
¿Es posible perder peso sin comer menos? Un estudio reciente sugiere que reducir la cisteína, un aminoácido presente en muchas proteínas, podría activar procesos naturales que ayudan a quemar grasa y mantener la masa muscular.
El trabajo, liderado por la Universidad de Yale y publicado en la revista Nature Metabolism, se basa en experimentos en modelos animales y en el análisis de datos de humanos sometidos a restricción calórica.
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En ese sentido, el equipo dirigido por la doctora Vishwa Deep Dixit diseñó un experimento en el que ratones obesos, alimentados con una dieta rica en grasas, fueron sometidos a una restricción total de cisteína, un aminoácido que forma parte de la estructura de las proteínas y se encuentra de manera natural en alimentos como la carne, los huevos y los lácteos.
Al eliminar la cisteína de la dieta y bloquear la capacidad de los animales para producirla internamente, los ratones experimentaron una notable pérdida de peso y una reducción de la inflamación, a pesar de continuar consumiendo la misma cantidad de calorías.
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De acuerdo con lo informado, el análisis del tejido graso reveló un fenómeno sorprendente: la grasa blanca, que normalmente almacena energía, se transformó casi por completo en grasa parda, un tipo de tejido que disipa energía en forma de calor.
Este proceso, conocido como “pardeamiento”, permitió que los ratones quemaran las calorías adicionales a medida que las ingerían. “Todos estos hallazgos fueron completamente inesperados. Y cuando eso sucede en la ciencia, es tremendamente emocionante”, declaró Dixit, citada por la Universidad de Yale.
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Asimismo, se indicó que la pérdida de peso observada fue rápida y significativa, con hasta un 30% de reducción de peso corporal en una semana. Además, la masa muscular se mantuvo intacta, lo que sugiere que el mecanismo afecta principalmente a los depósitos de grasa.

Cuáles son los alimentos que contienen más cisteína
La cisteína es un aminoácido no esencial que participa en la síntesis de proteínas y antioxidantes, como el glutatión, fundamental en los mecanismos de defensa celular frente al daño oxidativo. En el organismo, suele encontrarse en su forma oxidada, llamada cistina, compuesta por dos moléculas de cisteína unidas. Ambas se consideran nutricionalmente equivalentes.
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En la industria, esta sustancia se utiliza como aditivo alimentario, agente quelante y en la fabricación de productos farmacéuticos y cosméticos. En la revisión aseguran que, pese al volumen de publicaciones sobre la cisteína y sus derivados, persisten importantes lagunas en el conocimiento sobre sus efectos a largo plazo, dosis óptimas y seguridad en diferentes contextos.

Según las nutricionistas registradas Natalie Butler y Kelsey Hampton, autoras del artículo publicado en MyFoodData basado en datos extraídos de la base de datos oficial del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA FoodData Central), estos son los alimentos que presentan los niveles más altos de cisteína, cuyo porcentaje del valor diario recomendado (RDI, por sus siglas en inglés), es de 4,1 mg por kilo de peso corporal, lo que representa aproximadamente 287 mg por día para una persona de 70 kilos:
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- Chuleta de cerdo magra (170 g / 6 oz): 595 mg de cisteína (207% del RDI)
- Bife de falda (170 g / 6 oz): 587 mg (204%)
- Pechuga de pollo (170 g / 6 oz): 571 mg (199%)
- Filete de atún (170 g / 6 oz): 546 mg (190%)
- Lentejas cocidas (1 taza): 234 mg (81%)
- Avena cocida (1 taza): 227 mg (79%)
- Huevo grande: 146 mg (51%)
- Yogur descremado (1 taza): 127 mg (44%)
- Semillas de girasol (28 g / 1 oz): 109 mg (38%)
- Queso suizo (28 g / 1 oz): 82 mg (29%)
Estos valores muestran que las principales fuentes dietarias de cisteína incluyen carnes magras, pescado, legumbres, cereales integrales, huevos y productos lácteos.

Cómo se realizó el ensayo CALERIE-II
En el caso de los humanos, los investigadores analizaron datos del ensayo clínico CALERIE-II, un estudio multicéntrico financiado por los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos. En esta investigación, adultos sanos redujeron su ingesta calórica en aproximadamente un 15% durante dos años, sin modificar de forma específica la proporción de macronutrientes.
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De acuerdo con el reporte de la Universidad de Yale, el análisis de biopsias de tejido adiposo de los participantes reveló que la restricción calórica moderada redujo los niveles de cisteína y reprogramó el metabolismo del tejido graso.
Los investigadores observaron que la vía metabólica encargada de regular la cisteína se activó en respuesta a la menor disponibilidad de este aminoácido, lo que sugiere la existencia de mecanismos de protección endógenos que pueden reactivarse bajo ciertas condiciones dietéticas.
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“Creemos que la cisteína es fundamental para los beneficios metabólicos de la restricción alimentaria y que, de hecho, impulsa la pérdida de grasa al inducir este proceso de regulación de la temperatura”, explicó Dixit en declaraciones recogidas por la Universidad de Yale.
Por su parte, el estudio detalla los mecanismos biológicos que subyacen a estos efectos. Los experimentos en ratones demostraron que la privación de cisteína activa regiones cerebrales implicadas en la regulación del sistema nervioso simpático, responsable de funciones automáticas como la temperatura corporal y el metabolismo energético.
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Esta activación provoca la liberación de noradrenalina en el tejido adiposo, lo que desencadena la conversión de grasa blanca en parda y aumenta el gasto energético. Al bloquear los receptores β3-adrenérgicos, los investigadores lograron detener este proceso, lo que confirma el papel central de esta vía de señalización.

Además, el pardeamiento adiposo y la pérdida de peso inducidos por la restricción de cisteína resultaron ser independientes de la proteína UCP1, tradicionalmente asociada a la termogénesis, y solo parcialmente dependientes del factor de crecimiento FGF21. Esto sugiere la existencia de mecanismos alternativos de generación de calor y quema de grasa que podrían ser relevantes en humanos.
Obesidad, longevidad y metabolismo: cuál será el impacto en los humanos
Los hallazgos de la Universidad de Yale abren la posibilidad de desarrollar nuevas estrategias para el tratamiento de la obesidad y la mejora de la salud metabólica. La manipulación controlada de la cisteína en la dieta podría, en teoría, activar mecanismos naturales de quema de grasa y favorecer la pérdida de peso sin afectar la masa muscular.
Estudios previos citados en Nature Metabolism han mostrado que la restricción de cisteína y metionina en la dieta de roedores prolonga la vida hasta en un 50% y mejora la sensibilidad a la insulina. En humanos, la reducción de estos aminoácidos se ha asociado con pérdida de peso y mejoras en parámetros metabólicos, aunque los mecanismos exactos aún no se comprenden completamente.

“Tenemos lo que parecen ser mecanismos de protección endógenos que ya no están activos debido a nuestro estilo de vida. Pero pueden reactivarse”, afirmó Dixit, subrayando el potencial de estas vías para promover la longevidad y la salud.
No obstante, los investigadores advierten que los experimentos extremos realizados en ratones, como la eliminación total de cisteína, no son representativos de lo que podría hacerse en la práctica clínica con humanos. En los ensayos con personas, solo se ha observado una reducción moderada de la cisteína, no su eliminación completa.
En tanto, la N-acetilcisteína, utilizada como medicamento y suplemento, ha demostrado eficacia en el tratamiento de diversas patologías que van desde la mejora en la salud vascular hasta la protección frente al daño oxidativo. Sin embargo, la evidencia clínica sobre otros usos es limitada y, en muchos casos, contradictoria.
Es por eso que MedlinePlus advierte que esta sustancia es segura cuando se utiliza bajo supervisión médica, pero puede causar efectos secundarios y su uso prolongado puede alterar el equilibrio de nitrógeno, afectar la función renal o interferir con la coagulación sanguínea.
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