
El mayor estudio genético realizado hasta la fecha sobre el síndrome de fatiga crónica (SFC/EM) ha identificado 259 genes asociados con el riesgo de desarrollar esta enfermedad, multiplicando por seis la cifra conocida hasta hace pocos meses.
Este avance, reportado por New Scientist, supone un salto relevante en la comprensión de una patología que afecta a millones de personas y que, hasta ahora, ha permanecido en gran medida incomprendida y sin tratamientos específicos.
Un salto para la comprensión de la enfermedad
El equipo dirigido por Steve Gardner, de Precision Life en Oxford, junto con investigadores de la Brunel University of London y el Imperial College London, implicó a 259 genes en el desarrollo del SFC/EM. Según New Scientist, este número supera ampliamente los 43 genes identificados en un estudio previo publicado en agosto. Gardner señaló que este hallazgo “abre una enorme cantidad de nuevas vías, tanto para el desarrollo de terapias novedosas como para la reutilización de fármacos”.
El SFC/EM es una enfermedad crónica y discapacitante, caracterizada principalmente por el malestar post-esfuerzo, donde incluso actividades leves pueden provocar agotamiento prolongado. Aunque suele desencadenarse tras una infección, no todas las personas expuestas desarrollan la enfermedad, lo que ha dificultado su estudio y tratamiento.

Para alcanzar estos resultados, los investigadores analizaron datos genómicos de más de 10.500 personas diagnosticadas con SFC/EM, recopilados por el proyecto DecodeME. Esta base de datos permitió comparar la información genética de los afectados con la de personas sin la enfermedad, utilizando datos del UK Biobank. El análisis se centró en los polimorfismos de un solo nucleótido (SNPs), variantes genéticas en las que una sola letra del genoma cambia.
A diferencia de los enfoques tradicionales que examinan un SNP a la vez, el equipo buscó grupos de SNPs asociados al riesgo de SFC/EM, identificando 22.411 combinaciones relevantes entre más de 300.000 variantes analizadas.
Se observó que la presencia de un mayor número de estos grupos en una persona incrementa su probabilidad de desarrollar la enfermedad. Posteriormente, los SNPs se mapearon a 2.311 genes, de los cuales 259 mostraron los vínculos más sólidos con el SFC/EM.
Avances en el desarrollo de tratamientos
Jacqueline Cliff, de la Brunel University of London, destacó que este enfoque permite avanzar en la comprensión de la enfermedad, mientras que Gardner subrayó que los genes con mayor prevalencia y efecto serán prioritarios para futuras investigaciones sobre posibles tratamientos.

Actualmente, no existen medicamentos específicos para el SFC/EM. Los pacientes suelen recibir analgésicos, antidepresivos y asesoramiento sobre el manejo de la energía. Gardner, citado por New Scientist, remarcó que la identificación de estos genes “es fundamental para investigar primero las variantes con mayor prevalencia y efecto”, lo que podría acelerar el desarrollo de terapias dirigidas o la reutilización de fármacos existentes.
Danny Altmann, del Imperial College London, expresó su optimismo respecto a que estudios de esta magnitud permitan visibilizar los daños graves que provoca el SFC/EM, una enfermedad que, según él, ha sido malinterpretada y desatendida durante décadas.
Relación genética con el long covid
El estudio también abordó la relación genética entre el SFC/EM y el long covid, dos condiciones que comparten síntomas como el malestar post-esfuerzo y que suelen desencadenarse tras una infección.
Los investigadores compararon los genes asociados al SFC/EM con los previamente vinculados al long covid, hallando que “alrededor del 42% de los genes identificados en el long covid también aparecen de forma reproducible en múltiples cohortes de SFC/EM”, según Gardner. Esto sugiere que ambas enfermedades comparten una base genética parcial.

No obstante, Cliff advirtió en New Scientist que los métodos de análisis difieren entre ambos grupos y que la estimación del solapamiento genético es mínima, por lo que la similitud podría ser mayor de lo que actualmente se reconoce.
Investigación previa y nuevos enfoques
El SFC/EM ha sido objeto de numerosos estudios genéticos previos, aunque con resultados inconsistentes debido, en parte, al tamaño limitado de las muestras. Altmann explicó que la escala y el poder estadístico de los estudios anteriores no permitieron identificar señales genéticas claras.
El reciente trabajo de DecodeME, publicado en agosto, había detectado variantes en ocho regiones del genoma, pero no todas pudieron replicarse en conjuntos de datos independientes. El equipo de Precision Life logró redescubrir todas estas regiones, reforzando su papel como factores de riesgo genuinos.
Altmann y su colega Rosemary Boyton, también del Imperial College London, han obtenido una financiación de GBP 1,1 millones para investigar los vínculos entre el SFC/EM y el long covid. Según New Scientist, el objetivo es reclutar personas con ambas condiciones y realizar análisis de alta tecnología y resolución, incluyendo el estudio de los sistemas inmunológicos, la presencia de virus latentes y el microbioma intestinal de los participantes, factores que se han relacionado con estas enfermedades.
Altmann indicó que comprender los mecanismos subyacentes y las variaciones individuales permitirá, en el futuro, diseñar intervenciones más precisas y eficaces, ya que el avance en la genética del SFC/EM marca un punto de inflexión en la investigación biomédica, abriendo una etapa en la que la comprensión de los mecanismos moleculares y fisiopatológicos promete transformar el abordaje de enfermedades complejas, según concluye New Scientist.
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