Fibra, agua y ejercicio: las pautas para acompañar el funcionamiento intestinal y conoce por qué no existe un probiótico que funcione igual para todas las personas

Una dieta con vegetales, legumbres, cereales y semillas puede contribuir a alcanzar la ingesta recomendada, mientras que el dolor o la sangre requieren evaluación profesional

En el programa Buen Comer de Radio Exitosa, la nutricionista Marilyn Montejo Berríos aborda las pautas fundamentales para mantener una buena salud digestiva. Durante la entrevista, la especialista explica las diferencias entre probióticos, prebióticos y postbióticos, la importancia del consumo diario de fibra, la hidratación adecuada y el impacto del estrés en el intestino.
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La nutricionista Marilyn Montejo Berrío sostuvo que no existe un probiótico universal capaz de reducir la hinchazón o mejorar el bienestar digestivo en todas las personas. Según explicó, la respuesta a estos productos varía de acuerdo con cada organismo, sus hábitos, antecedentes y condiciones de salud.

La especialista planteó que el cuidado del intestino comienza con una alimentación cotidiana que incluya fibra, una hidratación suficiente y actividad física. Los suplementos o alimentos con microorganismos beneficiosos pueden cumplir una función en casos puntuales, pero no reemplazan una dieta variada ni el seguimiento médico cuando aparecen síntomas persistentes.

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El sistema digestivo alberga una comunidad de bacterias, virus y otros microorganismos. Ese conjunto, conocido como microbiota intestinal, participa en distintos procesos del organismo y puede modificarse por el uso de antibióticos, el consumo frecuente de alcohol, el estrés, el descanso insuficiente y ciertos patrones alimentarios.

Tazones con frutas, verduras, semillas y cereales sobre una mesa de madera mientras una mano sirve agua desde una jarra.
Una selección de frutas frescas, legumbres, cereales e hidratación con agua ilustra una propuesta de nutrición equilibrada. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los probióticos pueden ayudar, pero su efecto depende de cada persona

Los probióticos son organismos vivos presentes en algunos alimentos fermentados y productos específicos. Su consumo puede favorecer el equilibrio de las poblaciones de microorganismos del intestino, en especial cuando determinados hábitos o tratamientos alteraron su diversidad. Sin embargo, ese efecto no ocurre de la misma forma en toda la población.

Una paciente en una camilla señala su abdomen frente a una médica que toma notas junto a una computadora en un consultorio.
Una mujer atiende una consulta médica para tratar un malestar en la zona abdominal. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Montejo Berrío advirtió que la recomendación de un producto debe considerar el motivo de consulta. Hay probióticos que fueron estudiados en personas con síndrome de colon irritable, enfermedades inflamatorias intestinales o episodios específicos de diarrea en bebés. Aun así, no hay una fórmula que pueda indicarse de manera general para cualquier persona sana que busque evitar gases o distensión abdominal.

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Cuando la microbiota pierde parte de su equilibrio, pueden aumentar microorganismos asociados con molestias digestivas o disminuir aquellos considerados favorables. En ese escenario, los alimentos con bacterias beneficiosas pueden colaborar con la recuperación de ciertas poblaciones, aunque su incorporación debe formar parte de una estrategia más amplia que incluya alimentación, descanso y movimiento.

Un montón de semillas de chía, lino, girasol y calabaza mezcladas con copos de avena, almendras y trozos de fruta deshidratada sobre madera.
Una variedad de semillas, copos de avena y frutos secos ofrece una combinación de ingredientes con alto contenido de fibra. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los prebióticos alimentan a las bacterias que viven en el intestino

Junto con los probióticos, la nutricionista mencionó a los prebióticos, compuestos que sirven de alimento para los microorganismos intestinales. Están presentes en diversos alimentos de origen vegetal y forman parte de una dieta rica en fibra. Su función consiste en favorecer las condiciones para que determinadas bacterias se desarrollen en el intestino.

Persona con suéter gris y pantalón azul sentada en una cama con las manos colocadas sobre el abdomen.
Una persona permanece sentada en el borde de una cama con las manos sobre el abdomen a causa de un malestar o distensión abdominal. (Imagen Ilustrativa Infobae)

También existen los simbióticos, que reúnen probióticos y prebióticos en un mismo producto o preparación. La combinación busca incorporar microorganismos vivos y, al mismo tiempo, aportar el sustrato que necesitan para mantenerse. La especialista también se refirió a los postbióticos, asociados en la entrevista con el período de recuperación posterior al uso de antibióticos.

El consumo de antibióticos puede afectar tanto a las bacterias vinculadas con una infección como a parte de los microorganismos que viven de forma habitual en el sistema digestivo. Por esa razón, el período posterior a un tratamiento requiere atención sobre la alimentación y los síntomas. La indicación de suplementos, probióticos u otros productos debe evaluarse según las necesidades de cada paciente.

Infografía con la ilustración de un hombre con molestia abdominal, la cifra de 25 gramos y seis recuadros con íconos explicativos.
Una infografía de Infobae detalla los efectos del consumo excesivo de fibra en la salud digestiva y la pauta de la Organización Mundial de la Salud. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Organización Mundial de la Salud recomienda entre 25 y 30 gramos de fibra al día

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una ingesta diaria de entre 25 y 30 g de fibra, una cifra que puede quedar lejos de lo que muchas personas consumen de forma habitual. Montejo Berrío señaló que algunas dietas apenas alcanzan los 10 g diarios, una diferencia que obliga a revisar la presencia de frutas, verduras, menestras, cereales y semillas en las comidas.

La fibra no debería depender de un único alimento o suplemento. El salvado de trigo, por ejemplo, puede aportar este nutriente, pero no sustituye la variedad de fuentes vegetales. Una alimentación diversa permite incorporar distintos tipos de fibra junto con vitaminas, minerales y otros componentes presentes en los alimentos.

La especialista recomendó observar la composición de los platos a lo largo del día. Incluir frutas enteras, verduras, legumbres, avena, granos y semillas puede ayudar a acercarse a la cantidad sugerida. La fibra debe provenir de varios alimentos y no quedar reducida a un producto aislado, remarcó al referirse a la importancia de sostener ese hábito de manera regular.

Ilustración de dos platos, uno con alimentos saludables y otro con ultraprocesados, junto a figura humana y flechas de absorción.
La ilustración compara cómo el organismo procesa grasas saludables frente a grasas ultraprocesadas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La hidratación y el movimiento también influyen en las evacuaciones

La ingesta de agua es otro de los puntos que requiere ajuste individual. Como referencia, Montejo Berrío propuso calcular alrededor de 25 mililitros por cada kilo de peso corporal, aunque esa cifra puede variar según la temperatura, el nivel de actividad física, la alimentación y las características de cada persona.

En muchos casos, esa necesidad puede equivaler a ocho vasos diarios, aunque algunas personas requerirán seis y otras 10. Beber entre dos y tres litros de agua sin considerar el peso corporal, el ejercicio o el calor no responde necesariamente a una necesidad individual. La clave consiste en sostener una hidratación adecuada durante toda la jornada.

La actividad física favorece el movimiento gastrointestinal y puede contribuir a una evacuación regular. El sedentarismo, en cambio, puede dificultar ese proceso. El sistema digestivo también está conectado con el sistema nervioso central, por lo que el estrés puede manifestarse con dolor estomacal, cambios en la frecuencia intestinal, estreñimiento o urgencia para ir al baño.

Un hombre en ropa deportiva camina por un sendero de un parque mientras lleva una botella de agua transparente.
Una persona camina por un parque con una botella de agua durante una rutina orientada a mejorar el bienestar digestivo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El dolor, la sangre o la distensión persistente requieren una consulta médica

La frecuencia de las evacuaciones no es idéntica para todas las personas. Puede variar entre tres veces por día y tres veces por semana, sin que eso represente por sí mismo un problema. Evacuar una vez al día es una pauta frecuente, pero no constituye la única referencia de funcionamiento intestinal.

El ritmo de nuestro tránsito intestinal influye en nuestra salud (Freepik)
El ritmo de nuestro tránsito intestinal influye en nuestra salud (Freepik)

Las señales de alerta aparecen cuando ir al baño exige demasiado esfuerzo, causa dolor o deja la sensación de una evacuación incompleta. También requieren evaluación la presencia de sangre o moco en las heces, los cambios persistentes en el ritmo intestinal y la distensión abdominal intensa o recurrente. Estos síntomas no deben normalizarse y requieren una consulta médica para establecer su causa.

Mano sosteniendo papel higiénico con manchas rojas sobre el fondo de un baño con inodoro blanco y pared gris.
Una mano sostiene un pedazo de papel higiénico manchado de sangre en el interior de un baño doméstico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Montejo Berrío vinculó una mala evacuación con sensaciones como cansancio, irritabilidad o falta de ánimo, debido a la relación entre el intestino, el cerebro y otros sistemas del cuerpo. También llamó a respetar la saciedad, sobre todo durante la infancia. Insistir para que un niño termine una porción cuando ya se siente satisfecho puede consolidar la costumbre de comer hasta experimentar una sensación excesiva de llenura.

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