
Nuevas investigaciones científicas están revolucionando lo que se creía sobre los ácidos grasos omega-3. Ya no se trata solo de cuidar el corazón: mantener niveles adecuados de estos lípidos esenciales puede ser clave para la memoria, el estado de ánimo y la prevención de enfermedades como la demencia.
Así lo advierten especialistas internacionales en el reconocido podcast ZOE, donde subrayan que el omega-3 cumple un rol vital en la salud cerebral y emocional.
PUBLICIDAD
Este nuevo enfoque, avalado por destacados referentes en nutrición y medicina, ubica a estos nutrientes en un lugar central en la prevención de trastornos mentales.
Relevancia de los omega-3 para el cerebro y la mente
El Dr. Bill Harris, profesor de la Universidad de Dakota del Sur y referente en el estudio de los omega-3, explicó que la mayoría de las personas en países occidentales presenta niveles insuficientes de estos ácidos grasos.
PUBLICIDAD
Esta deficiencia, según el especialista repercute en el estado de ánimo, la ansiedad y la resiliencia cerebral. “Los niveles más altos de omega-3 se asocian con menor riesgo de depresión, ansiedad y demencia”, afirmó en ZOE podcast, apoyado en estudios observacionales recientes.

Por su parte, la profesora Sarah Berry señaló al conductor del podcast, Jonathan Wolf, que “autopsias realizadas a personas fallecidas por demencia revelaron niveles notablemente bajos de omega-3 en el cerebro, en comparación con quienes murieron por otras causas”.
PUBLICIDAD
Estudios a largo plazo también mostraron que quienes mantienen un índice elevado de estos ácidos grasos en sangre tienen menor riesgo de desarrollar Alzheimer y otras formas de deterioro cognitivo.
Si bien la relación causal aún se investiga, Harris destacó que los omega-3, en especial el EPA, podrían ejercer un efecto antiinflamatorio en el cerebro, lo que contribuiría a sus beneficios sobre la salud mental.
PUBLICIDAD
EPA, DHA y ALA: no todos los omega-3 son iguales
Harris detalló que existen tres tipos principales de omega-3: el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), que se encuentran en pescados grasos y organismos marinos, y el ácido alfa-linolénico (ALA), presente en alimentos vegetales como nueces y semillas.

Sin embargo, el cuerpo convierte solo una pequeña fracción del ALA en EPA y DHA. “La transformación de omega-3 vegetal a las formas activas es muy limitada, por lo que es preferible consumirlas ya formadas”, explicó Berry. En promedio, solo alrededor del 5% del ALA ingerido se convierte en EPA, y aún menos en DHA.
PUBLICIDAD
Por esta razón, los expertos recomendaron priorizar fuentes marinas o suplementos que ya contengan EPA y DHA, especialmente en poblaciones con necesidades específicas, como mujeres embarazadas o personas mayores.
Verdades y mitos sobre las fuentes de omega-3
Harris y Berry coincidieron en que es un error pensar que los omega-3 vegetales equivalen a los marinos. “El mayor mito es pensar que los de origen vegetal son iguales a los de pescado”, subrayó Harris. Los alimentos ricos en ALA aportan beneficios, pero no reemplazan a las fuentes animales en lo que respecta a EPA y DHA.
PUBLICIDAD
En relación con el temor al mercurio en el pescado, Berry explicó que "este riesgo se concentra en especies específicas como el pez espada, el tiburón o el marlín, que no suelen formar parte de la alimentación cotidiana".

En contraste, pescados como el salmón, la caballa, las sardinas y el arenque, conocidos por la sigla SMASH, son opciones seguras y altamente recomendadas por su alto contenido de omega-3 y sus niveles insignificantes de mercurio.
PUBLICIDAD
Cómo medir y alcanzar el nivel óptimo
El Índice de Omega-3, que mide el porcentaje de EPA y DHA en los glóbulos rojos, es la herramienta de referencia para evaluar el estado de estos nutrientes.
Según Harris, el valor óptimo ronda el 8%, mientras que el promedio en países occidentales apenas llega al 5%, e incluso es más bajo en grupos como veganos o personal militar. Niveles elevados del índice se asocian con mejor protección cardiovascular y cerebral, y con menor riesgo de enfermedades crónicas.
PUBLICIDAD
Para alcanzar este nivel, puede ser necesario modificar la dieta o incorporar suplementos. Ambos especialistas sugirieron primero conocer el índice mediante un análisis de sangre y, en caso de ser bajo, aumentar la ingesta diaria de EPA y DHA en 1.500 miligramos, a través del consumo de pescado azul o suplementos.
Suplementación y calidad del producto
Para quienes no incluyen pescado en su dieta, los suplementos de aceite de pescado o microalgas, aptos para vegetarianos y veganos, son alternativas seguras y eficaces. "La suplementación es segura para la mayoría de la población, incluidos niños y embarazadas, sin efectos adversos conocidos dentro de las dosis recomendadas", recalcó Harris durante el podcast.

Berry aconsejó verificar en el envase la concentración de EPA y DHA, y priorizar los suplementos en forma de triglicéridos, que se absorben mejor que los ésteres etílicos. Si bien los productos más costosos suelen ofrecer mayor pureza, cualquier suplemento con EPA y DHA resulta beneficioso frente a la ausencia de consumo.
Perspectiva evolutiva y diferencias culturales
Harris recordó que el acceso a fuentes de omega-3 formó parte de la dieta humana ancestral, incluso en zonas alejadas del mar, gracias a la pesca en ríos y lagos.
Si bien la esperanza de vida en la antigüedad era más corta, actualmente se observa que países como Japón, con un índice de omega-3 cercano al 9 %, presentan una longevidad mayor que la de las poblaciones occidentales, pese a otros factores de riesgo como el tabaquismo.

Aunque no puede atribuirse exclusivamente a los omega-3, su papel en la salud y la longevidad es considerado relevante por la comunidad científica.
Aportes clave a lo largo de la vida
Desde el embarazo hasta la vejez, los omega-3 juegan un rol importante. Durante la gestación y la infancia, el DHA es crucial para el desarrollo cerebral y visual.
En adultos mayores, niveles adecuados ayudan a conservar la función cognitiva y reducir el riesgo de deterioro mental. Según los expertos, no existe un límite superior claro de seguridad para el consumo, y las dosis elevadas han mostrado ser bien toleradas.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Qué le pasa al cuerpo cuando se ve un partido de fútbol decisivo, según la ciencia
Datos de los mundiales de 1998, 2002 y 2006 confirman que la tensión emocional de los encuentros tiene consecuencias físicas medibles en los espectadores y, en casos extremos, puede resultar fatal

Descubren que el gecko lemon frost tiene una mutación que puede revelar secretos del cáncer
Investigadores de Reino Unido, Estados Unidos e Italia analizaron el ADN de esta variedad del gecko leopardo. Por qué las alteraciones genómicas que encontraron permitirían investigar mejor a la enfermedad

Identifican un síndrome que une sobrepeso, daño renal y problemas cardíacos: cómo detectarlo
La Asociación Estadounidense del Corazón y el Colegio Estadounidense de Cardiología presentaron la primera guía clínica sobre el síndrome cardiovascular-renal-metabólico. El documento destaca el papel central de la grasa abdominal como motor del deterioro orgánico y propone una prevención más temprana para evitar complicaciones irreversibles

El humo de segunda mano se asocia con peor sueño infantil y más despertares nocturnos, alerta un estudio
La investigación de la Universidad Ben-Gurión del Néguev midió los niveles de nicotina y vinculó la exposición pasiva al tabaco con menos horas de descanso, sin mostrar síntomas respiratorios

Cómo era la alimentación de los Homo sapiens y por qué la dieta paleo moderna genera debate
En una entrevista para el ZOE podcast, un arqueólogo y una nutricionista analizaron las evidencias científicas sobre los hábitos de los primeros seres humanos y explicaron los aspectos que suelen malinterpretarse cuando se intenta trasladarlos a la actualidad


