la fibromialgia mostró correlaciones genéticas superiores a 0,7 con el dolor lumbar, el trastorno de estrés postraumático y el síndrome de intestino irritable.

A pesar de que la enfermedad se diagnostica tres veces más en mujeres que en hombres, la arquitectura genética fue prácticamente idéntica en ambos grupos.
La investigación identifica dos posibles blancos a los que apuntar con el desarrollo de terapias: las asociaciones vinculadas a HTT y a su regulador GPR52, y también al gen CELF4, que ya se estudia en terapias génicas para el dolor crónico.
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El doctor Wainberg comentó que muchas pacientes no fueron consideradas o recibieron comentarios que atribuían sus dolores a un problema psicológico. “Nuestros hallazgos confirman que la condición tiene una base biológica clara”, enfatizó.
El equipo de investigadores reconoció que la muestra fue mayoritariamente europea, lo que limita la aplicabilidad de los resultados en personas de otras ancestrías.

Sin embargo, señalaron que identificar variantes genéticas específicas “aporta al campo puntos de partida moleculares concretos, lo que permite estudios orientados por hipótesis sobre la fisiopatología y la etiología compartida con condiciones comórbidas”.
La fibromialgia no tiene aún un test genético de diagnóstico ni un tratamiento derivado directamente de estos hallazgos. Como paso siguiente, los investigadores fundaron el Consorcio de Genómica del Dolor Crónico para extender este enfoque a otros síndromes de dolor crónico, a partir del dolor pélvico.
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Más allá del laboratorio

Desde la práctica clínica, el hallazgo también tiene una lectura propia. En diálogo con Infobae, el doctor Osvaldo Daniel Messina, médico internista y reumatólogo y exjefe del Departamento de Reumatología del Hospital de Agudos Cosme Argerich en Buenos Aires, Argentina, analizó el trabajo.
“Este nuevo estudio identificó genes asociados al desarrollo de la fibromialgia, una de las enfermedades contemporáneas más frecuentes. Esto es parte de la explicación de por qué vemos familias con varios integrantes con el síndrome”, expresó el experto, quien es también director médico de Investigaciones Reumatológicas y Osteológicas (IRO Research).
“Estas determinaciones tienen utilidad diagnóstica y pronóstica -destacó Messina-, y sería deseable que estuvieran disponibles en la práctica diaria, lo cual por ahora no es posible. También es cierto que, por ahora, en todo el mundo el diagnóstico es fundamentalmente clínico, con buen pronóstico en el 80% de los casos si se sigue un tratamiento adecuado y multidisciplinario”.
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En tanto, Arnaldo Rodolfo Doisenbant, profesor de Medicina Interna del Hospital de Clínicas José de San Martín de la Universidad de Buenos Aires, señaló al ser consultado por Infobae: ”El nuevo estudio valida la idea de una predisposición genética para la fibromialgia. Sus hallazgos, especialmente en el ADN relacionado con el sistema nervioso central, marcan un vínculo más estrecho a ese nivel y desvirtúan el peso que se atribuía al ADN ligado a la autoinmunidad".
Los resultados confirman que “esos elementos predisponentes, hallados con mayor presencia entre los afectados en algunas poblaciones, si bien existen, no alcanzan para afirmar que la fibromialgia sea una enfermedad hereditaria ni puramente genética”, expresó.
Si bien se reconocen algunas limitaciones metodológicas que dificultan la generalización de las conclusiones, “el estudio reúne y suma conocimientos que podrían orientar futuros estudios hacia eventuales tratamientos, con el avance del campo de la genética”, opinó Doisenbant.

Consultada por Infobae, Gretel Meichtry, miembro del Grupo de Sensibilización Central Argentina, que incluye a pacientes con fibromialgia y otros trastornos, opinó que el estudio publicado en Nature Medicine “viene a validar lo que los pacientes ya sabíamos, y muchos médicos especialistas también con solo observar la variedad y cantidad de síntomas que produce”.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció a la fibromialgia como enfermedad en 1992 y la incluyó dentro de los reumatismos no articulares dentro de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10).
Dos años después, en 1994, la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, por sus siglas en inglés) también la reconoció formalmente.
“Ahora se necesita que la fibromialgia reciba más reconocimiento y atención por parte de las instituciones de salud, que se enseñe en las facultades de medicina y que se consideren más los derechos de los pacientes”, resaltó Meichtry.
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