
Para algunas personas, ir por primera vez o después de una larga ausencia al gimnasio puede ser todo un desafío. Las distintas clases suelen contar con grupos ya formados, personas con físicos muy trabajados y en la zona de pesas es común encontrar un ambiente masculino y competitivo donde varios buscan superarse entre sí.
Muchas personas se sienten observadas por su físico, inseguras y terminan la jornada con una gran sensación de frustración y descontento.
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El fenómeno tiene un nombre: gymtimidation, que se compone de los vocablos en inglés gym (gimnasia) e intimidation (intimidación), o la sensación de ansiedad y agobio que a veces surge al hacer ejercicio en presencia de otras personas, según definem los expertos de la Cleveland Clinic de Estados Unidos.

“Si no eres un asiduo al gimnasio, una sola visita puede darte la impresión de que todos los demás sí lo son; que la gente a tu alrededor sabe exactamente lo que está haciendo y cómo hacerlo, y que te juzgarán si no estás al día “, señala entidad.
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La ansiedad de gimnasio o “gymtimidation” abarca sensaciones de temor, incomodidad o autoconciencia que pueden llevar a muchos directamente a evitar estos entornos, explica University of Rochester Medical Center. Este fenómeno afecta tanto a principiantes como a personas con experiencia previa en entrenamiento físico e impacta tanto en la motivación como en la frecuencia de la asistencia.
Cinthia Ortiz, psicoterapeuta coordinadora del Equipo de Ansiedad de Fundación Aiglé, explicó a Infobae que las personas pueden sentirse intimidadas al ir al gimnasio por distintas razones, que pueden presentarse de manera independiente o combinarse entre sí”.
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La ansiedad en el gimnasio puede incluir, según la universidad:
- Competencia percibida: Sentir que no “encajas” o que no sabes lo que estás haciendo.
- Comparación social: Comparar tu progreso o apariencia con la de los demás.
- Conciencia física: Hiperconciencia de tus movimientos o de tu cuerpo, que a menudo conduce a la inseguridad.
Qué causa la ansiedad en el gimnasio

Las principales razones por las que algunas personas se sienten intimidadas en el gimnasio suelen estar relacionadas con inseguridades personales, temores y preocupaciones sociales.
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La ansiedad en el gimnasio puede deberse a factores tanto psicológicos como ambientales, explica la University of Rochester Medical Center, tales como:
- Miedo al juicio ajeno: preocupación por cómo los demás perciben tu nivel de forma física o tu apariencia.
- Intimidación: sentirse abrumado por máquinas o ejercicios que nunca se han probado.
- Estereotipos culturales: los gimnasios suelen asociarse con personas “en forma”, lo que crea una brecha para los principiantes.

La licenciada Ortiz describió las razones que pueden producir esa sensación de intimidación:
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- Desconocimiento: “El desconocimiento del lugar, no saber cómo funcionan las máquinas, aparatos y complementos y cuál es la manera adecuada de hacer los ejercicios, pueden generarnos inseguridad, más aún si solemos perseguir altos estándares de rendimiento, no nos sentimos cómodos cometiendo errores o somos muy autocríticos, es decir, si somos extremadamente perfeccionistas. Si esta incomodidad se hace muy intensa la persona puede optar por abandonar toda actividad física pensando ‘no es para mí’ con una experiencia de profunda frustración”, señaló la psicóloga.

- Problemas con la imagen corporal: Ortiz explicó que en un contexto sociocultural atravesado por cánones de belleza y “cuerpos saludables” poco realistas, “el gimnasio se presenta como un lugar donde se pueden percibir las ‘imperfecciones’, donde la comparación con otros, que quizás llevan tiempo de entrenamiento, refuerza dichas preocupaciones e insatisfacciones. En muchos casos esto puede derivar en una obsesión y/o distorsión de la imagen corporal y desencadenar o profundizar un trastorno de la conducta alimentaria”, advirtió la experta.
- Preocupación por la opinión de los demás: “Quienes están muy pendientes de esto pueden sentirse expuestos a realizar los ejercicios frente a otros, sentirse observados y evaluados, tener miedo a hacer el ridículo o incluso sentir que están molestando si, por ejemplo, están usando algún complemento o máquina que otro está esperando para usar, llegando al punto de interrumpir su rutina de ejercicios o hacerla más rápido para no “interferir” con los demás. Estas manifestaciones pueden asociarse a un cuadro más amplio de elevada ansiedad social, que no solo se expresa en el gimnasio sino también en otros ámbitos de la vida que implican la interacción con otros”, describió la psicoterapeuta.
Cómo superar la ansiedad en el gimnasio

La licenciada Ortiz recomendó hacer foco en los objetivos más que en la incomodidad: “¿Para qué vamos al gimnasio? Para cuidar nuestra salud, mejorar la calidad de vida, regular los niveles de estrés, combatir el sedentarismo, sentirnos mejor con nosotros mismos... lo importante es no perder de vista nuestra motivación”, destacó.
El psicólogo clínico y deportivo Craig W. Cypher del programa de Ciencias del Fitness del Centro Médico de la Universidad de Rochester, resaltó la importancia de familiarizarse gradualmente con el ambiente del gimnasio:
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- Comenzar por sesiones cortas en casa o acudir en horarios de menor concurrencia, lo que permite a la persona experimentar menos presión y, al mismo tiempo, diseñar una rutina básica y conocida de antemano para reducir la incertidumbre.
- Construir una estructura previa al entrenamiento: brinda control y previsibilidad, dos elementos que los estudios identifican como reductores eficaces de la ansiedad.

- Buscar apoyo profesional o colectivo desde el inicio. Contratar un entrenador personal o sumarse a clases grupales ayuda a corregir la técnica, incorporar hábitos de seguridad y sentir respaldo emocional dentro del entorno de entrenamiento.
- Ir al gimnasio con un amigo: brindará compañía, seguridad y motivación. Además, es excelente para mantener la constancia.
- Hablar con el profesor: Llegar temprano, presentarse y comentarle cualquier lesión, limitación o temor que se tenga.
- Enfocarse en el propio progreso: Concentrarse en metas personales y evitar la comparación con otros asistentes.
- Hacer un seguimiento formal del avance: por ejemplo, anotar logros diarios o hitos semanales ayuda a sostener la motivación a largo plazo.
- Hacer la consulta psicológica: “Si la incomodidad es muy alta, nos lleva a eludir practicar una actividad física cuando deseamos hacerla y no nos sentimos capaces de llevar adelante solos estos consejos, consultar a un psicólogo puede ser de gran utilidad”, recomendó la licenciada Ortiz.
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