
¿Hay colores que activan las ondas cerebrales con mas fuerza que otros? Un grupo de trabajo integrado por Benjamin J. Stauch, Alina Peter, Isabelle Ehrlich, Zora Nolte y Pascal Fries, integrantes del Instituto Ernst Strüngmann (ESI) de Neurociencia en Cooperación con la Sociedad Max Planck de Alemania, se dispusieron a profundizar en el color rojo y estudiar si las ondas cerebrales incrementan su fuerza al visualizar este color.
La investigación, que acaba de publicarse en eLife, se centra en la corteza visual temprana, también conocida como V1. Es el área visual más grande del cerebro y la primera en recibir información de la retina. Cuando esta área es estimulada por imágenes fuertes y espacialmente homogéneas, surgen ondas cerebrales (oscilaciones) a una frecuencia específica llamada banda gamma (30-80 Hz).
Pero no todas las imágenes generan este efecto en la misma medida “Recientemente, muchas investigaciones han intentado explorar qué entrada específica impulsa las ondas gamma. Una entrada visual parece ser superficies coloreadas. Sobre todo si son rojos. En nuestro estudio interpretamos que esto significa que el rojo es evolutivamente especial para el sistema visual porque, por ejemplo, las frutas suelen ser rojas” explica Benjamin J. Stauch, primer autor del estudio.
Pero, se enfrentaron al dilema de cómo se puede probar científicamente el efecto del color. Después de todo, es difícil definir uno de manera objetiva y es igualmente complejo comparar colores entre diferentes estudios. Cada monitor de computadora reproduce un color de manera diferente, por lo que el rojo en una pantalla no es el mismo que en otra. Además, hay una variedad de formas de definir los colores: con base en un solo monitor, juicios perceptuales o con base en lo que su entrada le hace a la retina humana.

El camino a entender el color
Las personas perciben el color cuando las células fotorreceptoras, llamados conos, se activan en la retina. Estas, responden a los estímulos de luz convirtiéndolos en señales eléctricas, que luego se transmiten al cerebro. Para reconocer los colores, necesitamos varios tipos de conos.
Cada tipo es particularmente receptivo a un rango específico de longitudes de onda: rojo (conos L), verde (conos M) o azul (conos S). Luego, el cerebro compara la fuerza con la que han reaccionado los respectivos conos y deduce una impresión de color. Funciona de manera similar para todos los seres humanos. Por lo tanto, sería posible definir los colores de manera objetiva midiendo la fuerza con la que activan los diferentes conos de la retina. Los estudios científicos con macacos han demostrado que el sistema visual primitivo de los primates tiene dos ejes de color basados en estos conos: el eje LM compara el rojo con el verde, y el eje S (L+M) es del amarillo al violeta.
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Los científicos investigaron si el color rojo es algo especial y si causa oscilaciones gamma más fuertes que el verde de intensidad de color comparable (es decir, por contraste de cono). Y una pregunta secundaria que se hicieron fue: “¿pueden las oscilaciones gamma inducidas por el color detectarse mediante magnetoencefalografía, un método para medir las actividades magnéticas del cerebro?“

Concluyeron que el color rojo no es particularmente fuerte en términos de la fuerza de las oscilaciones gamma que induce. Más bien, el rojo y el verde producen oscilaciones gamma igualmente fuertes en la corteza visual temprana con el mismo contraste absoluto del cono LM.
Los colores que activan solo el cono S (azul) generalmente parecen provocar solo respuestas neuronales débiles en la corteza visual temprana. Hasta cierto punto, esto es de esperar, ya que el cono S es menos común en la retina de los primates, evolutivamente más antiguo y más lento. Los resultados de este estudio dirigido por científicos de ESI, que comprenden cómo la corteza visual humana temprana codifica imágenes, podrían usarse algún día para ayudar a desarrollar prótesis visuales. Estas prótesis pueden intentar activar la corteza visual para inducir efectos de percepción similares a la visión en personas con retinas dañadas. “Sin embargo, este objetivo aún está muy lejos. Antes, es necesario comprender mucho más acerca de las respuestas específicas de la corteza visual a la información visual”, concluyó Stauch.
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