La salud intestinal es clave para frenar las alergias estacionales, ya que cambios en la dieta y el ambiente afectan la tolerancia inmunológica y los síntomas primaverales.
Mark Hyman, médico especialista en medicina funcional, señaló en su podcast The Dr. Hyman Show que la verdadera causa de las alergias radicaba en un sistema inmunológico alterado y no únicamente en el polen. “No tenemos una deficiencia de polen”, afirmó, quien sostuvo que el polen era solo el desencadenante, y que lo relevante era investigar por qué el sistema inmunológico reaccionaba de manera excesiva.
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El método planteó que las alergias estacionales reflejaban un sistema inmunológico desregulado, condicionado por la salud intestinal, la inflamación crónica, deficiencias de nutrientes y la exposición a toxinas ambientales. Propuso tratar desencadenantes internos con estrategias integrales como alimentación adecuada, gestión ambiental y cambios de hábitos, para recuperar la tolerancia del organismo.

El sistema inmunológico y las alergias estacionales
Para ilustrar su argumento, explicó que, ante el contacto con polen, el organismo de quienes padecían alergias estacionales lo interpretaba erróneamente como una amenaza, produciendo anticuerpos IgE que se adherían a los mastocitos.
Al repetirse la exposición, estos liberaban histamina y compuestos proinflamatorios, lo que provocaba estornudos, enrojecimiento ocular, congestión y fatiga. “La histamina no es mala. Forma parte de las defensas naturales”, enfatizó Hyman.
Advirtió que el verdadero problema era la sobrerreacción inmunológica, consecuencia de una disminución en el umbral de tolerancia, y subrayó la importancia de identificar los factores que la desencadenaban. Sostuvo que los síntomas siempre respondían a una causa, aunque muchas veces esta fuera desconocida, y remarcó que abordar únicamente el malestar resultaba insuficiente si no se atendían los desequilibrios de fondo.
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La conexión entre microbioma intestinal y alergias
Una de las principales causas fue el estado del intestino y su microbioma intestinal. “El intestino no es solo un órgano digestivo, es inmunológico. El microbioma intestinal, formado por billones de bacterias, ‘enseña’ tolerancia al sistema inmunológico”, aseguró. Explicó que entre el 60 % y 70 % del sistema inmunológico residía en el intestino y que una microbiota deteriorada incrementaba la sensibilidad a los alérgenos.
El equilibrio bacteriano se alteraba con antibióticos, alimentos ultraprocesados, baja en fibra, estrés crónico y tóxicos ambientales. Una menor diversidad bacteriana o una barrera intestinal debilitada exponía al sistema inmune, que reaccionaba más fácilmente ante pequeñas cantidades de polen o ácaros.
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“Cuando el intestino se vuelve permeable, fragmentos de alimentos y bacterias atraviesan al torrente sanguíneo y activan el sistema inmunológico. Es como estar a una célula de distancia de un vertedero”. Para Hyman, mejorar la salud intestinal fue uno de los métodos más eficaces para reducir la sensibilidad alérgica.

Factores inflamatorios y ambientales en la aparición de alergias
Más allá del intestino, la inflamación crónica representó otro elemento relevante. “La inflamación es defensiva, pero si se prolonga debido a picos de azúcar, exceso de grasa abdominal, falta de actividad, estrés o sueño escaso, el organismo pierde tolerancia”.
Además, señaló que las carencias de nutrientes afectaban la capacidad inmunológica de control. “Nutrientes como la vitamina D, vitamina C, zinc y omega-3 son esenciales. Si faltan, el sistema se vuelve más reactivo”, enfatizó.
La exposición a contaminantes como metales pesados, moho, pesticidas y polución doméstica sumaba un gran desafío: “Cuando la carga tóxica es alta, el sistema inmunológico ya está saturado y, con la llegada del polen, simplemente no puede aguantar más”, señaló.
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La diferencia en la respuesta ante alérgenos, dependía del estado biológico interno de cada uno. Resaltó: “Es el estado del organismo lo que marca la diferencia, no solo la exposición externa”.

Estrategias integrales para el control de las alergias estacionales
Hyman planteó una estrategia integral para el control inmunológico basada en cuatro ejes: dieta antiinflamatoria, reparación intestinal, corrección nutricional y reducción de tóxicos ambientales. Señaló que el objetivo era “lograr un sistema inmunológico más equilibrado y adaptable”, y que el primer paso consistía en reducir la inflamación a través de la alimentación.
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Propuso evitar azúcar, ultraprocesados y aceites industriales, e incrementar el consumo de pescados ricos en omega-3, verduras de hoja verde, frutos rojos y especias como la cúrcuma. Además, sugirió probar “dos o tres semanas sin gluten ni lácteos” para observar posibles mejoras.
Respecto al intestino, recomendó aumentar la ingesta de fibra vegetal, sumar alimentos fermentados y, de ser necesario, incorporar probióticos, glutamina, zinc y caldo de huesos, ya que “una función intestinal adecuada reduce la reactividad inmune”. En el aspecto nutricional, priorizó la vitamina D para regular el sistema inmune, junto a quercetina, vitamina C y plantas como la ortiga para mantener estable la respuesta alérgica.
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En cuanto a los tóxicos ambientales, aconsejó filtrar el aire, ducharse y cambiarse de ropa tras la exposición a polen, lavar frecuentemente la ropa de cama y evitar almohadas de plumas en caso de alergias.
Sostuvo que, aunque los medicamentos aliviaban síntomas graves de forma puntual, la clave para una reducción duradera de los síntomas y menor dependencia de fármacos era restaurar el equilibrio interno y abordar las causas reales. “Queremos que el sistema inmunológico recupere la tolerancia. Eso sí puede lograrse si se trabajan las causas reales”, concluyó.
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