
El aumento de la sensación de sueño excesivo o la necesidad de dormir durante el día, también conocida como somnolencia diurna, en mujeres mayores de 80 años podría ser una señal de advertencia ante el desarrollo de demencia, según un estudio realizado por neurólogos de Estados Unidos.
De acuerdo con Newsweek, la investigación publicada Neurology Journals siguió a un grupo de mujeres octogenarias durante cinco años y reveló que aquellas que experimentan una mayor somnolencia durante el día tienen el doble de riesgo de desarrollar demencia en comparación con las que mantienen patrones de sueño estables.
El estudio fue liderado por Yue Leng, PhD, de la Universidad de California en San Francisco, quien explicó que el sueño es esencial para la salud cognitiva. “El sueño permite que el cerebro descanse y se rejuvenezca, mejorando nuestra capacidad de pensar con claridad y recordar información”, señaló el investigador.
Sin embargo, el vínculo entre los problemas de sueño y el deterioro cognitivo en las etapas finales de la vida ha sido poco estudiado, lo que hace que estos hallazgos sean cruciales.
Un análisis exhaustivo sobre el sueño y la cognición
Para realizar esta investigación, los científicos siguieron a 733 mujeres con una edad promedio de 83 años, quienes no presentaban deterioro cognitivo o demencia al inicio del estudio.

Durante un periodo de cinco años, los investigadores monitorizaron los patrones de sueño de las participantes utilizando dispositivos de muñeca que rastreaban la duración y calidad del sueño, así como los ritmos circadianos, durante tres días tanto al inicio como al final del estudio.
A lo largo de este tiempo, se identificaron tres grupos de patrones de sueño:
- Sueño estable o en mejora (44%): este grupo mostró un patrón saludable de sueño sin cambios significativos.
- Disminución del sueño nocturno (35%): las participantes experimentaron una reducción en la calidad y duración del sueño nocturno, acompañada de un aumento moderado en las siestas diurnas.
- Aumento de la somnolencia (21%): las mujeres en este grupo mostraron un incremento en la duración y calidad del sueño nocturno y diurno, junto con un empeoramiento de los ritmos circadianos.
El vínculo entre los patrones de sueño y el riesgo de demencia
Al analizar cómo estos cambios en los patrones de sueño se correlacionaban con el riesgo de desarrollar demencia, los resultados fueron reveladores:

- En el grupo con sueño estable, solo el 8% de las participantes desarrolló demencia.
- En el grupo con disminución del sueño nocturno, el 15% experimentó el mismo destino.
- En el grupo con aumento de la somnolencia, el 19% desarrolló demencia.
Tras ajustar los resultados considerando factores como la edad, la educación, la raza y condiciones de salud previas (como la diabetes y la hipertensión), los investigadores concluyeron que las mujeres en el grupo con aumento de somnolencia diurna tenían el doble de probabilidades de desarrollar demencia en comparación con aquellas con patrones de sueño estables.
Implicaciones para la salud pública y la investigación futura
Los hallazgos subrayan la importancia de los patrones de sueño como posibles indicadores de riesgo temprano para la demencia. Los investigadores apuntan a la necesidad de futuros estudios que exploren más a fondo los cambios en los patrones de sueño a lo largo del tiempo para comprender mejor cómo se relacionan con el envejecimiento cognitivo y el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.
El estudio ha abierto una nueva línea de investigación que podría tener implicaciones significativas para la prevención y diagnóstico temprano de la demencia.
Estrategias para reducir el riesgo de demencia
Aunque los patrones de sueño alterados pueden indicar un mayor riesgo de desarrollar demencia, los investigadores también señalan que ciertos cambios en el estilo de vida podrían ayudar a mitigar este riesgo. Según el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de los Estados Unidos (NIA, por sus siglas en inglés), adoptar hábitos saludables como:

- Mantenerse físicamente activo: el ejercicio regular mejora el flujo sanguíneo al cerebro y favorece la función cognitiva.
- Mantenerse mental y socialmente activo: actividades como leer, hacer rompecabezas y socializar estimulan el cerebro y pueden ayudar a reducir el riesgo de deterioro cognitivo.
- Controlar las condiciones de salud: mantener bajo control la presión arterial, el colesterol y la diabetes es fundamental para proteger la salud cerebral.
- Limitar el consumo de alcohol: beber con moderación (no más de 14 unidades por semana) puede reducir el riesgo de daños en el cerebro y otros órganos.
Estos hábitos pueden contribuir a un envejecimiento saludable y a la reducción del riesgo de desarrollar demencia, brindando esperanza para aquellas personas que deseen proteger su salud cognitiva a medida que avanzan en edad.
El estudio sobre la relación entre la somnolencia diurna y el riesgo de demencia destaca la importancia de observar los cambios en los patrones de sueño como posibles señales de alerta en las mujeres mayores de 80 años.
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