Por primera vez desde la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que ningún indicador sanitario global muestra avances suficientes para cumplir los compromisos de 2030.
Esto se desprende del informe Estadísticas Mundiales de la Salud 2026, presentado esta mañana, que recopila los resultados más actuales sobre esperanza de vida, enfermedades y acceso a servicios, reveló que varios logros históricos están en riesgo y que la tendencia general se estancó o retrocedió en áreas clave.
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Entre los hallazgos más llamativos del documento figura el aumento de la incidencia mundial de malaria, que subió un 8,5% desde 2015, y el estancamiento de la anemia en mujeres, que afecta a más del 30% de las adultas en edad reproductiva sin cambios positivos en la última década. El sobrepeso infantil también marcó un nuevo récord, al alcanzar el 5,5% en niños menores de cinco años.

Este diagnóstico encendió las alarmas en la antesala de la 79ª Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra. Los expertos de la OMS insistieron en que la solución requiere “invertir en sistemas de salud más sólidos y equitativos, incluidos sistemas de datos sanitarios resilientes”, y advirtieron que la ciencia y la cooperación internacional serán decisivas para recuperar el terreno perdido y evitar que millones de personas queden excluidas del progreso sanitario global.
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El informe, considerado la principal referencia anual de la OMS, no solo recopila cifras, sino que analiza la evolución reciente de la salud mundial.
El lema elegido para el Día Mundial de la Salud 2026, “Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia”, resume el llamado a la acción colectiva y a la colaboración basada en la evidencia para enfrentar los desafíos más urgentes.
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Avances insuficientes, brechas persistentes y nuevos riesgos

El informe revela que el mundo no está en camino de cumplir los ODS de salud. Ningún indicador que tenga una meta numérica definida muestra una tendencia que permita alcanzar los compromisos de 2030. La pandemia de COVID-19 agravó esta tendencia, revirtiendo una década de mejoras en esperanza de vida y profundizando las desigualdades entre regiones, grupos de ingresos y poblaciones vulnerables.
Se registraron avances importantes en algunos frentes. Las nuevas infecciones por VIH descendieron un 40% entre 2010 y 2024, el consumo de tabaco cayó un 19,5% y el de alcohol un 13% en el mismo periodo.
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El número de personas que requieren intervenciones para enfermedades tropicales desatendidas se redujo un 36%. Sin embargo, el ritmo de progreso está lejos del necesario para alcanzar las metas, y los logros resultan frágiles frente a emergencias y crisis.

El acceso a servicios básicos mejoró en la última década, pero las brechas persisten. Entre 2015 y 2024, casi 1.000 millones de personas obtuvieron acceso a agua potable gestionada de forma segura, 1.200 millones a saneamiento, 1.600 millones a higiene básica y 1.400 millones a soluciones de cocina limpias.
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A pesar de estos avances, 2.100 millones de personas continúan sin acceso seguro a agua potable, 3.400 millones sin saneamiento seguro y 1.700 millones sin servicios básicos de higiene. La exposición a contaminación del aire sigue muy por encima de los niveles saludables, con 6,6 millones de muertes atribuibles a esta causa en 2021.
La violencia de género y la desigualdad persisten como problemas estructurales. El 24,7% de las mujeres de 15 años o más sufrió violencia de pareja íntima al menos una vez en la vida, mientras que el 8,2% experimentó violencia sexual por parte de terceros. Estas cifras reflejan la urgencia de políticas de prevención y protección social más sólidas.
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El impacto de la pandemia y la crisis de los sistemas de salud

La pandemia de COVID-19 significó un retroceso histórico en los principales indicadores de salud global. Entre 2020 y 2023, se registraron 22,1 millones de muertes en exceso, triplicando largamente el número de muertes notificadas oficialmente por COVID-19.
El pico de muertes en exceso se dio en 2021, con 10,4 millones de casos. Los hombres representaron el 57% de estas muertes, y las tasas ajustadas mostraron un 50% más de mortalidad en exceso en hombres que en mujeres en ese año. El 65% de las muertes en exceso sucedieron en personas mayores de 65 años.
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La esperanza de vida y la esperanza de vida saludable global recuperaron solo parcialmente sus niveles pre-pandemia hasta 2023. Solo las mujeres lograron volver a los valores previos.

La recuperación mostró grandes diferencias regionales: la Región de las Américas sufrió la mayor pérdida y exhibe la recuperación más lenta. La mayor carga de mortalidad en exceso se concentró en países de ingresos medios, y la disparidad se acentuó tras ajustar por edad.
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El informe revela que el acceso a datos confiables sigue siendo desigual. El 90% de los países de ingresos bajos no reportó datos completos de mortalidad durante la pandemia. Solo el 18% de los países informó datos de mortalidad a la OMS en el plazo de un año, y casi un tercio nunca había informado datos sobre la causa de la muerte.
Apenas un tercio de los países cumple los estándares de la OMS para datos de alta calidad, mientras que la mitad tiene datos de baja calidad o ningún dato.

El doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, enfatizó: “Invertir en sistemas de salud más sólidos y equitativos, incluidos sistemas de datos sanitarios resilientes, es fundamental para orientar las acciones, subsanar las deficiencias y garantizar la rendición de cuentas”.
Para Tedros, la prioridad está en fortalecer los sistemas y no perder los avances logrados bajo presión.
El avance hacia la cobertura sanitaria universal (CSU) se desaceleró de forma dramática. El índice mundial de cobertura de servicios aumentó apenas de 68 a 71 entre 2015 y 2023, un ritmo 67% más lento que entre 2000 y 2015.

Un cuarto de la población mundial sufrió dificultades financieras por gastos de salud, y más de 1.600 millones de personas viven en la pobreza o caen en ella debido a los gastos sanitarios de bolsillo.
La reducción de ayuda oficial al desarrollo para salud, que resultó 30 a 40% menor en 2025 respecto a 2023, amenaza la continuidad de servicios esenciales y complica el acceso a medicamentos en países de ingresos bajos y medios.
Los datos sobre inmunización infantil también preocupan. Las coberturas vacunales clave permanecen bajo el 90% global: la triple bacteriana DTP3 ronda el 85% y la segunda dosis de vacuna contra el sarampión apenas llega al 76%. El estancamiento y las lagunas de inmunidad facilitan brotes recurrentes, y el avance en nuevas vacunas se ralentizó.

El informe resalta que, si bien la mortalidad materna mundial cayó un 40% desde 2000, la cifra sigue siendo casi tres veces superior a la meta de 2030, y el 66% de las muertes maternas ocurre en África.
La mortalidad infantil en menores de cinco años se redujo un 51%, pero muchos países no alcanzan los objetivos y la tasa de descenso disminuyó desde 2015. Las muertes neonatales representan una proporción creciente del total de muertes infantiles.
El progreso en la reducción de muertes prematuras por enfermedades no transmisibles (ENT) se ralentizó de manera significativa, y la disminución anual es actualmente cinco veces menor de lo necesario para cumplir la meta de 2030. Si bien las muertes por homicidio y suicidio bajaron globalmente, en América ambas tasas aumentaron. Los hombres, especialmente jóvenes, presentan riesgos drásticamente superiores.

La desigualdad en la fuerza laboral sanitaria permanece como un desafío central. África tiene una densidad de enfermeras cinco veces menor que Europa o América. Los recortes en ayuda internacional provocaron despidos y freno en la formación de personal en países de ingresos bajos y medios.
El doctor Alain Labrique, Director del Departamento de Datos, Salud Digital, Analítica e Inteligencia Artificial de la OMS, remarcó: “La falta de datos limita gravemente la capacidad de monitorear las tendencias de salud en tiempo real, comparar resultados entre países y diseñar respuestas eficaces de salud pública”.
Para Labrique, la digitalización y los estándares de presentación de informes son esenciales para recopilar, integrar y analizar datos que permitan tomar mejores decisiones.
Desafíos estructurales, datos y el futuro de la salud global

Las cifras reunidas por la OMS dejan en evidencia un mensaje contundente: el progreso en salud global es frágil, insuficiente y presenta riesgos de reversión. Las desigualdades entre regiones, la persistencia de factores de riesgo prevenibles y la falta de equidad en el acceso a servicios y datos de calidad impiden transformar los logros parciales en avances sostenidos.
El acceso a servicios básicos, la universalización de la cobertura sanitaria y la equidad en la distribución de la fuerza laboral sanitaria requieren inversiones urgentes y sostenidas.
El informe destaca que solo un tercio de los países logra estándares de datos de alta calidad, mientras que la mayoría muestra rezagos o ausencia de información detallada sobre causas de muerte. Países que invirtieron en digitalización y capacitación, como Chile, Marruecos o Malasia, evidencian mejoras tangibles en la calidad de sus registros vitales.
La OMS subraya la importancia de sistemas de salud resilientes y de datos confiables para enfrentar futuras crisis y para orientar la inversión pública.
La doctora Yukiko Nakatani, Subdirectora General de la OMS para Sistemas de Salud, Acceso y Datos, resumió el desafío: “Estas tendencias reflejan demasiadas muertes que podrían haberse evitado”. Nakatani pidió “actuar con urgencia: fortalecer la atención primaria de salud, invertir en prevención y garantizar una financiación sostenible para construir sistemas de salud resilientes y retomar el rumbo”.

El llamado de la OMS es claro: la ciencia y la cooperación internacional representan la única vía para recuperar el terreno perdido y evitar que millones de vidas queden fuera de las estadísticas de progreso.
El informe 2026 funciona como advertencia y como hoja de ruta: sin sistemas sólidos, datos completos y políticas inclusivas, los avances en salud global pueden diluirse frente a nuevas crisis.
La meta de los ODS solo podrá alcanzarse si el compromiso se traduce en acción concreta y sostenida, con todas las regiones y poblaciones incluidas en el esfuerzo colectivo.
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