Los efectos de la pandemia en la política exterior argentina impactaron tanto en las relaciones como en el comercio

Así surge de un estudio del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) que sugiere “mantener una política exterior de alta intensidad y abierta a los mercados internacionales”

Las reuniones del G-20 en Buenos Aires se realizaron en 2018
Las reuniones del G-20 en Buenos Aires se realizaron en 2018

El impacto del COVID-19 en la Argentina, en particular sobre la economía, las relaciones internacionales y el futuro de la política exterior, muestra un escenario particularmente negativo, según un estudio de opinión realizado por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) con el apoyo de la Fundación alemana Konrad Adenauer.

El trabajo advierte que nuestro país tomó una serie de medidas de seguridad sanitaria, en particular de aislamiento social, que afectan y afectarán su situación económica. De las casi 500 entrevistas a expertos realizadas por el CARI surge que el 59% cree que el escenario económico previsto de cara a la post pandemia será desalentador.

En términos de cómo fue la respuesta del gobierno nacional a la pandemia, solo el 27% la valora positivamente de lo consultados.

En cuanto a la política exterior argentina, el 62% piensa que se verá perjudicada por los efectos del COVID-19. La mayoría de los consultados para este trabajo cree que la relación con Brasil y el Mercosur empeoró y debería ser mejorada, más allá de las diferencias políticos entre los presidentes Alberto Fernández y Jair Bolsonaro.

Ante la consulta sobre cuál debería ser la dirección a seguir en esa materia una vez superado el COVID-19, las respuestas mayoritarias fueron “mantener una política exterior de alta intensidad y abierta a los mercados internacionales” (43%), y avanzar con los acuerdos con la Unión Europea y el Mercosur -que actualmente- se encuentra en stand by- (38%). Solo el 9,5% prefirió que la Argentina priorice el mercado interno.

En particular, sobre la estrategia de política económica exterior, el objetivo debería ser “recuperar y abrir nuevos mercados para las exportaciones“ (37%), seguido por la recuperación de la economía interna (18%), y la reestructuración de la deuda externa (11%).

En este sentido, un 38% de lo consultados señalaron que se debe priorizar el G20, y en segundo lugar, el Mercosur (36%). “Es decir, una estrategia global que ratifique la voluntad de pertenecer a la principal instancia diplomática global y, en segundo lugar, una estrategia regional, más vinculada con el comercio, las exportaciones y las importaciones, que, como vimos, deben ser prioridad con nuestro socio Brasil”, se lee en el estudio del CARI.

Pese a las críticas de un sector del oficialismo por la nueva misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el país, casi ocho de cada 10 entrevistados coinciden en que deben concertarse nuevos acuerdos que reflejen de mejor manera la realidad económica actual.

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“El empeoramiento de su situación de intercambio comercial con Brasil y el Mercosur en general es visto como algo grave de cara al escenario futuro. El Mercosur, al igual que el G-20, deben ser los foros prioritarios de una política exterior más abierta al mundo. Esto implica también la conclusión de la negociación de la deuda externa, y un nuevo acuerdo con el FMI que refleje mejor su situación actual”, según los expertos consultados.

Estas son algunas de las principales conclusiones del Estudio del impacto de la pandemia de COVID-19 en las relaciones internacionales y la política exterior argentina, que además del resultado de las entrevistas, incluye una recopilación de documentos técnicos de organismos internacionales. El trabajo coordinado por Gustavo Martínez y Pablo Ava, es el último sobre Opinión Pública que el CARI viene realizando regularmente desde hace más de diez años.

El objetivo es “identificar los escenarios, los impactos negativos y las oportunidades que se le pueden presentar a la Argentina, su futuro en la situación regional y, en particular, su futuro en el orden global, considerando especialmente las relaciones entre las principales potencias.”

La ayuda internacional esperada

Y en relación a las cooperación internacional, los 482 especialistas en política internacional, funcionarios, legisladores, economistas, empresarios y sanitaristas entrevistados consideran que “la reacción frente a la crisis sanitaria no tuvo el consenso ni la efectividad que, por ejemplo, tuvieron la crisis financiera del 2008 o la cooperación en materia de terrorismo internacional o lavado de dinero”.

¿Qué tipo de cooperación era la esperada para evitar las crisis económicas que tienen su origen en la pandemia? Un 51% de los expertos argentinos consultados consideró que debía venir de los organismos multilaterales de crédito, como el FMI o el Banco Mundial, a los que les reclaman un mayor nivel de acción para dar respuesta a los nuevos desafíos.

Esta ayuda de organismos debería canalizarse, en primer lugar, a través de la “asistencia en la reestructuración de las deudas soberanas” (41%); y en segundo lugar, con “un paquete de asistencia financiera global para recuperar las economías más afectadas” (36%).

La respuesta de los distintos países

A la hora de evaluar la capacidad de los sistemas sanitarios locales de dar respuestas a un desafío de la magnitud del COVID-19, quedaron expuestas dos posturas entre los expertos argentinos consultados: los que consideraban que aquellos países con mayor control ciudadano pueden manejar mejor las situaciones, y los que creen que pueden hacerlo aquellos países más flexibles o con mayor cantidad de libertades ambulatorias.

En cuanto a la percepción sobre qué países enfrentaron con políticas más adecuadas la situación, en primer lugar aparece Alemania, con 84%, y en segundo lugar, Corea del Sur, con 70%. Bastante más lejos, Suecia en tercero, con 27%, casi el mismo porcentaje que recibió Argentina. Los países peor evaluados son los EEUU, 71%, Brasil, 41% y Chile con 23 por ciento.

Sobre los motivos de la alta calificación que recibió Alemania, las respuestas se centraron en su sólido sistema sanitario, por un lado; y, por el otro, las acertadas e inmediatas decisiones de la canciller Angela Merkel. Un 90% de los expertos entrevistados cree que es un modelo a seguir.

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Sobre la asistencia que deberían prestar los Estados nacionales en el marco de la emergencia, algunas de ellas son consideradas “vitales” y se pretende que aumenten y amplíen, así como la capacidad del Estado de prestar asistencia económica y social.

La principal inversión estatal debería ser en ciencia y tecnología para el 50% de los encuestados, y en equipamiento médico y hospitalario, para el 40%. Las asistencias financieras y monetarias a sectores más vulnerables recibieron el apoyo de un 30%.

Las que recibieron más rechazos fueron las medidas “defensivas” de los mercados locales frente a las importaciones (76 por ciento).

Cuestionamientos a la OMS

El estudio analiza el impacto que sufrió la imagen de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuestionada por algunos países por su falta de capacidad operativa y preventiva. Los expertos calificaron su actuación con un 6 en una escala de 1 a 10, donde 1 es muy mala y 10 muy buena.

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Pero frente a la crisis del multilateralismo y el comportamiento de los Estados nacionales frente a la OMS, el 46% consideró que se debe mantener el apoyo financiero como antes del COVID-19. “No parece haber otra salida que seguir apoyando y manteniendo el financiamiento de la Organización, para empoderar a la misma y a sus ramas regionales, para expandir su capacidad de reacción”, señala el estudio.

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Un 75% de los expertos argentinos encuestados sostuvo que los países siguieron sus políticas sanitarias internas y no los protocolos de las OMS. “Es decir, que, en el momento de mayor crisis, la vía de solución no fue la multilateralidad, sino la unilateralidad, con la consiguiente pérdida de cooperación con los demás países, algo que hubiera impactado positivamente en la contención y mitigación de la pandemia”, analizaron los autores del estudio.

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Impacto del COVID a nivel global

El trabajo concluye que a nivel global, el multilateralismo es considerado “el camino para evitar disputas globales que conducirían a un juego de suma cero”.

“Así como sucedió exitosamente con la cooperación de la crisis financiera del año 2008 o como funciona para temas como el terrorismo internacional, las instituciones deben adaptarse a nuevos modelos de cooperación. Es claro que algunos actores complejizan este escenario, en particular, no apoyando los acuerdos sobre cambio climático o comercio internacional y, ahora, la cooperación mediante la Organización Mundial de la Salud. Muchos países, como los EEUU o la misma China, se sienten más confortables imponiendo sus propias decisiones en materia de cooperación o regulación internacional”, señalan Martínez y Ava.

Para casi un 90% de los entrevistados, el mundo enfrenta “un nuevo escenario global, con ganadores y perdedores, con países con vocación hegemónica y con crisis financieras y sociales en los países en desarrollo”.

Para casi la mitad de los entrevistados (48%) las probabilidades de ese nuevo orden son un escenario multipolar, seguido por la idea de un mundo regionalizado o de distintas hegemonías en áreas de influencia (23%)

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En ese escenario multipolar, según el trabajo del CARI, que hay situaciones que se verán acentuadas: crecerá la disputa por la hegemonía entre China y los EEUU (36%); disminuirá la cooperación internacional (30%); y, finalmente, habrá una muy probable crisis financiera y comercial (17%).

Un abrumador 86% cree que habrá un agravamiento de la tensión entre China y los EEUU.

Ganadores y perdedores

Finalmente, al analizar los ganadores y los perdedores de la crisis, para los entrevistados, China se posiciona como el “ganador” (54%), seguida de Alemania con (48%). En tanto la Unión Europea, (44%), y los EEUU (40,5%), fueron considerados los grandes perdedores de esta crisis.

“El fenómeno del COVID-19 ha puesto sobre la mesa una discusión en la que ninguno de los actores que pretenda actuar unilateralmente podrá ser exitoso. Hemos visto que estos escenarios son muy costosos en términos de vidas humanas, en términos sociales y en términos económicos. En el nivel local, es necesario el desarrollo de un nuevo Estado de bienestar (Welfare State); a nivel global, nuevas y más empoderadas instituciones internacionales”, concluye el trabajo.

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