Hace algunas semanas, su defensa pidió que revocaran el procesamiento por falta de pruebas (TikTok: @finilanusse)
¿Para qué usaba propofol la anestesióloga “Fini” Lanusse? ¿Para qué lo usaba junto a su amante y jefe en el Hospital Italiano, su colega Hernán Boveri? Este, hasta ahora, fue una de las incógnitas clave en torno al escándalo de las supuestas “propofest”. La posible respuesta es simple: para tener sexo.
Esta pista, una posibilidad de tantas, surge del testimonio de una de las cinco compañeras del Italiano que declararon en contra de la joven especialista en la causa que la tiene procesada junto a Boveri por robar propofol y equipos médicos del centro de salud de Almagro durante casi tres años.
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Allí, N., una médica porteña de 28 años de edad, aseguró en su declaración, a la que accedió Infobae, que se enteró de la situación en torno a Boveri y Lanusse alrededor del 9 de febrero de este año, cuando otra compañera, de nombre S., sanisidrense y de 35 años, le hizo un comentario.
Las palabras corresponden a su testimonio. Allí, la médica N. aseguró: “Me dijo que Delfina hace 3 años se está cogiendo a Hernán, él va a la casa, le pone un BIS, le inyecta propofol y se la coje”.
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El fragmento se encuentra citado, por ejemplo, en la propia apelación al procesamiento presentado por la defensa de Boveri.

El “BIS” es el índice biespectral, medido con una vincha de electrodos conectada a un monitor que vigila las ondas cerebrales. El dispositivo se vincula a la profundidad de la anestesia administrada. Es crucial, en términos legos, para que el paciente no se “dé vuelta”. También, para lograr un “viaje controlado” de propofol. Las vinchas, desde ya, no podían ser retiradas libremente del hospital.
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Luego, la médica N. agregó: “S. me cuenta eso, me dijo que además de esa situación con Hernán, se había enganchado con este tema de propofol, y que sus amigas en dos ocasiones la habían visto sedada en su casa con riesgo de vida”.
La médica S. también declaró. Sumó otros detalles en el expediente por el delito de administración fraudulenta, a cargo del juez Javier Sánchez Sarmiento y el fiscal Lucio Herrera. El magistrado consideró su testimonio “particularmente relevante”, según escribió en su procesamiento. La consideró una “amiga y compañera de residencia de la acusada, quien dio cuenta de distintos episodios” en la que Lanusse habría usado propofol en su domicilio.
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“En una conversación mantenida en octubre de 2025, Lanusse le confirmó que había mantenido relaciones íntimas con Boveri y que realizaba cambios de guardia para poder coincidir con el imputado y así poder encontrarse con él. Por otro lado, señaló haber observado en el domicilio de Lanusse la presencia de elementos de uso hospitalario. En particular “vinchas BIS”“, continúa el procesamiento.
S., después, afirmó que Lanusse relató que Boveri “había ido a su domicilio y se habrían administrado propofol y otras sustancias, entre ellas ketamina”.
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Una amiga
La interna del Hospital Italiano ciertamente explotó en Tribunales. Lanusse atacó directamente a la médica S. en su indagatoria. La residente acusada aludió a "supuestos problemas psiquiátricos familiares de la nombrada como factor explicativo de su relato, que podrían tener ciertas semejanzas con su caso”, marca el procesamiento del caso.
Boveri -que definió su vínculo con “Fini” como “una relación sentimental consensuada”- también apeló el procesamiento: la resolución se definirá el mes próximo, en una audiencia que será realizada ante los jueces de la Sala V de la Cámara Crimina y Correccional.
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Su defensa aseguró que la médica S., más o menos, es el origen de todos sus males. La consideró “la verdadera usina narrativa de la imputación” y “el punto a partir del cual la versión se expandió y desde el cual los restantes testigos recibieron, directa o indirectamente, la información que luego volcaron al expediente”. Su abogado apuntó que la acusación está construída por “testigos de oídas”, lo que significa, en términos jurídicos, “un vicio estructural insanable”.
¿Inventario al día?
Más allá de su relación, Boveri y Lanusse apuntan a un dato que podría ser clave para dirimir su situación. “La prueba objetiva es concluyente. El propio Hospital Italiano ha informado la inexistencia de faltantes, la ausencia de diferencias de inventario y la inexistencia de irregularidades en los registros”, aseguraron los abogados de la médica.
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Sin embargo, el juez Sánchez Sarmiento relativizó este punto. El magistrado afirmó en su procesamiento: “Si bien el hospital informó que no se detectaron faltantes de propofol ni irregularidades en los procedimientos de descarte de medicamentos o diferencias de stock, los protocolos vigentes en el nosocomio y aportados a la instrucción, permiten advertir la existencia de cierta vulnerabilidad en el circuito, que facilitaría el retiro ilegal de la anestesia".

“A partir de las pruebas recabadas puedo presumir que más allá de los esfuerzos por parte del hospital en controlar efectivamente el retiro, uso y descarte de fármacos, existían -con anterioridad a la denuncia- diversas formas de transgredir el sistema”, continuó.
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Un anestesiólogo con años de experiencia y que conoce la problemática de cerca apunta a este medio: “La forma más fácil de llevarte anestesia del hospital es juntar en una jeringa todos los culitos que quedan en las ampollas”.

Alucinaciones eróticas: ¿por qué propofol y sexo?
Esta cruza de variables es una novedad en la trama. El uso de propofol en médicos como respuesta tóxica al estrés en guardias y quirófanos se encuentra ampliamente estudiado y reportado por especialistas que alertaron sobre la problemática en varios país, pero la intersección erótica es otra cosa.
Existe el sexo con marihuana, el sexo con popper, el sexo con pastillas, pero sexo con propofol parece bastante inédito, al menos en la conversación corriente sobre el chemsex, la intimidad con el aliciente de sustancias.
Está estudiada también, con un paper titulado “Alucinaciones eróticas vinculadas al uso de propofol”, integrado a la National Library of Medicine de Estados Unidos. Fue elaborado en el año 2000 por tres especialistas del Servicio de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor del Hospital General de Granollers, Barcelona.
El paper se centra en el caso de una mujer de 42 años operada de pólipos en las cuerdas vocales, con un historial de depresión. Anestesiada con propofol y midazolam, aseguró al salir de la cirugía, muy agitada, que un camillero intentó tocar sus genitales. Al día siguiente, la mujer olvidó la supuesta situación.
“Este cuadro también se ha descrito con otros fármacos (midazolam, óxido nitroso), pero su frecuencia de aparición es mayor con el propofol debido a sus propiedades farmacodinámicas y farmacocinéticas (rápida recuperación de consciencia, carácter desinhibido). Dadas las implicaciones legales asociadas se recomienda la presencia, en el momento del despertar, de una tercera persona del mismo sexo del paciente”, asegura un extracto del informe.
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