Patentó la frase
Patentó la frase "lo dejo a tu criterio".

Jorge Guinzburg preguntó y Karina Jelinek respondió. Ni él, ni ella, ni nadie imaginaban que “lo dejo a tu criterio” se convertiría en una frase icónica. Fue después de que la modelo dijera que le gustaba “ser domada” y el periodista ahondara en el tema, en el programa Mañanas Informales, en 2006. Más de una década después, la expresión no sólo es un clásico, sino que además está legalmente patentada por su autora. ¿Tonta yo?

Karina Olga Jelinek nació el 22 de marzo de 1981 en Villa María, Córdoba, dónde también se crío. Es la menor de cinco hermanos –Raquel, Violeta, Teo y Adolfo– y la hija de Carmen y Teófilo. Tal vez por su ascendencia checa y árabe, la modelo siempre ostentó una belleza singular. Alguna vez contó que padeció ser “la más linda de la escuela”: tenía a todos los chicos atrás y por eso sus compañeras le hacían bullying.

Educada en un ambiente conservador cristiano evangelista, Karina se rebeló y ganó concursos locales: Miss Carlos Paz y Miss Córdoba, por nombrar algunos. “No me dejaban tener novio hasta los 21. A los 16, en secreto, empecé a salir con Pablo, que tenía como cinco años más que yo y me pasaba a buscar en una moto chopera. Me tenía que escapar por la ventana ¡Era terrible!”, contó en una nota de la revista Rolling Stone en septiembre de 2015. Y lo cierto es que ni bien pudo, huyó. Se instaló en Córdoba capital y mientras trabajaba de recepcionista, su carrera de modelo tomó forma.

Se mudó a Buenos Aires e hizo un curso de modelaje con Ricardo Piñeiro. A los 21 años fue tapa de Gente con Sofía Zámolo en una clásica edición de “rubias vs morochas”. Reflexionó sobre aquellos comienzos en revista ¡Hola! en 2014: “A mi familia no le gusta que salga sexy en las fotos, pero ya no me dicen nada. Al principio lo odiaban. En mi casa todos son muy religiosos y yo solía ir todos los domingos a misa. Fue fuerte para el pueblo, pero ya están acostumbrados. Mi papá se resignó. Cuando me fui a vivir a Córdoba, a los 17, le dije que nunca más iba a tener que comprarme ni un caramelo. Y lo cumplí”.

Entonces le llegó el turno con la televisión. Su belleza, sumada a ese carisma ingenuo que aún era incipiente, la convirtieron rapidísimo en un personaje mediatizable. No hay 2 sin 3, con Pablo Granados, Pachu Peña y Freddy Villareal la tuvo entre sus predilectas. Marcelo Tinelli –¿qué otro si no?– supo ver su potencial y la modelo fue parte de los segmentos de baile y de canto de los que participó de manera intermitente entre el 2006 y 2014.

“A veces me hago un poco la tonta, pero en realidad soy muy inocente”, aseguró en 2008, mientras participaba de Cantando por un sueño. De a poco, fue tirando frases consagratorias como “Tengo mucho sensualismo”, “Las chilenas son casi latinas”, y dudaba, entre “Bioy” o “Casares”, cuando El Pelado de CQC le pedía que eligiera “entre uno u otro escritor” (eligió a Casares).

¿Casada con la mafia?

Siempre en ascenso, la cosa empezó a dejar de ser un juego cuando conoció a Leonardo Fariña. Hasta entonces había tenido muchos supuestos affaires no blanqueados y una única relación fugaz con Tomás Costantini, hijo del empresario. Tras dos meses de novia se casó con Fariña, que era mucho más que un millonario que la llevaba de viaje por el mundo y le había regalado un collar de tres millones de dólares.

Su casamiento con Fariña, en 2011, con Bernardo Stamateas al frente de la ceremonia.
Su casamiento con Fariña, en 2011, con Bernardo Stamateas al frente de la ceremonia.

Fue el 29 de abril de 2011 en el Tattersall de Palermo, con Bernardo Stamateas al frente de la ceremonia. La fiesta fue para 400 invitados, entre los que no faltaron famosos –muchos de los cuales apenas tenían relación con la modelo– y con libre acceso a la prensa. Un par de meses después, entre muebles carísimos, zapatos italianos, carteras de lujo y perfumes, la modelo hablaba del amor que la unía a Fariña a quien todavía “no conocía demasiado y estaba descubriendo”.

Se anticipaba, tal vez, a un final anunciado. Tras algún que otro impasse, en abril de 2013, Karina confirmaba su separación del valijero involucrado en causas de corrupción. Detenido en la cárcel de Ezeiza por evasión fiscal y lavado de dinero, ese no era el Leo Fariña que Jelinek quería para su vida. El divorcio salió recién en 2015.

“Desde mi punto de vista, tal vez ingenuo aún, pienso que Leo se casó enamorado. Aunque tal vez también le servía estar con una persona famosa como yo”, aseguró en Gente después de la separación. Y de ahí en más, cada vez que le preguntaron por su ex, hasta el día de hoy, evadió el tema haciendo gala de su ingenuidad.

¿Cómo siguió su vida afectiva? A fines del 2013 se la vinculó al modelo Guido Francardi, hijo de la diseñadora Leticia Carosella y ex novio de Lucía Celasco, la nieta de Susana Giménez. Después, estuvo con Juan Soler, empresario y propietario de Señor Tango, durante más de un año. Tiempo más tarde, corrió el rumor de un romance con un joven político, Alberto Czernikowski. Como fuera, después de Fariña, Karina no volvió a hablar de amor en términos de pareja.

Karina Jelinek el último verano en Punta del Este
Karina Jelinek el último verano en Punta del Este

“Muchos creen que las chicas lindas tienen las cosas fáciles, o que les sobran los hombres, pero no es así. El dolor no tiene rostro: es para todos por igual. Todas somos Pampita: las lindas también sufrimos por amor ¡Es tan difícil encontrar un hombre fiel!”, declaró en Gente en 2016.

En paralelo, un nuevo personaje entró a ser parte fundamental de su vida pública y también privada: Paz Cornú. Una diseñadora de indumentaria que se presentaba como su mejor amiga, compañera de viajes y socia comercial. Tan juntas estaban, que muchos aseguraron que entre ellas había una relación de pareja. Ninguna de las dos lo confirmó y al tiempo, se separaron. Paz se casó, fue madre y ahora, cada vez que le preguntan por Karina, asegura que simplemente dejaron de ser amigas y no tienen contacto.

Libre para amar

¿Su presente? Si bien está oficialmente fichada por la agencia Chekka, hace tiempo que Jelinek tiene quien le lleve su agenda. Flor Parise es la mano derecha y mejor amiga de Karina. Tan amiga que, una vez más, la prensa se pregunta por los detalles íntimos de la relación que las une. Fue puntualmente Yanina Latorre quien dijo públicamente que entre ellas había un romance. Jelinek lo negó y criticó por las redes a la periodista de espectáculos. Además, subió un tuit contando que a raíz de los rumores, había sido expulsada de su grupo familiar de WhatsApp. “Gracias por bloquearme, herma, y sacarme del grupo familiar. Lamentablemente no soy lo que querés que sea ni puedo manejar lo que sale de mí en las noticias, imposible. Igual te quiero”, escribió.

La cosa no quedó ahí. Desde su casa del Barrio Cabos del Lago, de Nordelta –desde 2016 no vive en la torre de Libertador y Salguero que habitó con Fariña–, a mediados de agosto Karina dio una nota a Gente. “Me atraen hombres y mujeres. No elijo de quién enamorarme”, se lee en el título. Y describió a Parise como “una compañera de vida” y además abogó por “la libertad de amar”. De paso, patentó una nueva frase: “Mi corazón no tiene GPS”.

Antes de ser eliminada en el duelo del Cantando, donde desafinó con más encanto que nadie el tema de Lali Espósito "Una na".


En el Cantando 2020 –donde había sido semifinalista en el 2008–, Karina se dio el lujo de versionar La Tonta, de Jimena Barón. Siempre apoyada en la ineptitud de su canto, logró lo que mejor sabe hacer: reírse de ella misma antes de que lo hagan los otros. Volvió al ruedo la semana siguiente con Una na, de Lali Espósito. El voto de la gente terminó por dejarla afuera, pero poco y nada le importó a Karina Olga, que de tonta no tiene un pelo, bebotea sobre los escándalos y parece tener muy en claro dónde empieza y dónde termina su personaje. O no. En todo caso, lo deja a tu criterio.

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