
Una investigación de la Griffith University de Queensland, Australia, halló por primera vez una posible relación entre el síndrome de fatiga crónica y el sistema glinfático del cerebro, una red de limpieza interna cuya alteración podría ayudar a explicar síntomas como la niebla mental, los trastornos del sueño y la inflamación descrita en esta enfermedad que todavía no tiene causa ni cura conocidas, informó el portal científico Science Alert.
El estudio, publicado en la revista científica Frontiers in Neuroscience, comparó resonancias magnéticas de 31 personas con síndrome de fatiga crónica y 27 controles sanos. Los investigadores observaron signos de función glinfática reducida solo en el hemisferio derecho del cerebro.
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La relevancia del hallazgo se apoya en un cambio reciente en la neurociencia. En 2024, científicos obtuvieron la primera prueba directa de un sistema interno de eliminación de desechos en el cerebro y la médula espinal humanos, una estructura que hasta hace poco permanecía oculta y que ahora empieza a estudiarse como parte de la fisiología normal del sistema nervioso.
La encefalomielitis miálgica, también conocida como síndrome de fatiga crónica, fue durante décadas una condición desatendida por el sistema médico. Cuando los pacientes describían cansancio extremo, niebla mental o síntomas persistentes parecidos a los de una gripe, con frecuencia no había una explicación aceptada.
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Disfunción glinfática en el hemisferio derecho
En los últimos años, ese panorama empezó a cambiar. De acuerdo con el portal, distintos equipos identificaron marcadores biológicos “inequívocos” de la enfermedad en genes, líquido cefalorraquídeo, sangre y microbioma intestinal, y muchas de esas señales apuntan al sistema inmune o a procesos inflamatorios.
Sobre esa base, el equipo planteó que una falla en el sistema de depuración cerebral podría estar en la raíz del problema. El neuroinmunólogo Kiran Thapaliya afirmó: “Este estudio es el primero en demostrar una función glinfática alterada en la encefalomielitis miálgica o síndrome de fatiga crónica mediante resonancia magnética, y ofrece una explicación mecánica para los cambios inflamatorios informados por otros equipos australianos e internacionales”.
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Thapaliya añadió: “Esto sugiere que la disfunción en el sistema natural de limpieza del cerebro puede ser un factor clave de esta afección”. Esa hipótesis, conforme al portal, aún es preliminar porque el trabajo es pequeño, aunque el planteo biológico resulta consistente con conocimientos recientes sobre esta red.
El sistema glinfático es una frontera nueva en el estudio del cuerpo humano. La mayor parte de lo que se sabe hoy proviene de trabajos en ratones, pero la evidencia disponible indica que su actividad de reciclaje cerebral aumenta durante el sueño.

En ese período, productos tóxicos o células muertas serían expulsados del cerebro de los mamíferos mediante “olas” de líquido cefalorraquídeo. Esos pulsos circularían por una red de conductos diminutos alrededor de vasos sanguíneos pequeños, un circuito que todavía se está describiendo.
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Resonancia magnética sin intervención directa
Observar directamente el sistema glinfático no es sencillo. El método habitual requiere inyectar un trazador en el líquido cefalorraquídeo para seguir su recorrido por esos pasajes internos, un procedimiento invasivo que ayudó a explicar por qué esta red tardó tanto en ser detectada.
Los investigadores recurrieron a otra estrategia. Usaron una técnica no invasiva que estima la función glinfática a partir de la velocidad con que el líquido cefalorraquídeo se difunde hacia pequeños canales que rodean vasos sanguíneos del cerebro.
Ese enfoque es menos directo y menos preciso, pero permite evaluar imágenes de resonancia magnética sin intervenir el cuerpo del paciente. La misma técnica ya había sugerido cambios en el flujo glinfático en personas con Parkinson, Alzheimer, problemas de presión arterial y esclerosis múltiple.
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En este trabajo, además de detectar una reducción funcional en pacientes con síndrome de fatiga crónica, los autores encontraron una asociación clínica concreta: cuanto peores eran los problemas de sueño o las dificultades de concentración, mayores eran los signos de disfunción glinfática en el hemisferio derecho.
Los autores señalaron que este tipo de asimetría hemisférica ya se había descrito antes en pacientes con epilepsia del lóbulo temporal, enfermedad de Parkinson y esclerosis lateral amiotrófica. El estudio no puede explicar por qué la alteración aparece solo en el lado derecho ni de qué manera exacta produciría los síntomas, detalló el portal.
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La directora del National Center for Neuroimmunology and Emerging Diseases, centro de Griffith, Sonya Marshall-Gradisnik, sostuvo que estas imágenes cerebrales refuerzan “la idea de que el sueño desempeña un papel crítico en el mantenimiento de la salud cerebral”. También expresó: “Esperamos que los resultados puedan allanar el camino hacia un mejor diagnóstico mediante procedimientos no invasivos y, de manera importante, hacia futuros tratamientos para los pacientes”.
Por ahora, la investigación no demuestra causalidad: si el sistema encargado de eliminar desechos cerebrales no retira con eficacia productos tóxicos, esa falla podría agravar la inflamación en el sistema nervioso central y favorecer síntomas neurológicos, una línea de razonamiento parecida a la que ya se explora en Alzheimer y Parkinson. Los propios autores subrayan que hará falta mucha más investigación para entender cómo funciona el sistema glinfático en cerebros humanos y de qué forma su alteración puede contribuir a distintas enfermedades.
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