Identifican 2 hábitos comunes que impactan directamente en la saciedad y la ingesta de comida

Investigadores de Cornell University observaron conductas habituales en un entorno de laboratorio y evaluaron dos comportamientos asociados con creencias populares. Los resultados abren nuevas preguntas sobre qué decisiones influyen en la alimentación

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Persona come con tenedor de plato de comida, bebe de vaso con agua, sobre mesa de madera. Hay chiles rojos, salsa roja con llamas y escamas de chile.
Dos experimentos en laboratorio citados por Cornell University analizaron cómo beber agua y añadir picante influyen en la ingesta y en la velocidad de consumo (Imagen Ilustrativa Infobae)

A veces, los gestos más automáticos en la mesa —tomar un sorbo de agua entre bocados o sumar picante “para darle sabor”— pueden producir efectos distintos a los que sugieren algunos consejos populares. Dos experimentos en laboratorio, citados por Cornell University, analizaron cómo estos dos factores se relacionaron con la cantidad que comieron los participantes y con la velocidad a la que lo hicieron.

Según informó la universidad, un análisis publicado en julio en Appetite vinculó beber más agua durante una comida con una mayor ingesta. En paralelo, otro experimento, difundido en Food Quality and Preference, indicó que una salsa más picante hizo que los participantes comieran más despacio y terminaran consumiendo menos. En ambos casos, se trató de estudios en laboratorio y con pocos alimentos, por lo que sus conclusiones se limitan a esas condiciones.

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Paige Cunningham, profesora asistente de la División de Ciencias de la Nutrición del College of Human Ecology, explicó la recomendación extendida sobre el agua: “Existe la recomendación muy extendida de que, si bebemos agua, nos llenamos”. Sin embargo, el trabajo —realizado con John Hayes, del Departamento de Ciencia de los Alimentos de Penn State— no apoyó esa idea en los datos analizados.

Infografía con gráficos que muestran un vaso de agua, platos con comida, ají, salsa picante, y una persona bebiendo y otra comiendo.
Un estudio publicado en Appetite vinculó beber más agua durante la comida con una mayor ingesta de alimentos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué halló el estudio sobre el agua y la ingesta

La investigadora explicó, en declaraciones recogidas por Cornell University: “Pero el agua sale rápido del estómago, por lo que probablemente no nos llena durante mucho tiempo. En cambio, puede hacer que comamos más, porque lubrica la boca, acelera la ingesta y evita la sequedad, lo que puede prolongar el disfrute de la comida”.

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Persona con sudadera verde come pasta de un plato blanco con un tenedor y bebe agua de un vaso transparente sobre una mesa de madera.
El análisis sobre el agua detectó que por cada 100 gramos adicionales de agua, los participantes consumieron unos 39 gramos más de comida, equivalentes a cerca de 49 calorías extra (Imagen Ilustrativa Infobae)

El análisis sobre el agua detectó que por cada 100 gramos adicionales de agua que bebieron los participantes, consumieron unos 39 gramos más de comida. Esa diferencia equivale a cerca de 49 calorías extra.

Los investigadores también observaron que quienes alternaban con mayor frecuencia entre bocados y sorbos terminaban comiendo más. Cada cambio adicional entre comida y agua se vinculó con 4,4 gramos extra de alimentos consumidos.

Cómo se interpretó el resultado y cuáles fueron los límites

El equipo planteó que ese efecto puede retrasar la “saciedad sensorial específica”. Esta expresión se refiere a algo común: un alimento suele “perder gracia” a medida que se lo consume, y entonces dan menos ganas de seguir. Según la hipótesis, el agua podría cortar esa caída de interés al sumar contraste (pasar de comida a líquido), lo que mantendría el atractivo del plato por más tiempo.

El estudio sobre el agua reunió datos de dos experimentos previos con 86 adultos en laboratorio. Todos comieron cuanto quisieron en un almuerzo de chili con carne o pollo tikka masala (especiado con salsa cremosa de tomate), servido con agua, mientras los investigadores registraban en video cada bocado y cada sorbo.

Hombre sentado a la mesa con un plato de pollo, pasta, huevo, brócoli y camote listo para comer
Los investigadores observaron que alternar con mayor frecuencia entre bocados y sorbos de agua se asoció con un mayor consumo de alimentos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los resultados llamó la atención incluso a los autores: los participantes que bebieron agua más rápido durante la comida acabaron comiendo menos, no más. El artículo no ofrece una explicación cerrada para ese hallazgo. Los autores señalan que podría reflejar cuánto tiempo permanece el agua en la boca o, simplemente, estar relacionado con la duración total de la comida (si alguien termina antes, quizá come menos).

Cunningham subrayó ante Cornell University que ese trabajo no permite fijar relaciones de causa y efecto. “Fue un análisis secundario centrado en asociaciones”, dijo. “Estamos dando seguimiento a esto ahora para poder establecer esas relaciones causales”.

Qué mostró el experimento del picante en un aperitivo

El segundo experimento se centró en un aperitivo. En ese ensayo, 49 adultos comieron nachos con salsa suave o picante una vez por semana durante dos semanas, y la única diferencia entre ambas condiciones fue el contenido de pimienta de Cayena en la salsa.

La versión más picante redujo la ingesta total del aperitivo en 28%. La baja no se limitó a la salsa: también alcanzó a los nachos, aunque estos no cambiaron entre una prueba y otra. En otras palabras, el picor no solo modificó cuánto se comía de la salsa, sino el consumo global del snack.

Un bowl grande con nachos de garbanzo triangulares, tres bowls pequeños con hummus, guacamole y yogur griego, garbanzos sueltos, y servilleta sobre madera.
El experimento con 49 adultos mostró que una salsa más picante en los nachos redujo 28% la ingesta total del aperitivo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los participantes consumieron el aperitivo picante cerca de 30% más despacio que el suave. Los investigadores consideran que esa menor velocidad de consumo explica la reducción de la cantidad total ingerida. Un modo de entenderlo es pensar que, al comer más lento, el cuerpo tiene más tiempo para registrar señales de saciedad antes de que se sumen demasiados bocados.

El nivel de picante no alteró la cantidad de agua que bebieron durante el aperitivo. Por eso, según Cornell University, los autores descartaron que el menor consumo se debiera a una mayor ingesta de agua.

Qué sugieren ambos estudios cuando se leen en conjunto

Cunningham explicó el objetivo de esa prueba con una observación concreta: “Nos interesaba saber si hacer más picante la salsa haría que la gente comiera la misma cantidad de nachos”. Luego resumió el resultado: “Y no fue así. La conclusión es que añadir picante a una parte del aperitivo puede influir mucho en la cantidad total que come una persona”.

Una persona sostiene nachos con salsa roja picante. En un plato grande hay más nachos con queso, salsa y ají. Un vaso de agua con hielo.
Los autores advirtieron que estos estudios sobre agua, picante e ingesta se hicieron con pocos alimentos y en laboratorio, y ahora investigan otros factores de los hábitos alimentarios (Imagen Ilustrativa Infobae)

Leídos en conjunto, los dos trabajos apuntan en dirección contraria a dos consejos dietéticos habituales. Cunningham afirmó, según Cornell University: “Ambos estudios muestran cómo los comportamientos en la mesa y las propiedades de los alimentos pueden influir en cuánto comemos, sin que lo advirtamos. Vimos que beber más agua se asoció con un mayor consumo, mientras que añadir un poco más de picante a un aperitivo ralentizó la ingesta y redujo cuánto comieron los participantes”.

Los propios autores remarcaron los límites de estas conclusiones: los ensayos solo incluyeron chili con carne, pollo tikka masala y una combinación concreta de totopos con salsa, siempre en un laboratorio.

Aun con esas restricciones, los resultados sugieren que pequeños cambios en la forma de comer y en ciertas características de los alimentos podrían influir en la energía consumida. El equipo indicó que sus próximos experimentos buscarán identificar qué otros factores o propiedades de los alimentos pueden modificar esa conducta.

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