Exilio nicaragüense y raíces indígenas: sanar lo que no se nombra

El testimonio de una periodista describe cómo el insomnio, la sensación de persecución y el desarraigo quedaron fuera de los marcos clínicos habituales, atravesados por su identidad indígena y la pérdida del territorio

Brisa Bucardo relató que el exilio de Nicaragua le dejó miedo, insomnio y una sensación de persecución que no encontraba respuesta en los diagnósticos habituales. (Foto: Redes sociales Brisa Bucardo)
Brisa Bucardo relató que el exilio de Nicaragua le dejó miedo, insomnio y una sensación de persecución que no encontraba respuesta en los diagnósticos habituales. (Foto: Redes sociales Brisa Bucardo)
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Una noche, Brisa Bucardo comprendió que el miedo que sentía no encontraba espacio en los diagnósticos habituales. El exilio la había dejado con insomnio, una sensación persistente de persecución y un dolor que no terminaba de ser comprendido en la consulta psicológica. Su salida de Nicaragua fue una huida, marcada por la urgencia y el peligro, mucho antes de cruzar fronteras. El miedo no era nuevo: acompañaba su trabajo como periodista miskitu en su territorio.

En la infancia de Brisa, la salud mental no se nombraba. En su comunidad, se hablaba del “dolor del alma”, de cuerpos que arden o de espíritus. Las personas mayores explicaban el malestar desde lo espiritual y lo colectivo, recurriendo a la medicina tradicional y a rituales que protegían a la comunidad. Ese aprendizaje viajó con ella cuando debió dejar su tierra.

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La salud mental en la comunidad miskitu se nombra como dolor del alma y se explica desde lo espiritual, lo colectivo y la medicina tradicional. (Foto: Redes sociales Brisa Bucardo)
La salud mental en la comunidad miskitu se nombra como dolor del alma y se explica desde lo espiritual, lo colectivo y la medicina tradicional. (Foto: Redes sociales Brisa Bucardo)

Según relató en su testimonio para Confidencial.digital, al llegar al exilio y acceder por primera vez a una consulta psicológica, Brisa no sabía qué esperar. Imaginaba que la psicóloga le daría indicaciones para dejar de tener miedo. La realidad fue diferente: la profesional escuchaba y preguntaba, sin dar soluciones inmediatas. Brisa se sintió frustrada; durante semanas evitó hablar de lo que más le dolía. Solo después de varias sesiones se animó a contar sobre el insomnio, la persecución y el silencio que venía arrastrando desde mucho antes de salir de Nicaragua.

La terapia, entonces, no se centró en el exilio, sino en su identidad y su infancia. Descubrió que su malestar tenía raíces más profundas: el ser mujer indígena, las experiencias de racismo, la necesidad constante de explicar quién era a quienes dudaban de su identidad o su pertenencia al pueblo miskitu.

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Brisa Bucardo contó que su primera consulta psicológica en el exilio la frustró porque esperaba respuestas inmediatas para dejar de sentir miedo. (Foto: Redes sociales Brisa Bucardo)
Brisa Bucardo contó que su primera consulta psicológica en el exilio la frustró porque esperaba respuestas inmediatas para dejar de sentir miedo. (Foto: Redes sociales Brisa Bucardo)

Brisa notó que traducir su dolor a categorías clínicas dejaba fuera aspectos centrales de su experiencia. En su territorio, el sufrimiento se entiende y se nombra de otra forma, y muchas veces los sistemas convencionales no logran captar esa diferencia. En Costa Rica, una joven miskitu se le acercó después de una entrevista y le habló en su idioma: sentía miedo, creía que la seguían, pero no sabía cómo pedir ayuda porque no hablaba español. Brisa quiso acompañarla, pero también reconoció sus propios límites y la dificultad de adaptar el apoyo a contextos tan distintos.

Con el tiempo, Brisa identificó otro duelo: el del territorio. Al principio pensó que extrañaba a las personas, pero entendió que lo que más dolía era no poder regresar a su tierra. El territorio estaba en la comida, en las canciones, en la iglesia donde se rezaba en miskitu. Esos recuerdos no podían reproducirse lejos de su lugar de origen.

La terapia de Brisa Bucardo se enfocó en su identidad, su infancia y el impacto de ser mujer indígena frente al racismo. (Foto: Redes sociales Brisa Bucardo)
La terapia de Brisa Bucardo se enfocó en su identidad, su infancia y el impacto de ser mujer indígena frente al racismo. (Foto: Redes sociales Brisa Bucardo)

El testimonio de Brisa, publicado en Confidencial.digital, muestra que el proceso de sanar para una persona indígena exiliada no consiste en encontrar respuestas definitivas ni en adaptarse a diagnósticos. Sanar es dar lugar a lo que antes no tenía nombre, aceptar que la experiencia del dolor y la pérdida es colectiva y forma parte de una memoria cultural más amplia. Para Brisa, la sanación consiste en entender que no todo se traduce ni se resuelve igual, y que el duelo por el territorio y la identidad es parte de lo que aún necesita ser escuchado.

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