
La utilización de un gorro refrigerante durante 30 minutos genera una reducción del malestar y un efecto calmante perceptible en el estado de ánimo, según un estudio realizado por un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania en Estados Unidos.
El trabajo, publicado en la revista científica Science Direct, señala que esta técnica también disminuye los síntomas depresivos y modifica la actividad cerebral, aunque sus efectos no se mantienen a largo plazo.
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El experimento reclutó a 24 estudiantes universitarios de entre 18 y 26 años. De acuerdo con el sitio especializado Infosalud, los participantes fueron divididos en dos grupos: la mitad utilizó un gorro especial que mantiene la cabeza a una temperatura de 1° grado Celsius, mientras que el resto no empleó ningún dispositivo. Todos se sometieron a cuestionarios sobre salud mental y cognición, así como a pruebas de electroencefalograma (EEG) para medir la actividad cerebral antes y después de las sesiones.
Cambios en la actividad cerebral y percepción de frescor

Los resultados del estudio muestran que el grupo que empleó el gorro refrigerante experimentó un aumento del 4% en las ondas cerebrales alfa, asociadas con estados de calma y menor activación cerebral, inmediatamente tras la primera sesión. En contraste, el grupo control evidenció una disminución del 0,5 % en este mismo tipo de ondas.
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El profesor adjunto de kinesiología en Penn State y coautor de la investigación, Owen Griffith, explicó que “las personas disfrutan la sensación de frescor en la cabeza, y esto mejoró su estado de ánimo, lo que modificó su actividad cerebral”.
Las sesiones, repetidas durante una semana, consistieron en permanecer sentados en una habitación con poca luz y sonidos de océano, mientras algunos usaban el gorro y otros no. Después de la última jornada, los participantes volvieron a completar los cuestionarios y el EEG.
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Según el artículo publicado en Infosalud, los investigadores observaron que las diferencias en las ondas alfa no persistieron al día siguiente de la última sesión, sugiriendo que el efecto del enfriamiento es principalmente inmediato y no prolongado.
Reducción de síntomas depresivos y posible mecanismo psicosomático
Durante la semana que duró el experimento, ambos grupos reportaron una reducción de los síntomas depresivos, pero los participantes que enfriaron su cabeza reportaron una mayor disminución en comparación con quienes solo permanecieron sentados.
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En ese sentido, Griffith señaló que esta reducción en personas sanas “sugiere que podría tratarse de un tratamiento prometedor”.

Aunque en un principio se pensó que el enfriamiento actuaba mediante cambios en la actividad eléctrica neuronal, los EEG no ofrecieron evidencia concluyente en ese sentido. Ahora, el equipo plantea que los efectos podrían ser psicosomáticos, es decir, originados por factores mentales y emocionales más que por modificaciones fisiológicas.
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“La mayoría de las personas describe la experiencia como relajante y agradable”, expuso Griffith, y añadió que las compresas frías y bolsas de hielo se han utilizado durante años para aliviar migrañas.
Potencial como herramienta complementaria para la salud mental
El autor principal del estudio y profesor de kinesiología en la entidad académica, Dr. Semyon Slobounov, ya había encontrado que los atletas con conmociones cerebrales se recuperan más rápido al enfriar la cabeza con regularidad. La nueva investigación sugiere que la refrigeración podría ser útil para una población más amplia, dado que no implica fármacos ni productos químicos y presenta bajo riesgo.
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La coautora del ensayo e investigadora Laura Cooney, quien basó su tesis en este trabajo, afirmó que el enfriamiento de la cabeza “muestra cierto potencial como terapia calmante aguda, no como sustituto de tratamientos actuales, sino como herramienta adicional”.
El estudio concluye que la refrigeración generalizada de la cabeza podría incorporarse como una opción accesible y bien tolerada para mejorar el bienestar emocional de la población.
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