
El Índice de Masa Corporal (IMC) fue históricamente una de las herramientas más utilizadas para medir la obesidad a nivel global. Su fórmula, que relaciona el peso de una persona con su altura, sirvió como un estándar para diagnosticar obesidad a nivel epidemiológico.
Sin embargo, cuando se trata de la evaluación individual, el IMC presenta importantes limitaciones, tal como publicó en varias oportunidades Infobae.
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Consultada por este medio, la médica integrante de los grupos de trabajo de Obesidad y de Cirugía Bariátrica de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) y directora de posgrados en la Universidad Favaloro Ana Cappelletti (MN 76523) consideró que “el IMC no es un indicador adecuado para predecir el riesgo de comorbilidades. Esto se debe a que no toma en cuenta factores críticos como la cantidad y la distribución de grasa corporal, aspectos clave que influyen directamente en la salud de una persona”.
El IMC puede ser engañoso, ya que mide el peso en relación con la altura sin diferenciar entre masa muscular y grasa. Esta es una de las razones por las que personas con gran masa muscular, como los atletas, pueden ser clasificadas incorrectamente como “obesas”, cuando en realidad tienen muy poca grasa corporal. Por esta razón, Cappelletti subrayó la necesidad de usar otras medidas más precisas para evaluar los riesgos para la salud de los individuos.
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La circunferencia de la cintura como mejor predictor de riesgos de salud

En ese sentido, en los últimos años, ganó terreno la idea de que la circunferencia abdominal es un mejor indicador de los riesgos de salud relacionados con la obesidad. En especial en cuanto a enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
Esta medida refleja de manera más precisa la grasa visceral, que es la que rodea los órganos internos y que está estrechamente vinculada a problemas graves de salud.
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Un estudio publicado por Journal of the American Heart Association, la revista especializada de la Sociedad Americana del Corazón, reveló que las personas con una circunferencia abdominal elevada tienen un 163% más de riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, en comparación con aquellos con valores normales. Incluso aquellas con un índice moderado experimentan un aumento del riesgo en un 61%.

En contraste, los expertos coinciden en que el IMC ignora por completo dónde se distribuye la grasa en el cuerpo.
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El trabajo dirigido por el doctor Yun Qian, del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Wuxi en China, demostró que las mediciones centradas en la circunferencia abdominal podrían ofrecer predicciones más exactas de enfermedades cardíacas, accidente cerebrovascular y otros trastornos relacionados con la obesidad.
¿Cómo medir correctamente la circunferencia de la cintura?

La medición adecuada de la cintura es clave para obtener estimaciones precisas del riesgo en la salud.
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Para esto, Cappelletti recomendó que la circunferencia se mida en el punto medio entre el reborde inferior de las costillas y la cresta ilíaca (hueso de la cadera). “A menudo, este punto coincide con la ubicación del ombligo, salvo en casos de abdomen pendular, donde la grasa se desplaza hacia abajo”, señaló la nutricionista, quien resaltó que “esta medición, y no la llamada ‘cintura de modista’ (medida en la parte más estrecha del torso), es la recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para evaluar los riesgos asociados a la grasa visceral”.
La recomendación general es mantener la circunferencia de la cintura en la mitad de la estatura de la persona. Superar esta proporción aumenta considerablemente el riesgo de padecer enfermedades como hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
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El índice de redondez corporal (BRI): una nueva métrica prometedora

Debido a las deficiencias del IMC, se propusieron nuevas métricas para evaluar mejor la distribución de la grasa corporal.
Una de ellas es el Índice de Redondez Corporal (BRI, por su sigla en inglés), también denominado como Índice de Circunferencia Abdominal (ICA), que toma en cuenta tanto la circunferencia de la cintura como la estatura de la persona para ofrecer una imagen más clara de la grasa abdominal y el riesgo de mortalidad asociado.
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Un estudio publicado en Jama Network que incluyó a más de 32.000 adultos estadounidenses, observó que el BRI presenta una asociación en forma de U con la mortalidad por todas las causas: tanto los niveles bajos como los altos de ICA están vinculados a un mayor riesgo de muerte.
Entre 1999 y 2018, el BRI promedio aumentó de 4,80 a 5,62, lo que evidencia un incremento en la obesidad visceral en la población. Los investigadores sugieren que este índice podría convertirse en una herramienta de detección no invasiva para predecir el riesgo de mortalidad y facilitar la intervención temprana en las personas con mayor riesgo.
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Riesgos cardiovasculares y obesidad visceral

La relación entre la grasa visceral y las enfermedades cardíacas fue confirmada por múltiples estudios, ya que esta grasa genera una inflamación crónica que, a largo plazo, puede dañar el sistema cardiovascular y otros órganos.
El estudio liderado por Qian mostró que las personas con una circunferencia abdominal creciente a lo largo del tiempo presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar enfermedades cardíacas, incluso cuando se controlan otros factores de riesgo, como la presión arterial, y los niveles de azúcar y colesterol en sangre.
Este hallazgo refuerza la importancia de monitorear la circunferencia de la cintura a lo largo del tiempo, no solo como un reflejo de la grasa corporal visible, sino como un indicador crucial de la grasa visceral y su impacto en la salud a largo plazo.

Las limitaciones del IMC como herramienta individual de evaluación de la obesidad impulsó el desarrollo de medidas más precisas como la circunferencia abdominal y el Índice de Circunferencia Abdominal. Ambas métricas, al centrarse en la grasa visceral, ofrecen una evaluación más fiable de los riesgos para la salud asociados con el exceso de peso, especialmente en lo que respecta a las enfermedades cardiovasculares.
Los estudios recientes subrayan la necesidad de adoptar estos nuevos enfoques en la práctica clínica para mejorar la detección temprana y reducir la mortalidad relacionada con la obesidad.
A modo de cierre, Cappelletti enfatizó que “algunos índices, que pueden tener validez para estudios poblacionales y son necesarios para generar estadísticas, no siempre tienen validez a nivel individual”. “El peso corporal como medida de diagnóstico o de objetivo de tratamiento no es lo que más importa para evaluar la salud integral de las personas y su calidad de vida”, concluyó.
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