
Un estudio reciente publicado en la revista JAMA advirtió sobre el aumento sostenido de adolescentes que duermen menos de lo recomendado.
El porcentaje de estudiantes de secundaria que descansa 7 horas o menos por noche subió de 68,9% en 2007 a 76,8% en 2023. Esta reducción en el tiempo de sueño coincide con un incremento en los riesgos para la salud física y mental de los jóvenes.
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Los datos realizados en estudiantes de secundaria en Estados Unidos y publicados por JAMA muestran una disminución significativa en las horas de sueño nocturno. El porcentaje de quienes duermen cinco horas o menos cada noche creció de 15,8% a 23%. Este fenómeno afecta a estudiantes de todos los orígenes, aunque resulta especialmente pronunciado en adolescentes con síntomas depresivos o pensamientos suicidas, así como en el grupo de estudiantes negros no hispanos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el sueño como una de las funciones vitales del cuerpo, junto con la respiración, la digestión y el sistema inmunitario. El organismo subraya que el sueño permite la recuperación física y mental y sostiene que la única prueba real de si se duerme lo suficiente es sentirse satisfecho durante el día.
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Durante la pubertad, el ritmo circadiano se retrasa, lo que lleva a los adolescentes a acostarse tarde y preferir levantarse tarde, un patrón que choca con los horarios escolares tradicionales.
Factores que dificultan el descanso
El uso de dispositivos electrónicos, la presión por el rendimiento escolar y los horarios de entrada a la escuela figuran entre los factores que dificultan que los adolescentes consigan un descanso adecuado. Según la OMS, la exposición constante a pantallas altera los ciclos de sueño y puede contribuir a la aparición de trastornos como el retraso de fase, donde el inicio del sueño se retrasa de forma crónica.
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La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, a través de su sitio Medline Plus, detalla que la mayoría de los adolescentes necesita más de 9 horas de sueño cada noche.
El adolescente promedio se cansa cerca de las 23:00 y debe levantarse entre las 6:00 y 7:00 para llegar a tiempo al colegio, un régimen que hace imposible alcanzar el descanso recomendado.
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Además, la presión por los deberes escolares y las actividades extraescolares limita el tiempo disponible para dormir.

La OMS recuerda que los cambios hormonales durante la adolescencia modifican la estructura y duración del sueño, una transformación natural que puede agravarse por condiciones externas. Durante la adolescencia, la duración media del sueño por noche disminuye de 10 horas a los 11 años a 7,5 horas a los 18 años.
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Consecuencias para la salud y el rendimiento académico
El sueño insuficiente acarrea consecuencias más allá de la sensación de cansancio. El estudio también advierte que la privación crónica del sueño en adolescentes se relacionó con un mayor riesgo de depresión, enfermedades crónicas como diabetes y cardiopatías y un descenso en el rendimiento escolar. Además, el descanso deficiente puede aumentar la tendencia a comer en exceso y favorecer el sobrepeso.
Entre los síntomas asociados a la falta de sueño se incluyen baja autoestima, somnolencia diurna, dificultad para concentrarse y problemas en las relaciones familiares y sociales. Medline Plus agrega que los adolescentes privados de sueño presentan mayor propensión a sufrir accidentes automovilísticos y a experimentar alteraciones emocionales.
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Las medidas sugeridas incluyen retrasar el horario de entrada escolar para permitir que los estudiantes duerman más. En los distritos donde se aplicaron cambios en los horarios, las calificaciones y el desempeño atlético de los alumnos mejoraron. Medline Plus recomienda que las familias establezcan rutinas de descanso, limiten el uso nocturno de dispositivos electrónicos y promuevan actividades relajantes antes de dormir.
Entre las acciones concretas, se sugiere establecer una hora fija para acostarse, limitar las salidas nocturnas entre semana y crear un ambiente propicio para el descanso. También se aconseja hablar abiertamente con los adolescentes sobre su carga de trabajo escolar y el uso de la tecnología, estableciendo reglas claras sobre los dispositivos en el dormitorio.
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La Organización Mundial de la Salud advierte que la falta de sueño puede contribuir al fracaso escolar, los accidentes y los trastornos sociales.
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