
La vorágine de la vida cotidiana muchas veces puede preocuparnos y es normal sentir agobio o malestar. Sin embargo, cuando estas sensaciones se sostienen en el tiempo, los problemas personales y de los ámbitos en los que nos manejamos pueden repercutir en nuestro organismo. En ese marco, uno de los trastornos más frecuentes y conocidos es el insomnio, caracterizado por la falta de sueño y de descanso reparador. Para combatir a este problema en sus manifestaciones más graves se suele recurrir a las pastillas recetadas por un profesional, aunque esto está lejos de ser una cura definitiva que pueda perpetrarse en nuestras vidas.
“Las píldoras son un vendaje, no una cura. Es como tomar un medicamento para la fiebre todos los días sin saber qué está la está causando realmente. La depresión, la falta de ejercicio, el estrés desbocado y otros cien problemas de salud mayores o menores podrían estar causando o contribuyendo a los problemas de sueño. Cuando atacás a ese problema con pastillas, no hacés nada verdadero para resolverlo”, dijo ante la revista inglesa Time la doctora Phyllis Zee, profesora de neurología y medicina del sueño en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern.
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De todas maneras, los profesionales de la medicina aclaran que tomar una píldora para dormir durante un breve período de tiempo -que puede ser de una o dos semanas-, o bien consumirla una vez cada tanto, no tiene por qué generarnos inconvenientes. La verdadera preocupación es cuando acudimos a estos fármacos periódicamente porque de otra manera no podemos descansar.

Ansiedad y sueño
Según datos de la Fundación Ineco, entre un 30% y un 40% de la población adulta de Argentina padece de insomnio. Las consecuencias de este problema son variadas y pueden afectar profundamente nuestra cotidianidad con, por ejemplo, cambios en el estado de ánimo, irritabilidad, disminución del rendimiento y mayor probabilidad de accidentes.
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Uno de los factores que puede influir en la calidad del sueño es la ansiedad. Según le había explicado a Infobae el doctor Pablo López (MN 36163), psicólogo y especialista en sueño de INECO, “la ansiedad es una respuesta adaptativa ante el peligro. Por eso aparecen cambios fisiológicos como aumento de la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la sensación de mareo o la sudoración. Esto se vuelve patológico cuando la intensidad se exacerba demasiado o si persiste por más tiempo de lo esperado. El trastorno de ansiedad y el del sueño son diferentes pero se pueden presentar juntos: la ansiedad patológica predispone a dormir mal y el dormir mal predispone a la ansiedad”.
Así las cosas, en relación a la ansiedad y al descanso, los ansiolíticos suelen ser una forma muy frecuente de combatirlos, pero no es un hábito recomendable. “El ansiolítico es un fármaco que se usa para la ansiedad, es un depresor del sistema nervioso central, no es medicación para dormir. Mucha gente los utiliza para dormir y eso es un error. No sirven para conciliar el sueño. Puede ser que si usted toma una pastilla una vez, duerma más fácilmente, pero es comprar una hipoteca a futuro y no es una acción conveniente”, había descrito ante Infobae el doctor Daniel López Rosetti (MN 62540).
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Una solución natural
Teniendo en cuenta lo anterior, evitar el consumo sostenido de pastillas para dormir debe ser un imperativo para que los problemas del sueño se solucionen en profundidad y para que nuestro organismo no dependa de una droga para descansar. En ese sentido, una sugerencia muy difundida en la medicina tiene que ver con la terapia cognitivo conductual. Los expertos de Mayo Clinic la describen como “un programa estructurado que te ayuda a identificar y a reemplazar los pensamientos y las conductas que provocan o empeoran los problemas del sueño por otros hábitos que fomentan el descanso profundo. A diferencia de las pastillas para dormir, esta terapia ayuda a superar las causas de fondo de estos cuadros”.
En segundo término, desde la clínica inglesa recomiendan que esta terapia debería ser “el primer tratamiento sugerido por un médico, ya que puede ayudar a controlar o eliminar los pensamientos negativos y las preocupaciones que mantienen despierto al paciente”.
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En conclusión, los especialistas consideran que utilizar medicamentos es el último recurso, y debe estar principalmente destinado a aquellos que padecen insomnio crónico. Por lo demás, resulta esencial poner el foco en los hábitos y en los pensamientos cotidianos que pueden influir en la calidad del sueño. En relación a esto último, el entorno en el que nos acostamos puede cumplir un papel clave. ¿Por qué? Porque según el doctor López “genera cambios en nuestro organismo que pueden predisponernos mejor al sueño. ¿Un ejemplo? El ruido y la temperatura agradable de la habitación o que el colchón sea de calidad. Todo lo que hacemos y los ambientes en los que estamos cambian de alguna manera nuestro sistema nervioso”.
Tips para dormir

Respetar los horarios.
Tiene que acostumbrar al cerebro, a su cerebro, a dormir en un determinado horario fijo. Es decir, me acuesto siempre a las 11 y me levanto a tal hora. Eso, al relojito, le hace bien.
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Comidas livianas
Evite comer dos horas antes de ir a acostarse. ¿Por qué? “Porque si el estómago está lleno, se envía más sangre ahí y el cerebro trabaja menos, trabaja peor, por decirlo simple. Las comidas deben ser, a la noche, livianas”, expresó en una nota reciente el doctor Daniel López Rosseti “Livianas no es que el plato es liviano Es que tiene pocas grasas. Comidas de fácil digestión. Frutas, verduras, ensaladas, pollo, calabaza, algo que no tenga grasas. Si no, la digestión pesada y lenta, no ayuda a dormir”, agregó.
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Tomar muy poco líquido
¿Por qué? Porque las personas se llenan de líquido y después van al baño a la noche. ¿Y sabe qué? Cuando la vejiga se empieza a llenar y usted se despierta a las tres y media de la mañana para ir al baño, no se despertó a las tres y media, se despertó a las tres. Porque ya la vejiga le manda información al cerebro y usted se va despertando de a poco y el sueño ya no es bueno. Y después tiene que volverse a dormir, le lleva más de una hora. Poco líquido a la noche.
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Evitar los estimulantes
Las bebidas cola, las oscuras, el café, el mate, el té común, el chocolate y el cigarrillo. Todos son estimulantes.
Ejercicio.
A la noche, no suele ser conveniente realizar actividad física intensa. Ojo, al que le hace bien… Lo que yo diga, no importa, yo doy normas generales. Pero a muchas de las personas que no duermen bien, el hacer ejercicio a la noche, les eleva la cantidad de adrenalina y después están muy activados y les cuesta dormir.
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