El mayor estudio genético sobre el Alzheimer asoció 16 nuevas regiones del ADN a la enfermedad

Publicada en Nature Genetics, la investigación cruzó datos de más de 128.000 pacientes y cerca de 850.000 personas sanas, llevando a 91 el total de marcadores hereditarios conocidos. Las claves de un hallazgo que podría cambiar la comprensión de esta patología

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Una mujer adulta de mediana edad, con el pelo rubio recogido y una camisa blanca, mira una visualización 3D de una doble hélice de ADN con regiones luminosas y redes. Al fondo, se ve un cerebro humano con conexiones neuronales activas.
El mayor metaanálisis genético del alzhéimer identificó 16 nuevas regiones de riesgo en poblaciones europeas y elevó a 91 las zonas genéticas vinculadas con la enfermedad (Imagen Ilustrativa Infobae)

El alzheimer es la causa más frecuente de demencia en el mundo, pero todavía quedan muchas preguntas sin respuesta sobre por qué algunas personas desarrollan la enfermedad y otras no. Ahora, un estudio internacional considerado el mayor análisis genético realizado hasta la fecha sobre esta patología logró ampliar significativamente el conocimiento disponible sobre sus causas biológicas.

La investigación, publicada en Nature Genetics y difundida por la Universidad de Finlandia Oriental, identificó 16 regiones del ADN que nunca antes se habían asociado con el riesgo de padecer alzheimer en poblaciones europeas.

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Estas regiones son segmentos del material genético que contienen instrucciones relacionadas con distintas funciones biológicas del organismo. Con estos hallazgos, el número total de zonas genéticas vinculadas a la enfermedad ascendió a 91.

Infografía muestra cerebro iluminado sobre mapa de Europa con ADN, explicando el nuevo mapa genético del alzhéimer y 16 regiones de riesgo identificadas.
El estudio internacional sobre alzheimer analizó datos de más de 128.000 personas con la enfermedad y de cerca de 850.000 sin diagnóstico, todas de ascendencia europea (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados surgen de un metaanálisis internacional —un estudio que combina datos de muchas investigaciones previas para obtener conclusiones más sólidas— en el que los científicos reunieron información genética de más de 128.000 personas con alzheimer y cerca de 850.000 sin la enfermedad, todas de ascendencia europea.

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Según los autores, el trabajo aporta nuevas pistas sobre los mecanismos biológicos que participan en el deterioro cerebral y podría contribuir en el futuro al desarrollo de estrategias de prevención y tratamientos más personalizados.

La dimensión global del alzheimer

La relevancia de estos avances trasciende el ámbito de la investigación. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 57 millones de personas viven con algún tipo de demencia en el mundo y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos diagnósticos.

Entre el 60% y el 70% de esos casos corresponden al alzheimer. Las proyecciones indican que la cantidad de personas afectadas podría triplicarse hacia 2050 debido al envejecimiento de la población.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La OMS estima que 57 millones de personas viven con demencia en el mundo y que entre el 60% y el 70% de los casos corresponden al alzheimer (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este escenario plantea un desafío creciente para los sistemas sanitarios, las economías y las familias que asumen tareas de cuidado, y refuerza la necesidad de desarrollar estrategias de prevención capaces de actuar antes de que aparezcan los primeros síntomas.

Un mapa genético cada vez más detallado

Cada persona hereda miles de variantes genéticas de sus padres. Algunas de ellas pueden aumentar o disminuir la probabilidad de desarrollar determinadas enfermedades. Aunque APOE sigue siendo el principal gen asociado al alzheimer, los resultados muestran que el riesgo de desarrollar la enfermedad depende de múltiples regiones del ADN que actúan de manera conjunta.

Grupo de médicos en batas blancas discutiendo frente a una pantalla grande que muestra tres resonancias magnéticas cerebrales con áreas resaltadas en azul, naranja y rojo.
Las proyecciones sobre demencia indican que los casos podrían triplicarse hacia 2050, lo que refuerza la necesidad de prevención del alzheimer antes de los primeros síntomas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Muchas de las 16 nuevas zonas identificadas están relacionadas con mecanismos biológicos que desempeñan un papel importante en el desarrollo del alzheimer, entre ellos la respuesta inmunitaria del cerebro, la comunicación entre neuronas y la acumulación de proteínas asociadas a la enfermedad.

En términos sencillos, estos hallazgos muestran que el riesgo de desarrollar alzheimer no suele depender de una única alteración genética importante, sino de la combinación de numerosas variantes, cada una con una influencia pequeña. La suma de todos esos efectos puede aumentar la vulnerabilidad de una persona a lo largo de su vida.

El papel de las defensas del cerebro

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que muchas de las regiones identificadas están activas en las microglías.

Estas células especializadas forman parte del sistema inmunológico del cerebro. Su función es actuar como una especie de equipo de mantenimiento: eliminan residuos, detectan daños y ayudan a proteger el tejido nervioso frente a diferentes amenazas.

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El riesgo genético de alzhéimer depende de múltiples variantes del ADN que actúan en conjunto, aunque el gen APOE sigue como el principal factor asociado (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores observaron que varias de las nuevas regiones genéticas participan en procesos relacionados con la respuesta inmunitaria, lo que refuerza una idea que viene ganando fuerza en los últimos años: la inflamación cerebral podría desempeñar un papel más importante de lo que se creía en la progresión del alzheimer.

Además, estas zonas también están vinculadas con otros mecanismos biológicos considerados fundamentales para la enfermedad.

Beta-amiloide, tau y grasas: las claves biológicas que vuelven a aparecer

Los resultados también fortalecen la evidencia sobre tres protagonistas ya conocidos en la investigación del alzheimer.

Uno de ellos es la acumulación de beta-amiloide, una proteína que puede formar depósitos anormales entre las neuronas. Estas acumulaciones, conocidas como placas amiloides, constituyen una de las características más reconocibles de la enfermedad.

Otro protagonista es la proteína tau. En condiciones normales ayuda a mantener la estructura interna de las neuronas. Sin embargo, cuando experimenta determinadas alteraciones químicas puede formar agregados anormales dentro de las células nerviosas.

Imagen 3D de células inmunes (neutrófilos y linfocitos) en un vaso sanguíneo, conectadas por haces de luz a un cerebro transparente con zonas difusas.
Varias de las nuevas regiones genéticas del alzhéimer están activas en las microglías y refuerzan el papel de la respuesta inmunitaria y la inflamación cerebral en la enfermedad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estas acumulaciones generan los llamados ovillos neurofibrilares, lesiones microscópicas que interfieren con el funcionamiento neuronal y se consideran una de las marcas distintivas del alzheimer.

Además, algunas de las nuevas regiones identificadas mostraron relación con biomarcadores de neurodegeneración, entre ellos los niveles de tau fosforilada presentes en el líquido cefalorraquídeo, el fluido que rodea y protege el cerebro y la médula espinal.

Un puntaje genético para estimar el riesgo

A partir de las regiones identificadas, los científicos desarrollaron un puntaje genético acumulado capaz de estimar la predisposición hereditaria al alzheimer.

Este tipo de herramienta combina la información de múltiples variantes genéticas para calcular un nivel de riesgo relativo. No permite predecir con certeza quién desarrollará la enfermedad, pero sí identificar perfiles con mayor vulnerabilidad biológica.

Representación digital de un cerebro humano desintegrándose en partículas, que se transforman en una neurona rodeada de estructuras geométricas simbólicas y conexiones abstractas, sobre un fondo oscuro.
Los hallazgos sobre alzhéimer vuelven a señalar a la beta-amiloide, la proteína tau y los biomarcadores de neurodegeneración como claves biológicas de la patología (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados mostraron que las personas ubicadas en el 10% superior de este puntaje presentaban aproximadamente el doble de probabilidades de exhibir lesiones cerebrales avanzadas típicas del alzheimer, como una mayor acumulación de placas amiloides y ovillos neurofibrilares.

Sin embargo, los investigadores advierten que la capacidad predictiva actual sigue siendo limitada. El modelo solo explica entre el 2,4% y el 4,9% de la variabilidad observada en estas lesiones cerebrales.

En otras palabras, la genética representa apenas una parte del riesgo total. Factores como la edad, la salud cardiovascular, el estilo de vida y otras influencias ambientales continúan desempeñando un papel fundamental.

Hacia estrategias más personalizadas

Los investigadores consideran que este mapa genético ampliado representa un paso importante hacia una medicina más personalizada.

Comprender qué mecanismos biológicos están alterados en distintos grupos de pacientes podría facilitar, en el futuro, el diseño de tratamientos dirigidos a procesos específicos y mejorar las estrategias de prevención.

Una mujer adulta mira hacia adelante frente a una interfaz holográfica que muestra una doble hélice de ADN translúcida y un cerebro con conexiones luminosas en un entorno médico.
El puntaje genético acumulado para alzhéimer permitió estimar predisposición hereditaria, pero su capacidad predictiva sigue limitada y no reemplaza el peso de la edad, la salud cardiovascular y el ambiente (Imagen Ilustrativa Infobae)

No obstante, los especialistas subrayan que todavía quedan desafíos por resolver. La mayoría de los datos analizados provienen de personas de ascendencia europea, por lo que será necesario confirmar estos hallazgos en poblaciones más diversas para determinar si los mismos factores genéticos tienen relevancia global.

Aunque aún falta camino por recorrer antes de que estos descubrimientos se traduzcan en aplicaciones clínicas concretas, el estudio aporta nuevas piezas para entender una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo.

Cada región genética identificada ayuda a completar un rompecabezas complejo y acerca a los científicos a comprender con mayor precisión cómo comienza y progresa el alzheimer.

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