
Las recomendaciones sobre actividad física en pacientes con cáncer han cambiado tras nuevas evidencias científicas. Según la revista National Geographic, un estudio mostró que el ejercicio no solo ayuda a sobrellevar los efectos secundarios del tratamiento, sino que puede disminuir el riesgo de recaída y mejorar la supervivencia tras el diagnóstico.
Estos hallazgos se reflejan en el ensayo CHALLENGE, publicado en la revista médica New England Journal of Medicine, que evaluó el impacto de un programa de ejercicio estructurado en pacientes con cáncer de colon luego de la cirugía y la quimioterapia. En el estudio, quienes siguieron el programa presentaron un 28% menos de riesgo de recaída, aparición de un nuevo cáncer o muerte, frente a quienes solo recibieron educación sobre ejercicio.
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El riesgo de muerte por cualquier causa se redujo un 37% en el grupo que realizó actividad física planificada. Estos beneficios son comparables a los logrados con varios tratamientos farmacológicos aprobados para el cáncer, según los autores.

El estudio CHALLENGE y sus resultados clave
El ensayo CHALLENGE de 2025 fue el primer estudio aleatorizado de gran escala en evaluar si un programa de ejercicio estructurado podía mejorar los resultados a largo plazo en pacientes con cáncer de colon que ya habían completado cirugía y quimioterapia.
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Tras un seguimiento medio de ocho años, los pacientes con cáncer de colon en estadios dos y tres que participaron en el programa tuvieron un 28% menos de riesgo de recaída, aparición de un nuevo cáncer o muerte en comparación con quienes solo recibieron educación sobre ejercicio, y un 37% menos de riesgo de muerte por cualquier causa.
Según los autores del estudio: “La magnitud del beneficio en supervivencia fue similar a la observada con muchas terapias farmacológicas aprobadas para el cáncer”. Estos datos marcan un punto de inflexión para la oncología del ejercicio, ya que no solo mejoran la calidad de vida, sino también el pronóstico.
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Nuevas perspectivas en oncología del ejercicio
La oncología del ejercicio crece rápidamente a raíz de estos resultados. Sharlene Gill, oncóloga de la Universidad de British Columbia y coautora del estudio, sostiene: “Los pilares convencionales del tratamiento del cáncer son la cirugía, la radiación y la quimioterapia, y todo lo demás es considerado apoyo”.
“El ejercicio ha pasado de no apoyar esa lucha a tener la capacidad de cambiar el resultado”, explica. Melinda L. Irwin, subdirectora del Yale Cancer Center, dice que los resultados son lo suficientemente grandes y destaca que el efecto observado es lo suficientemente grande como para mejorar la vida de los pacientes.
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Esto ha impulsado la creación de sociedades científicas y la incorporación de programas estructurados en centros médicos especializados.

Cómo el ejercicio afecta el entorno tumoral
Aún se investiga cómo el ejercicio modifica el pronóstico del cáncer. National Geographic explica que uno de los desafíos es que las células cancerosas eluden la vigilancia inmunológica. Sin embargo, la actividad física parece crear un entorno menos favorable para el crecimiento tumoral.
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“La idea no es que el ejercicio cure el cáncer por sí mismo, sino que puede contribuir a crear un entorno fisiológico menos favorable para el crecimiento tumoral y más propicio para las defensas naturales del cuerpo”, indica Irwin.
El ejercicio aumenta la actividad de células inmunitarias como linfocitos T y células asesinas naturales, y podría alterar el microambiente tumoral. Reduce la inflamación, disminuyendo la actividad de citocinas como IL-6 y TNF-α, y regula hormonas y factores metabólicos, como el estrógeno y el IGF-1, que se vinculan con mayor riesgo y peor evolución del cáncer.
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Dudas y límites actuales de la investigación
Persisten varias incógnitas. No se sabe con certeza qué tipo de ejercicio es más eficaz, ya que la mayoría de los estudios se ha centrado en el ejercicio aeróbico. Un trabajo concluyó que la resistencia de intensidad moderada es la más efectiva para prevenir metástasis, pero hay escasa investigación sobre el entrenamiento de fuerza o combinado.
Los participantes del ensayo CHALLENGE realizaron unos 150 minutos semanales de ejercicio de intensidad moderada, pero no está claro si menores volúmenes podrían ser igual de útiles.
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La evidencia principal proviene de estudios en cáncer de colon, mama y próstata en estadios localizados; no se sabe si los resultados pueden extrapolarse a otros tipos y etapas. “¿Son estos resultados aplicables a otros cánceres? Aún no lo sabemos”, reconoce Gill.

Implementación y acceso a programas de ejercicio oncológico
En centros como el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Manhattan, los pacientes pueden ser derivados a programas de ejercicio oncológico desde el diagnóstico.
Jessica Scott, directora del programa, explica que los fisioterapeutas diseñan planes individualizados que acompañan al paciente durante el tratamiento y la recuperación. Existen unos 2.100 programas en hospitales y comunidades en Estados Unidos, pero el acceso sigue siendo limitado.
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Aunque la Sociedad Americana de Oncología Clínica recomienda el ejercicio durante el tratamiento, aún no forma parte de las guías clínicas estándar, lo que dificulta la cobertura por seguros médicos. Scott afirma: “Mi sueño es que cada paciente diagnosticado con cáncer tenga acceso a un programa y a una prescripción individualizada de ejercicio”.
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